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Yo he visto cosas que vosotros no creeríais... Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia
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Horror Hammer
(06/12/2008 18:47:34 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)

Introducción

La productora Hammer Film Productions fue sin duda el origen de una nueva forma de mostrar el terror clásico en pantalla desde los años 50 hasta los 70, heredera de la Universal, que hizo lo propio en los años 30 y 40.

A pesar de no contar con grandes presupuestos, las películas de la Hammer solían resultar muy aparentes en pantalla, sabiendo sacar buen partido de los medios con los que se contaban (no era rara la reutilización de escenarios de un título a otro). Además, los repartos solían estar formados por competentes actores británicos, entre los que habría que destacar a los legendarios Christopher Lee y Peter Cushing. Entre los directores, no cabe duda de que el más destacado fue Terence Fisher, responsable en buena parte de los principales títulos de la productora, y de darles su característico estilo.

Sin duda una de las claves del éxito de las películas de la Hammer sería su uso del color. La Hammer sería pionera en mostrar la violencia de forma bastante gráfica, y exponer la sangre en un vívido color rojo. El Conde Drácula no era ya simplemente un aristócrata transilvano vestido en blanco y negro, sino que ahora la roja sangre chorreaba de sus colmillos. Por otra parte, los escenarios ya no son (necesariamente) lugares tenebrosos y llenos de telarañas, sino que hasta el castillo de Drácula es una mansión aparentemente bien iluminada, donde el horror surge casi a la luz del día. Sin duda todo un cambio al estilo de influencias expresionistas de la Universal.

Además de sus películas de horror gótico, la Hammer también es conocida por títulos como la serie de ciencia ficción iniciada con El Experimento del Dr. Quatermass (1955) o películas de fantasía prehistórica como Hace un Millón de Años (1966) o Cuando los Dinosaurios Dominaban la Tierra (1970).

Evidentemente, con la inmensa producción de la Hammer es imposible que todas las películas sean buenas (de hecho, como en todo, la proporción de material de mala calidad es muy superior a la de buenas películas). Aún así, son películas a las que nunca se les puede negar un cierto encanto (por no hablar de un estilo visual propio), como de antigua sesión doble, y que cuentan con fieles seguidores. Y es que la etiqueta de Horror Hammer se ha convertido prácticamente en la definición de un subgénero propio, de culto. Las influencias del estilo creado por la Hammer pueden verse tanto en producciones más o menos contemporáneas (como en el caso de Roger Corman) hasta en autores modernos como Francis Ford Coppola (Dracula de Bram Stoker) o Tim Burton (Sleepy Hollow). Es probable que al espectador moderno (acostumbrado a los excesos de títulos como Saw u Hostel) no le causen verdadero terror o impacto, pero siempre pueden verse, como decía Terence Fisher, como cuentos de hadas para adultos.

El Monstruo de Frankenstein


La película que iniciaría el exitoso ciclo de películas de terror de la productora es The Curse of Frankenstein (1957; La Maldición de Frankenstein), dirigida por Terence Fisher. Se trata de una interesante versión de la historia clásica, centrada más en el Barón Victor Frankenstein (interpretado por Peter Cushing), que en su Criatura (Christopher Lee), y esa será una de las constantes de la serie. Así, el verdadero monstruo es el científico loco, obsesionado por sus siniestros experimentos. Como curiosidad, tanto el maquillaje de la Criatura como el aspecto del laboratorio de Frankenstein son deliberadamente distintos de los popularizados por las películas de la Universal. Otro elemento de interés es la posibilidad de que toda la historia esté en la mente enferma del Barón, pues toda la película viene a ser un flashback narrado por el personaje de Cushing, del que se dan indicios para no considerarlo como un narrador fiable. Por supuesto, esta ambigüedad desaparece con las secuelas de la película.

The Revenge of Frankenstein (1958; La Venganza de Frankenstein) es una secuela directa de la anterior, que empieza donde acababa aquella. En esta película no existe una Criatura como tal, y el personaje monstruoso como tal (independientemente del propio Barón) tiene los rasgos de un ser humano (el actor Michael Wynn), aunque a medida que su mente se va degradando, también lo hace su aspecto. De todas formas, su apariencia está más próxima a un Mr. Hyde, más apoyada por la iluminación y la expresividad del actor, que a un cadaver andante hecho a partir de partes humanas. En consecuencia, el planteamiento se acerca más a elementos psicológicos, en vez de presentar al habitual monstruo desgarbado.

The Evil of Frankenstein (1964) presenta una nueva versión de la historia, difícilmente conciliable con las películas anteriores. La Hammer ya ha llegado a un acuerdo con la Universal, y en esta película tanto la Criatura (interpretada por un luchador neozelandés llamado Kiwi Kingston) como el laboratorio se parecen más a los popularizados por las películas de Boris Karloff, aunque resultan menos logrados (el maquillaje es especialmente flojo). Por otra parte, Fisher no pudo dirigirla a causa de un accidente y se ocupó de ello Freddie Francis. El Barón se ve obligado a regresar a su hogar e intenta devolver la vida a su Criatura. La idea central de la película es interesante (a pesar de relegar a segundo plano la maldad del Barón) y tiene personajes atractivos, pero el principal problema es lo mucho que le cuesta a la trama “entrar en materia”. El flashback en el que Peter Cushing narra la creación original de la criatura es una nueva historia que no tiene nada que ver con la primera película (¿de nuevo se trata de un narrador no fiable?).

En Frankenstein Created Woman (1967; Frankenstein Creó a la Mujer), Terence Fisher vuelve a la dirección para dar la versión Hammer del tema de La Novia de Frankenstein, protagonizada por la playmate Susan Denberg (cuya voz fue doblada debido a su fuerte acento austriaco). El Barón, tras los problemas ocasionados por sus transplantes cerebrales, se pone metafísico y decide experimentar con los transplantes de almas. Así, su criatura esta vez es el alma de un vengativo hombre en el cuerpo de una mujer. La trama en realidad es sencilla, pero Fisher sabe como crear tensión mediante la construcción de la atmósfera. Sólo por eso, y por su originalidad, se convierte en uno de los títulos más interesantes de la serie.

En Frankenstein Must Be Destroyed (1969; El Cerebro de Frankenstein) el Barón, más despiadado que nunca, vuelve a sus experimentos alrededor del transplante de cerebros (centrados en el enloquecido cerebro de un colega), a la vez que chantajea a una joven pareja para que le ayuden. Tras unos prometedores inicio y planteamiento (y unos escenarios por encima de la media habitual), la trama pierde algo de fuelle en su tramo final, una vez la Criatura de turno interpretada por Freddie Jones (no deja de ser un cerebro en un cuerpo ajeno, sin más maquillaje que una cicatriz) empieza a desarrollar sus ansias de venganza, aunque de manera inteligente: este monstruo no es un simple bruto tambaleante. También es cierto que a la película le sobra algo de metraje, lo que se explica porque hay unas cuantas escenas añadidas tardíamente al guión o incluso al final del rodaje (creando además alguna que otra inconsistencia).

The Horror of Frankenstein (1970; El Horror de Frankenstein) está realizada por un equipo totalmente nuevo, y protagonizada por un Barón Frankenstein más joven (Ralph Bates). La Criatura está interpretada por David Prowse (famoso por ser el cuerpo de Darth Vader), con un aspecto no muy amenazador. El guión es una nueva versión de la historia original, con un Barón joven (y mujeriego). Muchas situaciones tienen un toque levemente humorístico, que quitan tensión a la historia, pero tampoco son suficientes para convertirla en una parodia. En resumen, esta especie de remake es uno de los títulos más flojos de la serie (y casi no puede considerarse parte de ella).

Por suerte, en Frankenstein and the Monster from Hell (1974) vuelven los habituales Terence Fisher y Peter Cushing, además de repetir David Prowse debajo de un disfraz de aspecto simiesco. El Barón se oculta ahora en un manicomio, de cuyos internos obtiene los materiales necesarios para sus siniestros experimentos. La trama es la habitual, con toques esta vez de la historia de La Bella y la Bestia. Si en la película anterior se había optado por elevar el nivel de erotismo para atraer al público, en esta en cambio se resaltan los elementos más sangrientos de los experimentos de Frankenstein.

A pesar de tener alguna que otra película destacable, la Hammer no alcanzaría tanta popularidad con Frankenstein como lo haría con Drácula. Puede que una de las razones sea la ausencia de una imagen característica para la Criatura: el aspecto de la creación del Barón es distinto en cada una de las películas. Así, es imposible hacer sombra a la imagen establecida por Boris Karloff (y continuada por Lon Chaney Jr.) en las películas de la Universal. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el Frankenstein de la Hammer presenta como verdadero monstruo al Barón Frankenstein, siendo su Criatura no más que una víctima o una herramienta del verdadero villano. Finalmente, no parece haber una verdadera continuidad dentro de la serie: no es raro que un personaje parezca morir en una película para reaparecer (sin explicación alguna) en la siguiente.

El Conde Drácula


Sólo un año después de iniciar el ciclo de películas de Frankenstein, la Hammer se pondría a trabajar en el Vampiro más famoso de todos los tiempos. La serie se inicia con Dracula (1958; Drácula), libre adaptación de la novela de Bram Stoker en la que repite el trío principal responsable del primer Frankenstein (Fisher, Cushing y Lee). Así, aunque se sigue a grandes rasgos el desarrollo del original, se toman ciertas libertades e introducen variaciones (que en muchos casos parecen impuestas por limitaciones del presupuestop y de la breve duración de la película). El protagonista es el doctor Van Helsing interpretado por Cushing, mientras que Christopher Lee (con apenas un par de frases) hace una interpretación muy física y basada en las miradas del Conde Drácula, alejada del acento y teatralidad popularizados por Lugosi. Es interesante remarcar que toda la acción parece situarse en una misma región alemana, restándole cierta grandiosidad a la historia original.


En su continuación, The Brides of Dracula (1960; Las Novias de Drácula), el Conde sólo aparece en el título y mencionado un par de veces (con lo que Christopher Lee tampoco aparece en esta película). El protagonista vuelve a ser Cushing como Van Helsing, que se enfrenta a otro caso de vampirismo, esta vez en Transilvania (aunque los nombres de lugares y personas siguen siendo mayoritariamente germánicos). La dirección de Fisher es correcta y parece contar con más medios (o sacarles mejor partido), y también lo es la historia (a pesar de algunos elementos discutibles), pero el vampiro interpretado por David Peel carece del carisma y la presencia de Lee. Aún así, en conjunto se trata de una buena película, que demuestra que puede tratarse el tema del vampirismo sin necesidad de recurrir a Drácula (aunque se le siga usando como gancho comercial en el título).

Esa idea la lleva aún más allá The Kiss of the Vampire (1963), en la que la única referencia a Drácula sería el superficial parecido físico con Lee que tiene el vampiro que interpreta Noel Willman. Esta historia (ambientada a principios del siglo XX) narra las vicisitudes que sufre una pareja de recién casados al caer en manos de una siniestra familia bávara (que en ocasiones parece una secta), de las que saldrán con la ayuda del experto local en vampiros. Ni Fisher, ni Lee, ni Cushing participan en esta película, que incide en el vampirismo como símbolo de una decadencia que amenaza al “orden establecido”. La película es destacable por su categoría de “rareza” (que también hace que no se la considere habitualmente al hablar de las películas de Drácula en la Hammer) y por un final bastante espectacular (y que fue descartado como conclusión de The Brides of Dracula).

En Dracula: Prince of Darkness (1966; Drácula, Príncipe de las Tinieblas) vuelven Fisher y Lee (pero no Cushing), para hacer que Drácula resurja de sus cenizas (bastante literalmente) en esta continuación de la película de 1958 (presentada como tal en los propios títulos de crédito, que nos muestran imágenes de dicha película a modo de resumen). Se trata de una historia en la que una pareja de matrimonios de viaje se ven atrapados en el castillo del Conde. A pesar de ser una historia original, utiliza elementos de la novela de Stoker que aún no habían sido empleados (como un personaje que recuerda a Renfield). La dirección de Fisher (a pesar de algunos errores de continuidad) crea la tensión poco a poco, sin precipitar el impactante regreso de Drácula. Christopher Lee no estaba satisfecho con las frases que le correspondían en el guión, así que decidió interpretar al Conde sin decir ni una sola palabra durante toda la película. El destino final de Drácula es lo bastante ambiguo como para no complicar demasiado su regreso en futuras continuaciones.

Como curiosidad, hay que comentar que inmediatamente tras esta se rodó Rasputin: The Mad Monk (1966; Rasputín: El Monje Loco), reutilizando parte del reparto y los escenarios (práctica bastante habitual). Se trata de una mezcla de drama histórico y película de terror libremente inspirada por la vida del personaje principal, en la que lo único destacable es la actuación de un Lee que da vida al misterioso monje de magnética personalidad.

Christopher Lee encabeza el reparto de Dracula Has Risen from the Grave (1968; Drácula Vuelve de la Tumba), en la que se enfrenta a un resuelto sacerdote, contra el que busca venganza. La película hace especial hincapié en el aspecto sexual de la seducción del Conde hacía su víctima. A ello ayuda que la chica Hammer de esta película sea Veronica Carlson (que también aparece en un par de películas de Frankenstein), probablemente la más atractiva de todas las víctimas que se habían puesto hasta ahora al alcance de Drácula. Freddie Francis (también conocido por su labor como director de fotografía) emplea una iluminación que hace que muchas escenas tengan un aspecto irreal y estilizado, siendo este aspecto de la película quizá lo más destacable (pues el guión no es especialmente original, a pesar de emplear aspectos “polémicos” como el erotismo y la corrupción de un hombre de la Iglesia).

En Taste the Blood of Dracula (1970; El Poder de la Sangre de Drácula), el Conde interpretado por Christopher Lee es resucitado por un grupo de caballeros que buscan emociones fuertes debajo de una fachada de respetabilidad. Drácula de nuevo emplea la venganza como justificación para sus actos (aunque sea poco creíble: el motivo expuesto para vengarse de quienes le han devuelto a la no–vida es bastante endeble). Quizá lo más llamativo sean las escenas que muestran la decadencia de las víctimas de Drácula, así como el uso que hace de la progenie de estas para vengarse (en su particular visión del “ojo por ojo, colmillo por colmillo”), y el tono incestuoso de algunas escenas. Por lo demás, se trata de una película bastante rutinaria, pero aún mantiene el tipo.

Igualmente poco estimulante es Scars of Dracula (1970; Las Cicatrices de Drácula), en la que ya ni siquiera se hace un esfuerzo por justificar la enésima resurrección del Conde, e incluso puede considerarse que no continúa con el hilo narrativo de las anteriores películas. La historia vuelve a buscar algo de inspiración en la novela de Bram Stoker para algunas escenas, pero en general da la sensación de que se está volviendo a contar otra vez la misma historia sin grandes innovaciones. Está película, ya que no en la calidad, busca destacar por la cantidad: tiene más escenas sangrientas, más mujeres atractivas como víctimas de Drácula, y Christopher Lee tiene más frases en su guión que en los de todas las películas anteriores juntas (e incluso podría decirse que en ocasiones hasta está un poco sobreactuado).

En Dracula AD 1972 (1972; Drácula 73) Christopher Lee tiene por fin un rival a su altura con el regreso de Peter Cushing para interpretar a Van Helsing. Por curioso que parezca, ambos personajes sólo se habían enfrentado en la película original, aunque realmente en este caso Cushing da vida a un descendiente del Van Helsing original. Como no es raro en la Hammer, esta película establece de nuevo su propia historia, ignorando las películas anteriores para poder trasladar la acción a Londres. En esta ocasión Drácula resucita en el Londres de 1972 y, por desgracia, la ambientación moderna (despreciada por Lee) le da a la película un aspecto desfasado que es su mayor inconveniente. Así, aún en las escenas de ambientación más clásica, la banda sonora con toques funky resulta totalmente inapropiada, aunque en algunos casos no quede mal, como en el psicodélico ritual protagonizado por Caroline Munro (una de las varias chicas Hammer que también ha sido chica Bond, aunque secundaria). La historia (muy similar a Taste the Blood of Dracula) no está mal, aunque las únicas interpretaciones que se salvan sean las de Lee y Cushing. Sin embargo, el lastre de la ambientación setentera (incluida la descarada promoción de un grupo musical del que nunca más se supo) resulta excesivo para el espectador moderno.

The Satanic Rites of Dracula (1973; Los Ritos Satánicos de Drácula) es una secuela de la anterior, en la que un policía que aparecía en aquella pide la ayuda de Van Helsing para esclarecer unos misteriosos rituales en los que hay implicadas importantes personalidades. A pesar de que la historia presenta buenas ideas, con un Drácula que quiere vengarse de la humanidad desatando sobre ella una plaga de proporciones bíblicas, la película las desaprovecha. Drácula y el elemento vampírico tardan bastante en aparecer, y la mayor parte de la película parece una mezcla de cine de espionaje y policiaco, en la que aparecen más silenciadores que crucifijos. Al menos, el problema de la ambientación desfasada no se da en este título: aunque la película está ambientada en los años 70, no es tan obvio y descarado como en Dracula AD 1972. En resumen, se trata de una película irregular, que desaprovecha buenas ideas y que no sabe muy bien en qué género centrarse.

La serie se cierra con The Legend of the 7 Golden Vampires (1974; Kung Fu contra los Siete Vampiros de Oro), aunque esta película perfectamente podría considerarse fuera de la serie principal. Én realidad se trata de una película de artes marciales, coproducida con los estudios Shaw (y con un director asiático y uno británico, aunque sólo este aparece en los créditos). Drácula hace una breve aparición (aunque no es interpretado por Lee), y Cushing retoma su papel de Van Helsing. Por supuesto, no puede buscarse continuidad con el resto de la serie, ni en temática ni en historia, y la película sólo tiene interés por lo extravagante de su propuesta.

No cabe duda de que Drácula es el personaje que más popularidad dio a los estudios Hammer, y casi puede verse en paralelo la evolución y decadencia de esta serie de películas con las del resto de la productora. Buena parte del mérito es del mítico Christopher Lee, que (todo hay que decirlo) parece que acabó un poco cansado de su encasillamiento. Lee supo hacerse con su personaje desde el principio, dándole un sello y unas características propias que pasarían a la cultura popular como inseparables del vampiro transilvano. Tampoco hay que desechar la aportación de Peter Cushing, también convertido en un personaje icónico, a pesar de no aparecer en la serie tanto como su compañero. Y no olvidemos a Terence Fisher, responsable de las mejores películas de la serie (y, en general, de todas las salidas de los estudios Hammer).

La Momia y el Hombre Lobo

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A pesar de haber tratado con Drácula y con Frankenstein dos de los monstruos clásicos que la Universal ya había llevado al cine, sería la Momia la primera de estas criaturas en ser adaptada a la pantalla después de que la Hammer llegara a un acuerdo con la productora americana para hacer remakes de sus películas clásicas (Al fin y al cabo, en los casos del Conde y del monstruo de Frankenstein puede hablarse simplemente de nuevas adaptaciones del original liteario).

Así, The Mummy (1959; La Momia) presenta un guión no muy original, con un grupo de arqueólogos que descubren una antigua tumba egipcia, sobre la que pesa una maldición que acabará por alcanzarles. A todos estos estereotipos de lo que debe ser una historia de momias malditas se une la habitual historia de amor prohibido, así como un extenso flashback ambientado en el antiguo Egipto que nos muestra el origen de la historia, así como las costumbres funerarias de la época. Como era de esperar, Peter Cushing da vida al arqueólogo que se enfrenta a la maldición y un Christopher Lee envuelto en vendas interpreta a la momia resucitada. Lee no repetiría este papel, probablemente debido a los daños y lesiones que sufrió durante el rodaje. La película, dirigida por Terence Fisher, es correcta aunque no muy original, y con un guión un poco descuidado (véase el desarrollo del personaje femenino).

The Curse of the Mummy’s Tomb (1964; La Maldición de la Momia) no aporta nada de especial interés con su previsible historia de arqueólogos, maldiciones y personajes misteriosos, y tampoco la salvan de su mediocridad unos limitados actores, unos diálogos forzados y unos intentos de humor poco logrados.

Lo mismo puede decirse de la levemente superior The Mummy’s Shroud (1966; El Sudario de la Momia), que al menos intenta introducir algunos elementos originales dentro de los habituales del subgénero de momias y maldiciones egipcias.

Tras estas dos secuelas, la última película dedicada a la Momia sería Blood from the Mummy’s Tomb (1971; Sangre en la Tumba de la Momia), una adaptación en la época contemporánea de la novela de Bram Stoker La Joya de las Siete Estrellas. El planteamiento de la película es algo más original: la momia deja de ser un muerto tambaleante envuelto en vendas para ser un espíritu astral en busca de un cuerpo para reencarnarse (y se trata del exuberante cuerpo de Valerie Leon). Por momentos, la película tiene tonos de terror psicológico más que de película de monstruos, pero el resultado general es decepcionante. A esto no ayudan unas interpretaciones bastante flojas: aunque el personaje de Valerie Leon tiene más profundidad, Lee era capaz de ser mucho más expresivo aunque sólo fuera con sus ojos entrevistos a través de las vendas.

Varios elementos temáticos de las historias de momias (inmortalidad, reencarnación, exotismo) aparecen también en She (1965; La Diosa de Fuego). Se trata de una película de aventuras basada en la novela del mismo nombre de Rider Haggard, en la que a los habituales Lee y Cushing se une el protagonismo de Ursula Andress. Por desgracia, su belleza es lo más destacable de una película bastante floja.

Curiosamente, la Hammer sólo produjo una película dedicada al fenómeno de la licantropía (¿quizá por las complejidades del maquillaje?). Se trata de The Curse of the Werewolf (1961; La Maldición del Hombre Lobo), dirigida por Terence Fisher y protagonizada por Oliver Reed. La película cuenta la historia de Leon, víctima de una maldición que le convierte en un monstruo. La primera parte de la historia cuenta los orígenes del hombre lobo, desde su nacimiento a su infancia, y tiene un tono más fantástico, como de antigua leyenda. La segunda parte nos muestra las habituales trágicas consecuencias de la maldición que aqueja a Leon. Ciertamente, la trama no ofrece grandes novedades respecto al mito del hombre lobo (más allá de las circunstancias de su nacimiento que le llevan a estar maldito), pero es un interesante punto de vista de una historia clásica.

Otra incursión en los monstruos clásicos sería la floja The Phantom of the Opera (1962; El Fantasma de la Ópera). Aunque en ocasiones refleja el buen hacer de Fisher a la hora de crear atmósferas, la película se ve lastrada por unos intérpretes y un guión bastante poco afortunados, y la historia acaba siendo más un melodrama alrededor de la pareja protagonista que una película de terror.

La Trilogía de la Familia Karnstein

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A finales de los años 60 y principios de los 70, la Hammer tiene que modificar algunas de las constantes de sus películas para competir con un cine que cada vez ofrece más en cuestión de violencia y sexo. El cine británico (y, por extensión, el europeo) es más permisivo con el erotismo que el estadounidense, y ahí es donde la productora encuentra el medio para hacerse con su rincón en el mercado. También es importante considerar que en esta época se produce un cierto agotamiento de la fórmula que ha estado empleando la Hammer en los últimos años, y que no hay mucho más que pueda hacerse con personajes como Drácula y Frankenstein (cuyas películas también se ven influidas por esta tendencia).

Quizá el principal exponente de esta nueva etapa sean las tres películas que se han dado en llamar la Trilogía Karnstein. Se trata de tres películas que en realidad sólo tienen en común el punto de partida, basado en la novela Carmilla, de Sheridan Le Fanu. Las películas explotan el elemento lésbico de la trama, de una forma sorprendentemente explícita para la época, y la presencia de desnudos (más o menos justificados) es bastante abundante.

La primera de estas películas es The Vampire Lovers (1970; Las Amantes del Vampiro), protagonizada por la actriz polaca Ingrid Pitt en el papel de la vampira protagonista. El guión se basa en la mencionada obra de Le Fanu, y probablemente por ello es la que da mayor protagonismo al lesbianismo de la protagonista (presente en el texto original). La película tiene 3 actos bastante bien diferenciados: la presentación de los protagonistas, la seducción de la segunda víctima (repitiendo y ampliando esquemas del primer acto), y el inevitable desenlace. Se trata de una película bastante interesante, como adaptación del clásico, a pesar de múltiples elementos previsibles. Además cuenta con un prólogo atmosférico bastante logrado y con la siempre interesante presencia de Peter Cushing.

La más floja de la trilogía es Lust for a Vampire (1971). El cambio de la actriz protagonista (ahora la actriz danesa Yutte Stensgaard), así como de otros actores que dan vida a su “familia” (se supone que repitiendo papeles de la película anterior: el misterioso hombre de negro y la condesa) resulta un elemento a priori negativo. El cambio de rostro de Carmilla podría haber dado juego a la hora de crear intriga en el espectador, pero esto no se aprovecha en absoluto. El guión (presentado ya sólo como basado en los personajes de Le Fanu) introduce a la resucitada Carmilla en un colegio femenino, lo que resulta la excusa perfecta para mostrar abundantes desnudos totalmente gratuitos, aunque luego la vampira acabe enamorándose de un hombre. En general, el reparto es inferior al de la primera película y la película resulta bastante peor, a lo que contribuyen una inadecuada canción en algunas escenas y ciertas secuencias oníricas que oscilan entre lo interesante y lo ridículo.

La última entrega es Twins of Evil (1971; Drácula y las Mellizas), y cuenta una historia relacionada de forma muy leve con las dos anteriores. Así, aunque reaparece Carmilla (otra vez con un nuevo rostro), su papel es mínimo, y el verdadero villano es un descendiente suyo, el Conde Karnstein. A él se opone un fanático cazador de brujas al que da vida Peter Cushing, y que casi resulta tan inhumano como su rival. Precisamente la ambigüedad moral de los personajes es la mayor fuente de interés de esta película. Las gemelas del título son las hermanas Mary y Madeleine Collinson, dos antiguas playmates cuyas voces fueron dobladas: es obvio que no fueron escogidas para el papel por sus cualidades interpretativas. A pesar de ello, quizá sea la película de la trilogía con menor número de desnudos. Por el contrario, es mucho mayor el número de efectos visuales. En su conjunto, resulta una película cuanto menos interesante, rivalizando con la primera de la serie.

Otros títulos relacionados de manera indirecta con esta trilogía (por sus intérpretes o por referencias sutiles) serían Captain Kronos – Vampire Hunter (1974; Capitán Kronos, cazador de vampiros), historia de un cazador de vampiros pensada como inicio de una serie de películas (y cancelada por su poco éxito), y Countess Dracula (1971; La Condesa Drácula), basada en la historia de la Condesa Bathory.


Pictos, Atlantes y Puritanos
(23/07/2008 13:01:32 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)



Solomon Kane

...Nunca buscaba analizar sus motivos y nunca dudaba una vez su mente estaba determinada. Aunque siempre actuaba por impulsos, creía firmemente que todas sus acciones estaban gobernadas por razonamientos fríos y lógicos. Era un hombre nacido fuera de su tiempo: una extraña mezcla de Puritano y Caballero, con un toque de filósofo antiguo, y más que un toque de pagano, aunque esta última afirmación le habría dejado sin habla. Era un atavismo de los días de la caballerosidad a ciegas, un caballero andante con los sombríos ropajes de un fanático. Un ansia en su alma le guiaba constantemente, un impulso de enderezar todos los entuertos, proteger a todas las causas más débiles, vengar todos los crímenes contra lo correcto y la justicia. Obstinado e incansable como el viento, era consistente en un único aspecto: era fiel a sus ideales de justicia y rectitud. Así era Solomon Kane...

El primero de los grandes personajes creados por Howard es este fanático espadachín, que impulsado por su rectitud de Puritano y sus convicciones religiosas, así como por un simple deseo de aventuras menos confesable, se dedica a recorrer Europa y África en busca de manifestaciones del mal a las que derrotar. En la creación del personaje se mezcla el interés de Howard por el relato histórico (en este caso la época isabelina) y el folletín de aventuras, junto con elementos propios del cuento de terror. Esta mezcla empieza a dar forma a lo que sería el nacimiento de la ”espada y brujería” como subgénero propio, cuyo origen normalmente se adjudica al personaje de Kull, pero que tiene en Solomon Kane a un predecesor claro.

Aunque varias de las historias de Kane están ambientadas en el Viejo Continente, la mayor parte sitúan al vengador inglés en lo más profundo de África. Como es de esperar, el retrato del continente y sus habitantes está totalmente estereotipado y poco detallado, siendo más bien un exótico telón de fondo en el que ambientar las aventuras de Solomon Kane.

Red Shadows (agosto 1928)
Solomon Kane
El primer relato protagonizado por Kane ya establece varias de las constantes que serán comunes a lo largo de su carrera, desde su extraña atracción por las misteriosas tierras africanas hasta su exagerada caballerosidad. Incluso aparece por primera vez el brujo N’Longa, aliado sobrenatural habitual en las historias del puritano. El relato en sí se ve lastrado por un final un poco alargado y por una elipsis temporal algo excesiva en su inicio, pero aún así es de los imprescindibles.

Skulls in the Stars (enero 1929)
Los relatos de ambientación europea como este suelen centrarse más en la parte terrorífica que en la acción, aunque Kane sigue justificando su ansia de aventura como deber con el prójimo. Este relato nos demuestra la fuerza de voluntad de Kane, así como su sentido de la justicia (no necesariamente relacionada con la ley).

The Right Hand of Doom (1968)
Esta es una breve historia de terror de desarrollo más o menos típico y previsible, en la que Kane es poco más que un espectador. Aún así, tiene momentos escalofriantes que la hacen bastante interesante.

Rattle of Bones (junio 1929)
Este relato es bastante similar al anterior, por su brevedad y por su planteamiento, aunque Solomon Kane tiene un protagonismo mucho mayor. Además, al ser un poco más original, y de trama más compleja, el resultado es más satisfactorio.

The Moon of Skulls (junio – julio 1930)
En este relato Kane regresa a África, y se encuentra con una de esas ciudades perdidas que son habituales en este tipo de aventuras. Howard aprovecha para contarnos una de sus historias sobre la decadencia de una antigua civilización, así como para desarrollar el carácter de Solomon Kane, en un relato cuya trama (no muy original) resulta lo más flojo.

The Blue Flame of Vengeance (1968)
Blades of the Brotherhood
Esta es la única de las historias de Kane en la que no aparece ningún elemento de tipo sobrenatural. Se trata de una historia de piratas con toques de novela gótica (en la relación de la pareja protagonista) en la que Solomon Kane tiene una posición casi secundaria en su papel de caballero andante.

The Hills of the Dead (agosto 1930)
Los elementos más terroríficos y los más épicos se encuentran en este excelente relato que lleva de nuevo a Kane a África y a reunirse con N’Longa. Como curiosidad, es en este relato en el que el brujo le regala a Solomon Kane el ”bastón vudú” que le acompañará en sus siguientes aventuras. Y así nos encontramos con otra de las contradicciones de la psicología de Kane: odia la brujería pero es capaz de emplear un bastón mágico si ello sirve a su fines.

Wings in the Night (julio 1932)
En este relato Kane se establece como protector de una pequeña aldea africana, incapaz de dejarla abandonada a su suerte a manos de unos monstruosos seres. Howard empieza en este relato a establecer paralelismos entre su protagonista y personajes legendarios (en este caso, el Jasón de la mitología griega). También vemos como Kane es capaz de actuar mezclando su astucia con la furia berserk de sus antepasados más bárbaros.

The Footfalls Within (septiembre 1931)
Howard continúa dándole a Kane un ”contexto” más amplio y más épico, en este caso a través del bastón que empuña, cuyo antiguo origen se nos revela en este relato. Kane es víctima de unos esclavistas y acaba en un templo perdido que le da a la historia ciertos tonos propios del horror cósmico.

Howard dejó escritos cuatro fragmentos de relatos inacabados protagonizados por Solomon Kane, que en muchas ocasiones han sido completados por otros autores (siguiendo el ejemplo establecido por Sprague de Camp con Conan) para su presentación en diversas antologías.

The Castle of the Devil y Death’s Black Riders son fragmentos muy breves, poco más que planteamientos iniciales de historias que no llegan a desarrollarse, aunque algunas cosas se acabarán utilizando en otros relatos.

Hawk of Basti está un poco más desarrollado, pero Kane es poco más que un testigo de las andanzas de un aventurero llamado Hawk. Curiosamente, hay partes que parecen haberse reutilizado en algunas de las aventuras de Conan de ambientación ”africana”.

The Children of Asshur es el fragmento más extenso. La prometedora historia trata del choque de culturas y civilizaciones perdidas, pero el estilo es bastante descuidado (se nota que es todavía poco más que un borrador) y la trama no parece tener un objetivo claro.

Además de los relatos en prosa, Howard escribió tres poemas en los que aparece Solomon Kane. Dos de estos poemas, The One Black Stain y The Return of Sir Richard Grenville, lo relacionan claramente con Sir Francis Drake y sus corsarios. Por su parte, Solomon Kane’s Homecoming es otro poema que nos presenta a un Kane que regresa a su hogar tras años de aventuras, que contempla con nostalgia, y pone broche final a la carrera del Puritano, como no puede ser de otra forma, mostrándolo marchándose de nuevo en busca de aventuras.

De todos los personajes creados por Howard, Solomon Kane probablemente sea uno de los más diferentes. Así, a pesar de compartir habilidad con la espada y fuerza con personajes como Conan o Kull, su físico no es el de una montaña de músculos, sino el de un espadachín enjuto y sombrío. Por otra parte, es un personaje contradictorio en su psicología. Si por un lado está convencido de ser el azote del Mal y prácticamente la mano de Dios en la Tierra, por otro lado le mueven en ocasiones impulsos primitivos y primarios que le relacionan con la barbarie de otros personajes de Howard. Sin embargo, a Howard no le interesa ahondar en estos conflictos psicológicos (ni quizá estuviera capacitado), por lo que se quedan simplemente en elementos que giran alrededor de un personaje ciertamente interesante.


Kull de Atlantis

...vieron que era un hombre de gran estatura. Al principio Cormac pensó que era un Nórdico, pero un segundo vistazo le dijo que en lugar alguno había visto antes un hombre así. Su constitución era muy similar a la de los Vikingos, a la vez gigantesca y flexible: como la de un tigre. Pero sus rasgos no eran como los suyos, y su leonina melena de corte cuadrado era tan negra como la del propio Bran. Bajo unas espesas cejas brillaban unos ojos grises como el acero y fríos como el hielo. Su rostro broncíneo, fuerte e inescrutable, estaba bien afeitado, y la ancha frente revelaba una gran inteligencia, al igual que la firme mandíbula y los delgados labios mostraban fuerza de voluntad y coraje. Pero más que todo eso, su porte, su majestuosidad leonina, le señalaban como un rey natural, un gobernante de hombres. Unas sandalias de curiosa factura calzaban sus pies y vestía una flexible cota de malla extrañamente tejida que le llegaba casi hasta las rodillas. Un ancho cinturón con una gran hebilla dorada rodeaba su cintura, aguantando una larga espada recta en una pesada vaina de cuero. Su cabello estaba confinado por una ancha y pesada banda de oro sobre su cabeza...

Es muy difícil, por no decir imposible, desligar el personaje de Kull de otro personaje creado por Howard que se haría mucho más famoso: Conan. Al fin y al cabo, Conan nació de la reescritura de un relato inédito protagonizado por Kull, con lo que es inevitable encontrar semejanzas entre ambos. Si a eso le unimos que mucha gente sólo ha oído hablar del personaje por su adaptación al comic o (peor aún) al cine, no es de extrañar que sea un personaje marginado frente a la gigantesca sombra del Cimmerio.

Lo cierto es que no puede negarse que ambos personajes tienen muchas similitudes: ambos son reyes de origen bárbaro en reinos civilizados, además de compartir el físico hercúleo y la habilidad en combate de muchos de los héroes de Howard. Pero prácticamente ahí se acaban todas las similitudes. Si Howard nos cuenta en sus relatos los distintas aventuras de Conan, antes y después de hacerse con el trono, Kull siempre es el Rey de Valusia en las historias que protagoniza, y sus pasadas aventuras apenas se mencionan. El mundo de Kull también está menos desarrollado que el de Conan, siendo poco más que unos pocos nombres (aunque eso también permite crear una ambientación más irreal y fantástica), y las aventuras del Rey Atlante raramente le llevan lejos de su palacio. En todo caso, hay que tener en cuenta que Howard nunca pretende estar creando un mundo fantástico, sino especulando sobre el remoto pasado de la Tierra.

Howard sólo logró vender un par de los relatos protagonizados por Kull, sin que el resto fueran conocidos hasta la antología que publicó (con los habituales ”retoques”) Lin Carter en 1967. Es importante tener esto en cuenta, pues en muchos de los relatos de Kull abundan elementos y situaciones similares, lo que debe entenderse como un “reciclaje” de dichos elementos por parte de un Howard que no contaba con que dichos relatos abandonados acabarían por ver la luz. Así, el conjunto de relatos protagonizados por Kull no puede considerarse como una ”saga” coherente (como sí pueden serlo las de Solomon Kane o Conan, que vieron muchos más de sus relatos publicados) y no es sorprendente que a veces las historias parezcan algo repetitivas.

Exile of Atlantis (1967)
En este breve relato con dos partes bastante diferenciadas (tanto que casi parecen escenas distintas destinadas a ser parte de una historia más larga), aparece por primera vez Kull. Es el único relato en el que todavía no es el monarca que protagonizará el resto de sus historias (aunque es un futuro que ya se apunta en el texto), pero muchos de los elementos de su personalidad ya son claramente distinguibles (como su actitud ante las tradiciones). También se habla aquí del origen del personaje, que parece bastante influido por el Tarzán de Edgar Rice Burroughs. Por otra parte, se percibe aquí que este ciclo de historias puede verse casi como una evolución del interés de Howard por los periodos prehistóricos y los relatos que escribió sobre ellos (más fantásticos que posibles).

The Shadow Kingdom (agosto 1929)
Este es uno de los más conocidos (merecidamente) relatos de Howard, y sin duda es el más famoso de los protagonizados por Kull. Aquí ya nos presenta la decadente civilización de Valusia, en la que Kull reina desde hace poco. La historia se divide entre la reflexión sobre las máscaras figuradas que emplea la gente y una trama de conspiración repleta de elementos de amenaza y paranoia (que casi parecen propios de la ciencia ficción de los años 50). Los populares hombres–serpiente aparecen aquí por primera vez (aunque sólo repetirán su presencia en comics y similares, no en otras historias de Kull), así como los personajes de Brule y Ka–Nu, que sí se convertirán en secundarios recurrentes en estos relatos. Una de las características de estas historias es precisamente la existencia de un ”reparto” de personajes que rodean al protagonista (algo similar sucede en los relatos en los que Conan es rey). Brule es el fiel compañero de Kull (tanto para la acción como para la reflexión), mientras que Ka–Nu desempeña un papel más propio de consejero experimentado. Ambos son Pictos, más cercanos a los nobles salvajes de las historias de Bran Mak Morn que a los brutales enemigos que aparecen en los relatos de Conan. Finalmente, hay que señalar que a esta historia se la suele considerar como la primera historia escrita en el subgénero de ”espada y brujería”.

The Mirrors of Tuzun Thune (septiembre 1929)
En esta historia la trama no deja de ser una excusa para que un Kull pasivo y más bien reflexivo se dedique a filosofar y plantearse la naturaleza de la realidad. Esta es otra de las características propias del personaje de Kull y sus historias: las especulaciones del melancólico bárbaro inundan todos los relatos (por si a alguien le seguía pareciendo que el personaje es simplemente un calco de Conan o, más propiamente, un ”borrador”).

The Cat and the Skull (1967)
Delcardes’ Cat
Este relato reutiliza muchos elementos de un borrador anterior inacabado (más conocido con el título que le dio Carter al completarlo: Riders Beyond the Sunrise). Una conspiración relativamente inocente (y provocada por las estrictas costumbres de Valusia) se complica y se vuelve peligrosa con la intervención del brujo Thulsa Doom, que es mencionado por Howard aquí por primera (y única) vez presentado como archi–rival de Kull.

The Screaming Skull of Silence (1967)
The Skull of Silence
En este relato casi metafórico Kull conoce el miedo al enfrentarse al Silencio. Sin duda, la trama parte de una idea interesante, pero el punto fuerte de Howard no serían precisamente los enfrentamientos psíquicos, sino más bien los físicos, por lo que el resultado no acaba de estar a la altura.

The Striking of the Gong (1967)
Aquí Howard sigue poniendo a su bárbaro protagonista en situaciones que le obligan a dar rienda suelta a sus inquietudes filosóficas (tanto las de Kull como las del propio Howard, que evidentemente reflexiona a través de su personaje). En este caso, la excusa es una mezcla de experiencia cercana a la muerte y viaje astral.

The Altar and the Scorpion (1967)
Realmente esta no es una historia protagonizada por Kull, sino que se trata de un sencillo relato de dioses y jóvenes amantes desvalidos en el que el Rey de Valusia proporciona poco más que el contexto en que está ambientada.

The Curse of the Golden Skull (1967)
Algo similar sucede con este breve relato en el que una maldición lanzada por un brujo que es víctima de Kull llega hasta nuestros días. Parece que a Howard le gusta su creación, pero, al no obtener buenos resultados con los relatos propiamente protagonizados por él, se dedica a explorar otros posibles usos del personaje.

By This Axe I Rule! (1967)
Howard abandona los experimentos y las abstracciones filosóficas para devolver la acción a los relatos de Kull con esta historia que enfrenta una vez más al protagonista con las tradiciones de Valusia. Para sorpresa de los que conozcan sólo la ”versión” más popular protagonizada por Conan, en este relato no hay elementos sobrenaturales de ningún tipo. A pesar de ser un relato más ”comercial”, tampoco logró venderse, aunque en este caso hay que estar agradecido, pues si hubiera sido de otra forma, quizá nunca habría nacido el personaje de Conan.

Swords of the Purple Kingdom (1967)
A diferencia de la anterior, esta nueva historia ofrece pocos elementos novedosos. De nuevo aparecen las conspiraciones y los asesinatos (esta vez en forma de amenaza exterior, procedente del extranjero), y las historias de amor imposibles. Parece que Howard está empezando a darse cuenta de que es un personaje difícil de ”vender” y ya no sabe muy bien qué hacer con él, limitándose a mezclar los mismos elementos una y otra vez.

Kings of the Night (noviembre 1930)
A pesar de todo, la última aparición de Kull será cualquier cosa menos poco memorable. Y es que el Rey de Valusia aparece (como ”estrella invitada”) en este relato en el que comparte protagonismo con Bran Mak Morn. La historia no carece de acción, ni de grandes batallas y conflictos provocados por rivalidades raciales. Kull aparece casi como un deus ex machina, pero de una manera que en ningún caso parece un recurso fácil del autor. El carácter de Kull se mantiene perfectamente reconocible, convencido de que está en un sueño producto de sus habituales reflexiones sobre la naturaleza de la existencia. El relato también sirve para situar a Kull en un contexto más amplio, en lo que sería el conjunto de la obra de Howard, algo que por lo demás sólo podría intuirse a base de cartas o ensayos. Así, Kull se presenta como un habitante de una remota prehistoria de nuestro mundo (lo que, de paso, le convertirá en habitante de una era anterior a la era de Conan cuando Howard empiece a esbozar el mundo del Cimmerio).

Como no es extraño en Howard, de Kull nos han llegado algunas otras apariciones, principalmente en forma de material abandonado. Riders Beyond the Sunrise es un borrador inconcluso, que narra una persecución hasta el fin del mundo por un asunto de honor. Lin Carter lo acabaría en su antología, introduciendo al brujo Thulsa Doom en el relato. The Black City (o Black Abyss) es un fragmento inacabado en el que se abandona la capital de Valusia para visitar una decadente ciudad en la que los guerreros de Brule empiezan a sufrir ataques. Wizard and Warrior es otro fragmento en el que Brule empieza a narrar un encuentro con un mago. Finalmente, el poema The King and the Oak narra el encuentro entre Kull y un roble viviente.

Es inevitable ver al Rey Kull de Valusia, el bárbaro Atlante que se hace con el trono del poderoso reino, como un precursor del personaje más famoso de Howard. Sin embargo, es evidente que se trata de un personaje bastante diferente, mucho más reflexivo, con inclinaciones casi místicas. Por otra parte, y a pesar de también ser un bárbaro por origen, Kull está mucho más cerca de lo que se consideraría un héroe tradicional (Conan tiene bastante más de anti–héroe), caballeroso y asexuado. En cuanto a sus relatos, casi pueden considerarse una rareza dentro de la obra de Howard, por su contenido intelectual y pretensiones filosóficas, lo que ciertamente los convierte en muy interesantes. Ahora bien, esto no impide que varios de ellos (probablemente los mejores) también ofrezcan la acción que habitualmente se espera de una historia de Howard.


Bran Mak Morn y los Pictos

...Su complexión oscura tampoco era el rico tono oliváceo del sur; más bien era la árida oscuridad del norte. El aspecto general del hombre sugería vagamente las nieblas sombrías, la soledad, el frío y los vientos helados de las desnudas tierras del norte. Incluso sus ojos negros eran salvajemente fríos, como negros fuegos ardiendo a través de brazas de hielo. Su estatura sólo era mediana, pero había algo en él que trascendía la mera corpulencia física: cierta feroz vitalidad innata, comparable sólo a la de un lobo o una pantera. En cada línea de su cuerpo flexible y compacto, así como en su áspero pelo liso y labios delgados, esto era evidente; en la pose de halcón de la cabeza sobre el fibroso cuello, en los amplios hombros cuadrados, en el pecho ancho, las caderas esbeltas, los pies estrechos. Construido con la economía salvaje de una pantera, era una imagen de dinámicas potencialidades, encerradas por un férreo autocontrol.
A sus pies se encogía alguien con una complexión similar, pero allí finalizaba el parecido. Este otro era un gigante contrahecho, con miembros retorcidos, cuerpo grueso, una frente baja e inclinada y una expresión de ferocidad simple...


Cualquiera que haya leído un poco la obra de Howard se habrá dado cuenta de la afición del autor por los personajes de origen y aspecto Céltico, sean antepasados míticos como los Cimmerios o los Atlantes, o modernos ciudadanos estadounidenses de origen Irlandés. Lo que quizá resulte más sorprendente (pues incluso el propio Howard no parecía muy capaz de explicarse los motivos) es su interés por el pueblo al que él denominaba Pictos. Con esta denominación Howard se refiere a los primitivos habitantes de las islas británicas, procedentes del Mediterráneo en la época neolítica, y que serían aplastados por las posteriores migraciones de pueblos Celtas. Estos Pictos (con más de lo fantástico que de lo histórico) habrían sido un gran imperio en épocas primitivas, pero Howard prefiere presentárnoslos ya en su época de decadencia, en los últimos días de un pueblo casi extinto.

Howard normalmente escribía por ”fases”, coincidiendo con aquellos intereses que en cada momento ocuparan su mente. Por ello en su obra pueden distinguirse etapas claramente distinguidas y, por ejemplo, no hubiera sido capaz de ponerse a escribir una historia de Solomon Kane en su etapa de Conan: el interés por ese tipo de relatos ya había pasado. En consecuencia, es interesante comprobar que los Pictos hacen acto de presencia a lo largo de toda la carrera de Howard, desde la segunda historia que consiguió vender hasta los últimos relatos de Conan. Los Pictos, por supuesto, también tienen un papel destacado en todo el ciclo de historias de Kull, en el que se presentan como un pueblo aún poderoso, y uno de sus líderes (Brule) es el principal personaje secundario. Además, también aparecen con mayor o menor relevancia en historias de memoria racial (People of the Dark, Marchers of Valhalla, The Valley of the Worm), en relatos de Cormac mac Art (The Night of the Wolf) o, como ya se ha dicho, de Conan (Beyond the Black River, Wolves Beyond the Border, The Dark Stranger).

En los relatos en los que los Pictos son los verdaderos protagonistas, se trata de un pueblo que se encamina a la desaparición de manera inexorable. Su inevitable decadencia como cultura se refleja en su decadencia física, marcada por un aspecto bestial y casi simiesco. Howard crea para este pueblo un último rey, Bran Mak Morn, empeñado en una lucha desesperada para sacar a su gente del salvajismo a que están abocados, enseñándoles a adaptarse al mundo en que tienen que vivir. Bran es un representante de la raza Picta como esta era en la antigüedad, gracias a que la línea genealógica de los líderes se ha mantenido pura, contrastando su físico con el de sus degenerados súbditos.

The Lost Race (enero 1927)
Esta historia, la segunda que Howard consiguió vender a una revista, ya cuenta con un importante protagonismo de los Pictos. Se trata de un relato sencillo y no demasiado original, en el que un guerrero es hecho prisionero por un misterioso pueblo que vive en cuevas subterráneas: los Pictos, que le cuentan algo de su historia.

Men of the Shadows (1969)
Este otro relato es más o menos de la misma época que el anterior, con el que guarda bastantes similitudes. Aunque la acción está mejor integrada en la historia, el relato está peor concluido y está lastrado por una parte excesivamente larga de exposición acerca del pueblo Picto. Sin embargo, dicho esto, el relato resulta casi imprescindible para entender la concepción de los Pictos que tenía Howard. Además, es el primer relato en el que aparece Bran Mak Morn, al que Howard ya había creado en su mente y llevado al papel en la primera escena de una obra de teatro inacabada, con un concepto muy claro desde el principio de las características del personaje.

The Little People (1970)
Este es un breve y poco interesante relato de horror contemporáneo (de cuyo texto además no nos ha llegado una de sus hojas), en el que unos hermanos se encuentran con la misteriosa ”pequeña gente”. La influencia de Arthur Machen es evidente y reconocida: uno conversación sobre uno de sus relatos sirve de desencadenante de la historia. Aquí Howard presenta su intención inicial respecto al destino de sus Pictos: extinguirse y desvanecerse en la leyenda convirtiéndose en el origen de los mitos sobre duendes y trasgos que abundan en las islas británicas.

Kings of the Night (noviembre 1930)
Este es uno de los relatos en que Bran, ahora ya como rey de la nación Picta, aparece como protagonista, aunque en este caso la acción corre a cargo de un invitado de excepción: Kull de Valusia. Bran casi aparece más como un conspirador, un líder dispuesto a hacer los sacrificios que sean precisos para salirse con la suya ante la amenaza exterior (los Romanos). El relato casi puede considerarse una rareza, pues finaliza con una victoria (no demasiado agridulce) de Bran y los suyos. El punto fuerte de la historia es la descripción de los distintos pueblos aliados con Bran y de los violentos conflictos que surgen entre ellos, además de la espectacular batalla final. El personaje de Bran Mak Morn y su lucha desesperada contra la extinción ya se encuentra aquí perfectamente presentado.

The Dark Man (diciembre 1931)
En realidad, este es un relato protagonizado por otro personaje de Howard, Turlogh O’Brien, ambientado unos cuantos siglos después de las historias de Bran Mak Morn. Además de ser un excelente relato, cargado de acción y con el toque fatalista habitual de las historias de Turlogh (y, en general, también de las de los Pictos), se nos revela cual es el destino del pueblo Picto, así como de su legendario rey Bran. Así, la presencia de Bran Mak Morn se hace sentir a lo largo de todo el relato, aunque sea de forma sutil.

Children of the Night (abril-mayo 1931)
Este relato puede considerarse como una evolución del concepto que Howard presenta en The Little People, provocado por la correspondencia intercambiada con su amigo H.P. Lovecraft. Además, también es el primer intento de Howard por escribir un relato al estilo de los de su corresponsal de Nueva Inglaterra. Así, el relato se divide en tres bloques bien claros, de los que sólo el central es Howard en estado puro, siendo el inicio y el final más deudores del estilo lovecraftiano. El mencionado cambio en lo que afecta a los Pictos se refiere a su destino como origen de leyendas siniestras. Entre Lovecraft y Howard crean un pueblo de aspecto totalmente inhumano, procedente de la lejana Asia, y que precede a los Pictos como pobladores de las islas británicas, que serán quienes realmente se conviertan en los seres monstruosos de los mitos.

Worms of the Earth (noviembre 1932)
Todos los intereses, planteamientos e influencias de Howard acerca de los Pictos cristalizan en este, uno de sus mejores relatos. De nuevo, el protagonista es el rey Bran Mak Morn, dispuesto a hacer cualquier cosa para derrotar a sus odiados enemigos Romanos. Por desgracia para él, la victoria no le traerá la satisfacción esperada, como es de esperar cuando uno hace un pacto con el Diablo. En el trasfondo de la historia está el conflicto entre los Pictos y los Hijos de la Noche, o Gusanos de la Tierra, poéticos nombres que ocultan un horror ancestral. También puede percibirse la influencia de Lovecraft, sea por el uso de nombres procedentes de los Mitos de Cthulhu o porque se trata (más que de un relato de acción) de una historia de horrores primigenios e insinuados. El relato tampoco escapa a la oscuridad y desesperado pesimismo de las historias de temática Picta. Este es el primer relato de este tipo en el que Bran y los Pictos no son vistos desde el punto de vista de un observador externo, y también sería el último protagonizado por el trágico rey de los Pictos. Probablemente ello se deba a que aquí Howard alcanza una de las cimas de su producción literaria, y cualquier intento de seguir ahondando en esta temática sólo podría dar resultados inferiores.

Como era de esperar, Bran y los Pictos también aparecen en la obra poética de Howard, en los poemas A Song of the Race (Bran escucha una canción sobre el destino de los Pictos), el breve The Drums of Pictdom y el conocido como The Bell of Morni. En cuanto a material inacabado, además de la obra de teatro ya mencionada (y titulada simplemente Bran Mak Morn), han sobrevivido una sinopsis sobre una historia de intriga política y militar entre Bran y los Romanos en las islas, y un fragmento sin título en el que Bran se encuentra con una misteriosa mujer pelirroja. También se han encontrado los dos capítulos iniciales de un ambicioso proyecto de juventud, una novela que parece ser un antecesor de sus relatos de memoria racial, con multitud de personajes, uno de los cuales debía ser Bran (de acuerdo con el propio Howard, aunque este personaje no llega a aparecer en el texto existente).

Las historias de los Pictos y de su rey Bran Mak Morn son historias pesimistas, de desesperación antre la desaparición de todo un pueblo con una historia de siglos y siglos. Bran es un héroe trágico, una figura que intenta luchar contra lo inevitable, sabiendo que sus esfuerzos son inútiles y que están condenados al fracaso ante el avance de los tiempos. Howard es capaz de mezclar este fatalismo con el heroismo habitual de sus protagonistas, dando lugar a una combinación única. De entre los personajes de Howard, pocos están rodeados del aura de oscuridad y condenación que gira alrededor de Bran Mak Morn, el último rey de los Pictos.


Indiana Jones: la Trilogía Original
(20/05/2008 19:49:45 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)




En 1981, Steven Spielberg venía de fracasar con 1941, una comedia desmadrada bastante inferior (tanto en calidad como en resultados de taquilla) a sus dos anteriores trabajos (Tiburón y Encuentros en la Tercera Fase). Por su parte, George Lucas acababa de producir El Imperio Contraataca, probablemente la mejor película de su archiconocida trilogía galáctica. Lucas había estado pensando en Indiana Jones desde los años 70, rememorando los seriales de aventuras por entregas realizados en los años 30 y 40 (que él había visto en TV), y al parecer ya le había hablado de ello a Spielberg en 1977. A estos dos nombres básicos para esta trilogía se uniría finalmente el tercero: su actor protagonista, un Harrison Ford conocido sobre todo por su papel de Han Solo. A pesar de que Lucas no acababa de estar convencido (pues Ford ya había trabajado con él en sus otras películas, mismo motivo por el que estuvo a punto de no ser Han Solo), era la primera elección de Spielberg, y acabó por imponerse a nombres como los de Tom Selleck o Nick Nolte.

Con la combinación de estos tres nombres se sentaban las bases de lo que acabaría siendo una de las mejores series de películas de aventuras de todos los tiempos. George Lucas aportaba su capacidad de imaginar historias y mundos, reinventando y combinando elementos procedentes de muchas fuentes. Por suerte, Lucas (mejor productor que director) se apoyaba en uno de los directores con más talento de nuestro tiempo, Steven Spielberg. Finalmente, Harrison Ford aportaba su carisma como protagonista. Dicho esto, tampoco habría que olvidarse de John Williams, compositor de una banda sonora (en las tres películas) que acaba de redondear el conjunto, además de crear una serie de temas memorables. Ni del trabajo en el guión de la primera parte de Lawrence Kasdan (guionista también de El Imperio Contraataca), o de la labor en la sala de edición de Michael Kahn, quien se convertiría en montador habitual de las películas de Spielberg.

En Busca del Arca Perdida (1981)

La película empieza con la que acabará convirtiéndose en una de las constantes de la serie: un prólogo sin relación alguna (al menos directa) con el resto de la película. Esto puede verse tanto como una herencia de los seriales en que se basa la creación del personaje y su mundo (en los que es habitual el uso de un cliffhanger, dejando la acción inconclusa al final del episodio para finalizarla al inicio del siguiente), como del inicio de las películas de James Bond (que era lo que se planteaba hacer Spielberg cuando Lucas le dijo que tenía una idea mejor…). En todo caso, esta introducción no es un simple relleno y le sirve a Spielberg para presentarnos al personaje, así como para mostrarnos la primera de las escenas inolvidables de la película: la del robo del ídolo y la huída de la esfera de roca gigante. Además, de una forma u otra, estas escenas tendrán una leve relación con el resto de la trama.

Tras ello, la acción pasa a un ambiente universitario, en la que descubrimos al aventurero de la introducción convertido en un profesor de arqueología, gafas incluidas, en un cambio de aspecto tan radical (o más) que el que se da entre Superman y Clark Kent. Aquí es donde se nos presenta la trama principal, centrada en la búsqueda del Arca de la Alianza, que es “encargada” por el gobierno de los Estados Unidos para que no se hagan con ellas los que son los principales villanos de la saga: los nazis.

La trama nos lleva a diversos lugares exóticos, y conocemos a la chica de la película. Se trata de Marion Ravenwood, hija de un profesor de Jones con la que nuestro protagonista tuvo una relación con aspectos turbios y final doloroso. Marion está alejada del prototipo de chica en apuros (aunque eso no le impide meterse en abundantes líos de los que debe ser rescatada por Indiana), y a lo largo de toda la película da muestras de su iniciativa (y de la resistencia de su hígado). Su intérprete, Karen Allen, encabeza el reparto de coprotagonistas y secundarios, actores poco conocidos pero eficaces, que dan vida a un excelente conjunto tanto de aliados (Marcus Brody, Sallah) como de enemigos (Belloq, la némesis de Jones, o los siniestros nazis encabezados por Toht).

El resto de la película está repleto de escenas inolvidables: el breve enfrentamiento entre Indy y un espadachín en El Cairo (planeado inicialmente como un duelo mucho más largo, pero reducido a lo que se ve en pantalla a causa de los problemas estomacales que afectaban a Ford y a buena parte del equipo), el templo lleno de serpientes (que nuestro héroe odia con todas sus fuerzas), la brutal pelea alrededor del aeroplano nazi, la espectacular persecución en el camión para hacerse con el Arca… Todo ello concluye en un terrorífico y espectacular final apoyado por unos excelentes efectos especiales, realizados (como no) por la Industrial Light and Magic.

Curiosamente, para ser una película “ligera” de aventuras, y obra de un Spielberg al que se suele acusar (no siempre justamente) de forzar los finales felices, esta película concluye con un tono claramente agridulce. Aunque Indiana derrota a los malos y se queda con la chica, la conclusión muestra que el gobierno se ha aprovechado de él y el Arca se esconde en un almacén (que parece adelantarse a lugares similares que veremos en Expediente X) en vez de mostrarse en un museo.

La película fue un éxito tanto entre la crítica como entre el público. Además de ser el título más taquillero de 1981 fue nominada a ocho Oscars (incluido el de Mejor Película), de los que ganaría cuatro, además de un quinto Oscar especial al Montaje de Efectos de Sonido. La clave de su éxito probablemente esté en la recuperación de un estilo de cine de acción y aventuras considerado anticuado en su época, dándole un nuevo barniz de modernidad gracias a los avances tecnológicos y a un guión preciso y lleno de un irónico sentido del humor, encabezados por un personaje y un actor protagonista rebosantes de carisma.

Indiana Jones y El Templo Maldito (1984)

El éxito de la primera película hace se plantee de forma casi inevitable la realización de esta secuela o continuación, aunque curiosamente está ambientada en 1935, un año antes que la película anterior. Entre ambas, Spielberg dirige una de sus películas más conocidas, E.T. (1982), mientras que Lucas concluye su (primera) trilogía galáctica con El Retorno del Jedi (1983). Por su parte, Ford venía de un complejo rodaje en lo que se convertiría en un clásico de culto, Blade Runner (1982).

De nuevo, tenemos una escena inicial ajena al resto de la película, en la que Spielberg homenajea a un par de géneros en los que no había trabajado. Así, los créditos iniciales se ven mezclados con un número musical en el club Obi Wan (uno de los guiños a Star Wars que también abundan en la trilogía) propio de los clásicos de Fred Astaire y Ginger Rogers, y la acción inicial nos presenta a un Harrison Ford que podría perfectamente estar interpretando a James Bond.

Esta vez la trama está más localizada que en la primera parte, sin tanto viaje y cambio de escenario, limitándose a ser una aventura menos “trascendente” situada en la India, alejada de la importancia a nivel arqueológico y estratégico que suponía la búsqueda del Arca de la Alianza. El guión también nos presenta a un Jones que oscila entre sus deseos de buscar fama y fortuna y el comportarse como un héroe (en este caso, salvando a unos niños secuestrados).

Por un lado, esta película tiene un tono más ligero, propiciado por los secundarios que acompañan a Indy. Para empezar, al Doctor Jones le ha “crecido” un compañero infantil, un niño asiático que se hace llamar Tapón, sin duda un elemento creado para que el público más joven empatice con él. Por ello, la película cae en alguno de los defectos que suelen tener las películas con niño, aunque también le sirve a Spielberg para insinuar uno de los temas habituales de su cine, el de las relaciones paterno – filiales. Por otra parte, la chica de la película está muy alejada del papel fuerte que tenía Marion: la cantante Willie Scott responde al prototipo de rubia tonta y superficial. En consecuencia, el humor de la película es bastante poco sofisticado, aunque no por ello menos efectivo.

Por otro lado, esta película tiene algunos de los momentos con mayor oscuridad de la saga. Así, vemos a niños torturados y torturando, corazones arrancados del pecho de sacrificios humanos y al propio héroe maltratando a un niño (aunque sea bajo la influencia de un maligno brebaje), algo inconcebible en el cine comercial estadounidense. Por no hablar de las escenas abiertamente pensadas para provocar desagrado en el espectador, como la de los insectos (que continúan con la tradición iniciada con las serpientes en la primera parte) o la de la cena exótica en el palacio hindú. Como curiosidad, esta película (a sugerencia de Spielberg) condujo a la creación de una nueva categoría intermedia (el PG–13) en las calificaciones por edades estadounidenses, entre el “todos los públicos” y el “para mayores”.

La película también es más abiertamente fantástica que la primera parte. Si en En Busca del Arca Perdida el elemento sobrenatural aparecía poco a poco para estallar en el clímax final, aquí está presente desde el tramo central de la película. Por otra parte, la conclusión de la película depende menos de la exhibición de efectos visuales, aunque no por ello carece de tensión o espectacularidad, gracias a escenas como la persecución de las vagonetas o la del puente colgante.

En general, la película destaca entre las otras dos de la trilogía original por su cambio de temas y escenarios. Por ello mismo, mucha gente cree que carece de los elementos clásicos de las películas de Indiana Jones (los nazis, el desierto, las grandes reliquias religiosas), pero también por eso mismo mucha gente la valora por su originalidad. Y es que con esta trilogía no sucede como con otras, como con Star Wars (en la que parece que el consenso es que El Imperio Contraataca es la mejor de todas), y no hay una película que se considere mejor que las otras.

Indiana Jones y La Última Cruzada (1989)

Entre esta película y la anterior pasaría algún tiempo más que entre la primera y la segunda. Mientras tanto, Spielberg hace sus primeros intentos por ser considerado como un director “serio” con El Color Púrpura (1985) y El Imperio del Sol (1987). Intentos, por otra parte, fallidos: tendría que llegar todavía el momento más adelante con La Lista de Schindler. Lucas, por su parte, se dedicaba a la producción con suerte desigual, desde Dentro del Laberinto (1986) o Willow (1988) a Howard el Pato (1986) y las películas de los Ewoks. Mientras tanto, Harrison Ford se ha convertido ya en una de las mayores estrellas de Hollywood, en títulos como Único Testigo (1985) o Armas de Mujer (1988).

En esta tercera parte se ahonda un poco más en el carácter y, en definitiva, en el personaje de Indiana Jones. Esto ya sucede desde la espectacular escena inicial, que juega con el equivoco de hacernos pensar que estamos viendo al Doctor Jones en acción, hasta que descubrimos que en realidad estamos viendo una aventura del joven Indiana. Una estupenda elipsis nos lleva a la conclusión de la historia en el presente de la película, en el año 1938.

El guión de la película casi puede considerarse un calco o remake de la de la primera parte (y este quizá sea su peor defecto). No sólo es que nos encontramos con los mismos enemigos y reaparezcan personajes secundarios, y que de nuevo se busca un importante objeto de la tradición judeo–cristiana, sino que muchos elementos estructurales de la trama parecen adaptados de En Busca del Arca Perdida. Dicho esto, la película en ningún momento se hace aburrida ni sufre a causa de esta repetición.

El principal hallazgo de la película es el del personaje del Doctor Henry Jones, el padre de Indiana, interpretado por un excelente Sean Connery. La química existente entre Ford y Connery hace de su relación un elemento básico de la película, tanto en sus elementos más cómicos como en los más sentimentales. Por no hablar de la otra excelente pareja cómica que forman Connery y Denholm Elliott, que da vida al inolvidable Marcus Brody, el único hombre capaz de perderse en su propio museo. Quizá porque el núcleo de la película está en la relación entre Indiana Jones y su padre, el personaje femenino está más descuidado, aunque la atractiva Doctora Elsa Schneider cumple con su papel de mujer fatal.

Esta película también cuenta con los mejores momentos cómicos de la trilogía, tanto gracias a lo que es comedia puramente física como a gags apoyados en las ingeniosas frases de su guión. El clímax de la película, además del esperado espectáculo, nos presenta la culminación de la evolución de los personajes principales a la que hemos asistido a lo largo de la película. Y es que la búsqueda del Grial no deja de ser un símbolo de la verdadera búsqueda que realizan los dos Doctores Jones.

El mayor triunfo de esta película es que es más que capaz de ignorar los defectos que le impone la repetición respecto a la primera parte, y sabe convertir en una virtud lo que pudiera parecer un recurso facilón (el emparejar al protagonista con un pariente).

El Futuro de Indiana Jones

Cuando se estrenó la tercera parte, Indiana Jones ya se había convertido en uno de los iconos inconfundibles de la cultura popular moderna. Además de las tres películas, Indiana Jones protagonizaría comics, novelas y videojuegos más allá de las típicas adaptaciones fílmicas. George Lucas también produciría una serie de televisión para contarnos Las Aventuras del Joven Indiana Jones, tan ambiciosa como irregular.

Inevitablemente, durante mucho tiempo se estuvo hablando de una cuarta entrega de la serie (y eso antes de la era de Internet). A bote pronto, algunos de los rumores hablaban de una adaptación del exitoso videojuego Indiana Jones and The Fate of Atlantis, aunque esto parecía más deseo de los fans que algo viable. También se mencionaba que en la hipotética cuarta parte aparecería el hermano de Indiana Jones (por aquello de repetir lo que había dado buen resultado en la tercera película), interpretado nada menos que por Kevin Costner (que a principios de los 90 era una estrella emergente). Todo aquello, como bien sabemos, no pasó del estado de rumor.

Mientras tanto, Steven Spielberg se convertía en una de los más respetados y exitosos directores de cine de la actualidad (y, por que no decirlo, de la historia del séptimo arte), con el público y la crítica rendidos a sus pies. George Lucas tenía tiempo de rodar una segunda trilogía de Star Wars, y acumular el dinero suficiente para dedicarse a hacer lo que quiera, sin importante la opinión del público o la crítica. Mientras tanto, Harrison Ford se dedicaba en estos años a protagonizar productos de calidad cada vez inferior, hasta que se reunión con Spielberg y Lucas para volver al personaje que le dio la fama (con permiso de Han Solo)

El tiempo pasó y, cuando ya parecía imposible, casi 20 años después de la última entrega, se va a producir el estreno de la cuarta película de la saga: Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal. El tiempo ha pasado inevitablemente y la película está ambientada en los años 50 (es difícil pensar en un Harrison Ford sesentón interpretando al personaje que era en los años 30), los malos van a ser los rusos (como corresponde a la época de guerra fría), y hasta es posible que Indiana Jones tenga un hijo (no está muy claro cual es el papel que interpreta el joven Shia LaBeouf). Si el resto de los elementos que han convertido a Indiana Jones en un hito del cine de aventuras seguirán intactos, lo podremos ver en nuestras pantallas muy pronto.


The Making of Star Wars
(14/04/2008 16:13:23 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)



Como espectadores, pocas veces nos planteamos el esfuerzo y el coste que hay tras la realización de una película. Nos sentamos en una sala oscura y confiamos en que el director y todo el equipo que tiene detrás nos ofrezcan un producto por el que nos haya merecido pagar la entrada. Naturalmente, esto no quiere decir que haya que perdonarle a una película sus defectos porque tenga mucho trabajo detrás, pero sí que es un elemento más a considerar a la hora de hacer un análisis exhaustivo (porque, precisamente, muchas veces ese trabajo ha sido insuficiente).

Este libro escrito por el periodista J.W. Rinzler presenta y detalla la creación de una de las películas míticas de todos los tiempos: La Guerra de las Galaxias. Independientemente de la opinión que se tenga de ella, pocas personas se atreverían a negar que esta película es un título imprescindible a la hora de conocer la historia del séptimo arte, y que marcó un punto de inflexión en la industria y en la forma de entender el cine de ciencia ficción y el espectáculo cinematográfico.

El libro está creado a partir de una buena cantidad de entrevistas y testimonios de la época, y ese quizá sea uno de sus mayores atractivos. En ningún momento se habla de las secuelas, más que como una posibilidad y un punto de enfrentamiento por el que disputarían George Lucas y la Fox. Así, la perspectativa y las opiniones presentadas son siempre de unos años alrededor del estreno de Star Wars (cuando aún no era A New Hope), y las protagonizan prácticamente todos los miembros del equipo, desde George Lucas y los productores de la Fox hasta los técnicos, pasando por los miembros del reparto. Además, no faltan las opiniones de algunos de los amigos de George Lucas: Steven Spielberg, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Brian de Palma...

Aunque el libro no se limita a exponer los fragmentos de entrevistas, sino que los va enlazando y ordenando en orden cronológico, quizá lo que se echa un poco en falta es un poco más de contenido analítico o crítico. En vez de eso, el texto es más bien expositivo y nos cuenta (como avisa en su subtítulo el libro), la historia definitiva detrás de la película original, dejando que el lector saque sus propias conclusiones.

Con casi 400 páginas de buen tamaño (el libro tiene más o menos las dimensiones de un LP), el nivel de detalle que se nos ofrece llega a ser apabullante. También es digna de mencionar la cantidad de material gráfico que se utiliza (probablemente no haya una sola página sin algún tipo de ilustración): fotografías de la época, arte conceptual (como las legendarias láminas creadas por Ralph McQuarrie), storyboards...

Pero hay que insistir en que este no es uno de esos libros decorativos, cuyo único interés está en mirar sus imágenes. El texto recoge de forma tremendamente detallada todo el proceso de creación de la película, desde las primeras ideas de Lucas hasta las reacciones de la crítica y el público tras el estreno. Aunque hacer un resumen completo es casi imposible, sí que hay varios puntos que merecen ser mecionados.

En lo que se refiere a la historia propiamente dicha, el texto nos lleva a través de las distintas versiones del guión y de las ideas de George Lucas. Muy pronto queda claro que Lucas resulta tremendamente detallista, y que sus primeras versiones de la historia son excesivas para una única película. Así, poco a poco el guión se va simplificando (y depurando), pero Lucas no abandona la complejidad del universo que está creando. Por supuesto, eso no quiere decir que tuviera planeadas las dos trilogías desde el principio, ni mucho menos. De hecho, muchos de los conceptos e ideas son bastante diferentes de lo que acabarán siendo (sin irse muy lejos, la idea de Darth Vader como padre de Luke Skywalker no aparece todavía en ningún momento). Como curiosidad, Lucas sí que hace en esa época una mención a los denostados (y con razón) midiclorianos que reaparecerán en La Amenaza Fantasma.

El proceso de casting también es narrado con bastante detalle. Es curioso pensar que Harrison Ford al principio sólo iba a las sesiones para dar la réplica a los actores (Lucas no quería repetir actores con los que ya hubiera trabajado, en el caso de Ford en American Graffiti). Y que Han Solo podría haber sido Christopher Walken o Kurt Russell. Y que Jodie Foster tenía muchas posibilidades para ser la Princesa Leia, pero fue descartada porque su juventud (14 años) le impedía trabajar las mismas horas que un adulto.

El rodaje se nos narra prácticamente día a día, con insertos de los planes de rodaje para cada día que permiten ver como van rodándose las escenas, y aparecen los problemas e inconvenientes. También se mencionan aquí algunas de las escenas que acabarían en la sala de montaje, como la relación de Luke con sus amigos o la escena entre Han Solo y Jabba (recuperada/retocada en las ediciones especiales).

Es evidente que Star Wars supuso una revolución en el campo de los efectos especiales, quizá no tanto en lo que se hacía, pero sobre todo en para qué se utilizaban. Así pues, buena parte de la historia de esta película está enlazada con la historia de la ILM (Industrial Light & Magic), la empresa de efectos especiales creada por Lucas para este proyecto, y casi indiscutiblemente líder actual en su campo. Además de los problemas económicos y de gestión, Lucas y la ILM se enfrentaron a los inevitables plazos y fechas de entrega impuestos por el estudio.

Obviamente, el principal protagonista de esta ”novela” es un joven director de poco más de 30 años llamado George Lucas. El cineasta californiano es una figura discutida y polémica entre los aficionados al cine en general y a Star Wars en particular, y este libro permite conocerle un poco mejor, al menos en lo que se refiere a la época en que rodó esta película. Los problemas a los que se enfrentó durante la producción, en la que tuvo que poner buena parte de su propio bolsillo para que saliera adelante, y las tensas relaciones con la Fox parecen explicar bastantes cosas. Sin pretender buscar justificaciones o hacer análisis psicológicos ”de todo a 100”, visto todo eso parece comprensible su aparente obsesión por el control y por disponer del dinero necesario para poder hacer lo que le venga en gana con sus próximas películas. En el libro ya aparecen su insatisfacción con el resultado de la película (que acabará culminando en la creación de las “ediciones especiales”) y su agotamiento que le lleva a renunciar a la dirección (pasarían más de 20 años antes de que volviera a ponerse tras las cámaras).

Por todo esto y mucho más, The Making of Star Wars: The Definitive Story Behind the Original Film se presenta como la referencia indiscutible sobre la producción de La Guerra de las Galaxias, y es un libro que no debería faltar en la biblioteca de los aficionados al universo creado por Lucas que quieran conocer en profundidad sus orígenes, o en la de los cinéfilos que quieran conocer el absoluto ”como se hizo” de esta película.


Blade Runner
(02/01/2008 14:25:49 - 1 comentarios. 10 puntos. Nuevo comentario.)




Blade Runner es una de las películas míticas del cine, que ha pasado de fracaso de público y crítica a título de culto e imprescindible en todas las listas en apenas 25 años. La esperada edición en DVD me ha llevado a recordar unas cuantas cosas sobre mi relación con esta película, así como las sensaciones provocadas por el disfrute una vez más de este título mítico.

En ningún caso este pretende ser un artículo sobre la película. Al fin y al cabo, es una película sobre la que han corrido ríos de tinta, y sería difícil aportar algo nuevo. Al fin y al cabo, el texto definitivo ya lo escribió Paul Sammon con su Futuro en Negro, recomendable para todo el que quiera saber algo sobre esta película. Una alternativa más barata (y más fácil de encontrar) sería Blade Runner de Miguel Ángel Prieto.

Mi Historia con Blade Runner

Debo confesar que no recuerdo cuando fue la primera vez que vi Blade Runner. Fue en la tele, claro, porque el año de su estreno (1982) era demasiado pequeño y mi padre me llevó a ver otra de las películas del año: E.T., más adecuada para mi edad de entonces. Además, tampoco habría que olvidar que la película de Ridley Scott no fue precisamente un éxito en su estreno.

Investigando un poco, y tirando de algunos recuerdos, llego a la conclusión de que probablemente viera Blade Runner en la primera emisión de la película que se hizo en RTVE, en Noviembre del 1988. Creo recordar que en aquella época fue todo un “acontecimiento” el estreno de un título así, y que un compañero de clase me recomendó que no me la perdiera. Por suerte, le hice caso. Me gustaría poder contar que tuve una especie de revelación, o de epifanía, con esta película, pero tampoco fue así. Es cierto que me gustó, y me gustó mucho, pero nada más. Supongo que me llamaron la atención la excelente recreación del Los Angeles del futuro (uno de los puntos fuertes indiscutibles de la película), pero sin dejar de lado la historia detectivesca que había detrás, con sus antiheroicos protagonistas.

El libro de Dick, ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? lo leí en 1991 (esto lo sé porque es el año de la edición de mi ejemplar, no por mi memoria). La verdad es que no me impresionó, incluso diría que no me gustó demasiado. No sé si se debe a que no se parecía demasiado a la idea que yo me había hecho a partir de la película, o a que Philip K. Dick es un autor que no acaba de llegarme (aunque digo esto habiendo leído sólo un par de novelas suyas: Dick sigue siendo una de mis asignaturas pendientes).

En 1992 se estrenaría el Director’s Cut. Entonces fue cuando empecé a oir hablar de los problemas que había tenido Ridley Scott durante la producción, y de que la versión estrenada no era su preferida y, en fin, toda la historia que los aficionados conocemos bien hoy en día. Este montaje sí que pude verlo en el cine, en concreto en el desaparecido cine Tyris (hoy convertido en un ultramoderno spa urbano). Supongo que no debió ser un estreno muy masivo: al fin y al cabo era una película de 10 años atrás, y encima en VO subtitulada (algo que es toda una rareza en según y que ciudades, y más entonces).

Otra confesión: en ningún momento me planteé viendo este nuevo montaje la posibilidad de que Deckard fuese un Replicante. No sé si es porque las pistas eran demasiado sutiles para mi mente juvenil (acaba de entrar en la mayoría de edad), o porque tenía demasiado asimilada la primera versión, en la que Deckard es “sólo” un detective menos humano que sus presas.

Probablemente ese mismo año es cuando adquiero mi primera copia de la película en formato doméstico. Se trataba del primer número de un coleccionable de Salvat dedicado al cine fantástico, con cuya primera entrega venían los VHSs de Blade Runner y 2001 (menudo par de joyas…). Se trataba del montaje original, claro: el montaje del director lo tengo grabado de su emisión en Canal+ (supongo que un par de años después). Curiosamente, está doblado (recordemos que en cines se estrenó sólo en VO), y juraría que tiene más “voz en off” de la que debería, por lo que se convertiría en un curioso montaje alternativo. De todas formas, esto tendría que comprobarlo cuidadosamente comparando versiones: no es cuestión de ir lanzando rumores acerca de la existencia de otra versión de la película.

A finales de 1997 se lanza el videojuego basado en la película, que creo recordar fue bastante revolucionario para la época. Nunca he sido muy aficionado a los videojuegos, pero como buen aficionado de la película, este me lo compré y lo jugué. Probablemente en esa época sería cuando oiría hablar por primera vez de la posibilidad de que Deckard sea un Replicante.

El siguiente paso, el de tener Blade Runner en DVD, tardaría más de lo esperado. A pesar de la implantación del formato, esta era una de esas películas míticas que faltaban por aparecer en DVD (una vez publicadas las trilogías de Indiana Jones y de Star Wars, que también se hicieron de rogar). Existía una versión bastante floja del Director’s Cut, sin material adicional y escasa calidad audiovisual, y el año pasado salió una versión restaurada de ese mismo montaje, pero era un simple aperitivo del lanzamiento estrella de 2007 en DVD: la edición definitiva de Blade Runner coincidiendo con su 25º Aniversario. Me negué a comprar las versiones anteriores, pero esta no podía dejarla pasar.

El DVD

Estamos ante una de las ediciones en DVD más completas que pueden encontrarse en el mercado, aunque habría unas cuantas cosas que criticar acerca de la política comercial de Warner.

La edición cuenta con un total de 5 discos, en los que se recogen nada menos que 5 montajes alternativos de la película. El Montaje Definitivo es una nueva versión de la película supervisada por Ridley Scott. Básicamente, se trata del mismo montaje que el Director’s Cut de 1992 (también incluido), con mejoras tanto respecto a la calidad audiovisual como para eliminar algunas incongruencias y defectos de la película.

Los que preferimos el Montaje Original también disponemos de él, tanto en su versión Americana como en la Internacional (un poco más violenta). Estos montajes (así como el Director’s Cut) tienen una calidad audiovisual bastante buena, aunque no tanto como la versión Definitiva. Como punto a favor hay que señalar que en todos los montajes se ha incluido el doblaje castellano original y que para las nuevas escenas del Montaje Definitivo se ha contado con los mismos actores de doblaje. Finalmente, se incluye como curiosidad un Workprint, una de las primeras copias de trabajo de la película.

La película cuenta con abundantísimo material extra de todo tipo, sumando en total alrededor de las 7 horas. Tenemos desde un completo documental detallando toda la producción de la película hasta escenas eliminadas o extendidas, pasando por material promocional o dedicado al proceso de restauración de la película. El punto negro respecto a los extras es el habitual de las ediciones de Warner: la no subtitulación de los audiocomentarios. En este caso, son un total de 4 los audiocomentarios que no podremos disfrutar si no tenemos un buen nivel de inglés.

La película salió publicada a finales de 2007 en España en una completa (y limitada) edición para coleccionistas, presentada en un maletín de plástico metalizado y con diverso material adicional: una reproducción de una carta de Ridley Scott, una imagen lenticular de la película (esas que parece que se muevan según les dé la luz), unas láminas de bocetos e imágenes de la película, un unicornio de plástico simulando la figura de origami de Gaff, y una pequeña reproducción de un spinner (los “coches voladores” de la película).

Sin duda, una presentación impresionante y que los más aficionados atesoraremos en nuestras colecciones. Hay que agradecer a Warner que haya traido esa misma presentación (cosa que no ha hecho en la mayor parte de Europa). Por desgracia, mientras en el resto de Europa (y del mundo) salían varias ediciones a la vez (de 2 y 5 discos), en España sólo salía el maletín, sin que se supiera si iban a salir las otras versiones (Oficialmente: las leyes del mercado dicen que acabarán saliendo mientras sea negocio). Así, bastante gente que quería la película pero no estaba dispuesta a gastarse el dinero que valía la edición coleccionista (o no la encontraba, pues ha sido bastante limitada) acababa comprando algunas de las ediciones en tiendas on-line del Reino Unido, pues la edición que se comercializaba allí es exactamente la misma que aquí (doblajes incluidos).

Una vez agotados los maletines, Warner ha anunciado la aparición de una caja metálica con los mismos discos y algunos de los “regalos” del maletín (y a prácticamente el mismo precio). Eso sí, en exclusiva para una tienda on-line, y sin que se sepa aún si van a salir ediciones más económicas. En conclusión, muy bien para Warner por traernos estas presentaciones, pero muy mal por la forma de sacar el material al mercado y por la poca información (y respeto) hacia los clientes.

La Película y sus Montajes

De momento, sólo he visto el nuevo montaje, el Montaje Definitivo de la película. Lo cierto es que no aporta realmente mucho más de lo que ya habíamos visto en versiones anteriores, y podríamos considerarlo simplemente como la versión “mejorada” del montaje del director del 1992 (que queda “obsoleto” existiendo este). El trabajo de restauración que se ha hecho es excelente y se ve casi tan bien como una película de este mismo año. De hecho, creo que es esta vez la primera que he podido ver el famoso “brillo de ojos” que tienen los Replicantes. La estupenda calidad de imagen permite disfrutar como nunca del excelente diseño de producción y efectos visuales con que cuenta la película. Por otra parte, los cambios que se han hecho a la película son prácticamente imperceptibles, y en muchos casos sólo te das cuenta al ver el sorprendente documental donde se explican algunas de las “mejoras” que se han hecho (como poner la cara de Joanna Cassidy en vez de la de la especialista cuando atraviesa los cristales, o usar la boca de un hijo de Harrison Ford para sincronizar el movimiento de los labios con el diálogo).

De todas formas, para mí lo importante de este pack es la existencia del Montaje Original en el disco 3, pues es mi montaje preferido (Aparte de que, por una cuestión de manía personal, me gusta tener las cosas tal y como se estrenaron). Esa es la película, con ese montaje, que se convirtió en una de mis películas preferidas. Es muy de agradecer que, aunque Scott considere como “bueno” su último montaje, nos dé la oportunidad de disfrutar de los otros.

La voz en off de Deckard me parece imprescindible para darle ese tono noir que tiene toda la película. Puedo entender que en ocasiones resulte un poco cargante (aunque no es mi caso), y lo cierto es que en muchas de las escenas eliminadas la voz en off tiene un contenido bastante flojo (así pues, bien eliminadas están). Sin embargo, en la película me parece básica para entender la evolución del personaje de Deckard. Por otra parte, como esta es la primera versión que vi, es como si la echara en falta en los otros montajes y, en cierto modo, la recuerdo en mi interior y “oigo” lo que Deckard está pensando aunque Ridley Scott no me lo quiera mostrar. Además, me da la sensación de que el montaje del director sería demasiado críptico para un espectador “virgen” que no hubiera visto antes esta otra versión.

Otro punto vital en la diferencia de montajes sería lo del final feliz: es cierto que siempre me ha chirriado un poco esa parte, aunque tampoco me molestaba especialmente. En todo caso, su eliminación es una de las cosas que me gustan del montaje del 92: prefiero como final el ascensor cerrándose a la excursión por el campo.

En cuanto a si Deckard es o no es un Replicante… es algo que podría estar discutiéndose hasta el final de los tiempos, y no se llegaría a una conclusión definitiva. En mi opinión, esa es una de las grandezas de la película: cualquiera de las explicaciones es posible y cada espectador puede escoger la que prefiera (aunque cada uno de los dos montajes le “oriente” más hacia una u otra hipótesis). Para mi Deckard nunca ha sido un Replicante: si Deckard es un Replicante esto se convierte en simplemente una sorpresa, un giro final a lo Sexto Sentido, y pierde buena parte de la profundidad filosófica. Vale: es otro Replicante que ignora su naturaleza y que ha sido puesto a cazar a otros Replicantes, ¿y qué?. Pero si Deckard es un ser humano, la película nos dice mucho más sobre la naturaleza las personas y nos da más motivos de reflexión. En ese caso, Deckard es un humano deshumanizado, mientras que sus presas son seres artificiales con mucha más humanidad que los seres “naturales”. Sólo al final, tras el tremendo monólogo de Roy Batty, Deckard se plantea su naturaleza como ser humano (sí, subrayado por la voz en off).

Y es que Blade Runner es una película con varias capas, de simple aventura futurista a relato existencial, de recreación de un futuro posible a reflexión sobre la humanidad. En todo caso, imprescindible.


Conan: Las Leyendas (I)
(26/11/2007 09:13:48 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)

Hoy en día resulta casi imposible realizar un estudio completo de todo aquello que ha sido escrito con Conan como protagonista por otros autores distintos a su creador. Aún dejando de lado el material relacionado de manera más indirecta con la literatura (comics, novelizaciones de películas, libro–juegos, juegos de rol…), sigue habiendo del orden de 50 novelas escritas por diversos autores. Además, se trata de publicaciones baratas hoy en día prácticamente inencontrables, con lo que se revela inútil intentar acceder a todas ellas. Así, el material investigado supone aproximadamente el 75% del total existente. Por otra parte, se ha intentado ser exhaustivo: de todos los autores que se han dedicado al personaje se ha estudiado al menos una novela, llegando a examinarse al menos el 25% de los títulos que ha publicado cada uno. Por supuesto, esto es hablando de lo que puede considerarse “material oficial”: las novelas publicadas sin licencia (bastante habituales en Europa del Este) se cuentan por centenares.

Los títulos de relatos y novelas se dan en castellano cuando consta que existe una traducción publicada en España, apareciendo el título inglés original en caso contrario.

Sprague de Camp y Gnome Press (1955–1957)


Entre 1950 y 1954, la editorial Gnome Press publicó cinco tomos en tapa dura recopilando todos los relatos de Conan escritos por R.E. Howard que se habían publicado en la revista Weird Tales: Conan the Conqueror, The Sword of Conan, King Conan, The Coming of Conan y Conan the Barbarian. El editor encargado de esta tarea fue L. Sprague de Camp, autor cuya obra propia más conocida probablemente sea la serie de Harold Shea (escrita conjuntamente con Fletcher Pratt). Aquí sería donde comenzara su polémica labor de modificación y edición de los textos originales de Howard.

El éxito de estos volúmenes animó a los editores a buscar más relatos de Conan (de hecho, en uno de los volúmenes se habían incluído tres relatos de Kull, es de suponer que como relleno). Sprague de Camp pensó que varios relatos no publicados de R.E. Howard, y no protagonizados por Conan, podían reescribirse con cierta facilidad para que estuvieran ambientados en la Era Hiboria y protagonizados por el Cimmerio. En todo caso, es difícil saber cual era la verdadera situación de este material. Aún tratándose de relatos completos (no fragmentos, ni sinopsis), es posible que Howard aún no los considerara definitivos, o estuvieran pendientes de alguna revisión (la excepción parece ser la versión original de El Camino de las Águilas, que llegó a ser aceptado por una revista, aunque no fue publicado por el cierre de esta). Finalmente, en 1955 apareció publicado el volumen Tales of Conan, que recogía cuatro relatos elaborados de dicha manera. Originalmente se trataba de un par de relatos de aventuras contemporáneas (es decir, situadas en los años 30) ambientadas en Oriente Medio; y otros dos relatos históricos, que transcurren en dicha región durante la época medieval. Sería el inicio de lo que Sprague de Camp llamaría colaboraciones póstumas con R.E. Howard.

El primero de estos relatos es El Dios Manchado de Sangre, una típica historia de tesoros malditos y conflicto a tres bandas llena de acción. Originalmente el protagonista era el aventurero Kirby O’Donnell, personaje del que Howard escribiría otro par de relatos, y la trama carecía de elementos sobrenaturales.

En Halcones sobre Shem, Conan va a buscar venganza en una ciudad y se ve envuelto (pasando a segundo plano) en las intrigas de sus generales y su enloquecido rey. El relato original se situaba en el Egipto del siglo XI, y su protagonista era un caballero de Castilla llamado Diego de Guzmán. Muy similar es también El Camino de las Águilas, que comparte muchos elementos con la trama anterior. En origen también era un relato histórico, este ambientado en el Cáucaso en el siglo XVI y protagonizado por un jefe cosaco llamado Ivan Sablianka. Probablemente sea esta naturaleza de relato histórico la que haga que estas tramas giren menos alrededor de su protagonista, y por ello Conan tenga un papel más secundario. Además, el elemento sobrenatural está introducido de manera muy forzada.

La más larga de estas historias es La Daga Llameante, que incluso sería publicada en 1981 como novela corta independiente. El original era una historia protagonizada por El Borak, uno de los personajes de aventuras modernas de Howard. En este irregular relato (con un final confuso y atropellado) Conan es un capitán mercenario que se enfrenta a una misteriosa antigua secta renacida. Esta secta de asesinos está inspirada claramente por los hashishin medievales (lógicamente, en el relato de El Borak eso es lo que son), lo que en el mundo Hiborio resulta demasiado llamativo y evidente. Además, Sprague de Camp recupera de manera bastante arbitraria un personaje de un relato de Howard, se supone que para relacionar más la trama con Conan. Sin embargo, a pesar de sus defectos, el relato resulta entretenido (quizá el que más de esta antología).

En todo caso, hay que señalar que Sprague de Camp en ningún momento intenta hacer pasar estas historias como relatos sobre Conan escritos por Howard, sino que explica en las propias introducciones de los libros cual ha sido el modo de elaboración. En general, el principal problema de estos relatos es la introducción bastante artificial de un elemento sobrenatural en tramas que no lo incluían, para poder etiquetarlos como “fantasía”.

En 1957 Gnome Press publica el último volumen de su serie dedicada a Conan: The Return of Conan. Se trata de la primera novela de Conan (o incluso relato de cualquier tipo, si consideramos las historias comentadas anteriormente como una “colaboración” entre Howard y Sprague de Camp) totalmente escrita por un autor que no es su creador. Esta historia es creación de Björn Nyberg, un admirador sueco de las historias de R.E. Howard. Se trata de una clara muestra de lo que hoy llamaríamos fan fiction, con la diferencia de que fue publicada profesionalmente. Al no ser el inglés la lengua natal del autor, la novela fue editada y revisada por Sprague de Camp. Esta novela también se conoce como Conan el Vengador, que es el título con el que la publicaría más adelante la editorial Lancer.

La historia de El Regreso de Conan se plantea como una secuela directa de la novela de Howard La Hora del Dragón, novela con que comparte similitudes tanto en planteamiento como en estructura. Conan es el Rey de Aquilonia, está casado con Zenobia, y se nos presenta prácticamente convertido en el perfecto cortesano. El secuestro de su esposa le hará partir en un largo viaje para rescatarla. La novela se compone de una serie de episodios no relacionados, en los que Conan se reencuentra con su pasado, y durante los cuales parece que su misión de rescate está totalmente olvidada. Además, estos episodios son bastante tópicos y nada originales, con lo que la novela en ningún momento funciona como tal, pareciendo simplemente un conjunto de historias que copian a R.E. Howard. Por si fuera poco, Nyberg y de Camp tienen la “osadía” de eliminar de forma bastante chapucera a un personaje importante creado por Howard, además de cambiar totalmente las características de Crom, el dios de los Cimmerios. Si Conan, en La Reina de la Costa Negra, nos decía que el suyo era un dios que no se ocupa de los hombres, aquí nos encontramos con que Conan le reza y le hace sacrificios, y además Crom le responde y ayuda. Sin duda, estos no son el Conan y el Crom que creó Howard.

Sprague de Camp y Lin Carter. Lancer Books y Ace Books (1966–1977)


En 1966 empieza un nuevo proyecto de publicación de las aventuras del Cimmerio creado por R.E. Howard. La editorial Lancer Books comenzaría la edición de los relatos de Conan en orden cronológico, para crear una especie de biografía. Sin embargo esta publicación no se haría de forma ordenada, sino que, por ejemplo, el primer volumen en salir al mercado (Conan el Aventurero) sería el quinto en la ordenación cronológica definitiva. Inicialmente, la serie iba a constar de 8 volúmenes, pero pronto pasaría a cambiarse esto por los 12 volúmenes que acabarían siendo definitivamente (entre los que casualmente se encuentran cuatro novelas escritas totalmente por Sprague de Camp, Carter y Nyberg).

El responsable de esta serie sería de nuevo Sprague de Camp, que contaría con la colaboración de Lin Carter, autor más conocido por su labor pionera en la crítica de género fantástico que por su obra de ficción. De Camp y Carter serían los creadores de la ordenación canónica de los relatos de Conan, a los que unirían sus propias historias, tanto originales como creadas a partir de fragmentos o sinopsis escritas por R.E. Howard (incluyendo Tales of Conan y The Return of Conan). Además, cada relato irá encabezado por un párrafo introductorio para ayudar a crear una imagen más coherente entre las historias, sirviendo de enlace. Por desgracia, en algunos casos esta introducción adelanta lo que va a suceder en las primeras páginas del relato, lo que resulta bastante poco justificable.

No habría que olvidar la importancia en el éxito de estos libros del ilustrador Frank Frazetta, que con sus impactantes portadas sin duda contribuyó en buena medida en atraer la atención de los compradores, así como a crear la imagen gráfica moderna de Conan .

Estos doce volúmenes (conocidos coloquialmente como los Lancers) son los que pasan a formar la base del canon del personaje. Por una parte, es innegable que esta edición fue la que popularizó a Conan y lo mantuvo vivo en el mercado. Por otra, a partir de este canon se acabaría mercantilizando al personaje y separándolo de su origen, creando una cronología en la que se da el mismo valor a las historias creadas por Howard que a las escritas por cualquier otro autor.

El primer volumen publicado, Conan el Aventurero (1966), ya contenía un relato completado por Sprague de Camp a partir de un fragmento y una sinopsis abandonados por R.E. Howard en su segundo intento de escribir una novela (antes de lograrlo con La Hora del Dragón). Se trata de Los Tambores de Tombalku, cuyo verdadero protagonista es un joven llamado Amalric, y Conan casi aparece como personaje secundario. La primera mitad del relato es una típica aventura situada en una misteriosa ciudad perdida, y es el fragmento escrito por Howard. La otra mitad sigue su sinopsis, pero está completada por de Camp y tiene un desarrollo más abrupto. Además, es totalmente distinta al inicio del relato, probablemente porque Howard las contemplara como partes distintas de su novela abandonada.

La antología Conan el Guerrero (1967) y la novela Conan el Conquistador (1967) sólo contenían material creado por Howard, pero en Conan el Usurpador (1967) se introdujo otro relato completado por de Camp. Además, hay que señalar que contiene quizá el caso más polémico de edición de un relato de Howard. Se trata de El Tesoro de Tranicos (o El Negro Desconocido, como se llamaba originalmente), en el que de Camp cambia el final para ajustarlo a su idea de la cronología interna. Así, donde originalmente Conan finalizaba el relato planeando una carrera como pirata, de Camp lo altera para que se dirija a encabezar la rebelión contra el rey de Aquilonia para hacerse con el trono. Además, también introduce en la trama al personaje de Thoth–Amon, al que acabará convirtiendo en villano recurrente y archinémesis de Conan.

Precisamente en ese contexto revolucionario se sitúa el relato completado por de Camp, Lobos Más Allá de la Frontera. Se trata de una historia procedente de un borrador de una aventura fronteriza abandonado por Howard en la época en que más interesado estaba por la historia de su país en el periodo colonial, de naturaleza similar a Más Allá del Río Negro (escrito posteriormente a dicho borrador). Hay escenas individuales interesantes, pero la trama general no es gran cosa. Por otra parte, no está protagonizado por Conan (que sólo es mencionado como el rebelde que lucha contra el Rey de Aquilonia), sino por un joven explorador.

En la siguiente entrega, llamada simplemente Conan (1968 ), hay cuatro nuevos relatos. En El Aposento de los Muertos de Camp desarrolla una sinopsis de las primeras que Howard escribió (y abandonó). Este relato de un joven Conan como saqueador de unas ruinas misteriosas es entretenido, aunque no muy original, y el personaje del Cimmerio se mantiene bastante próximo a su concepción original.

Lin Carter escribió a partir de un fragmento creado por Howard La Mano de Nergal. La insulsa trama sobre objetos mágicos y enfrentamiento entre el bien y el mal en que se ve envuelta el mercenario Conan es creación de Carter, pues el texto de Howard no era más que un par de escenas sueltas.

El siguiente relato inicia la serie de los escritos íntegramente por de Camp y Carter. Se trata de La Cosa de la Cripta, una intensa y terrorífica historia en la que se ve envuelto Conan como joven esclavo fugitivo. No es un mal inicio, tanto para la colaboración entre ambos escritores como para la cronología interna de Conan, en la que ocupa el primer lugar.

Más flojo es La Ciudad de las Calaveras, una historia con una narración algo inconexa y elíptica para su extensión, en la que Conan es un soldado del ejército de Turán que escolta a una princesa junto a su prometido. En este relato los autores utilizan por primera vez algo que será común en sus historias: el hacer referencia a otros relatos (en este caso, a La Mano de Nergal) para que no haya dudas respecto a su posición cronológica y así reforzar la sensación de narración ordenada que pretenden crear.

En Conan el Vagabundo (1968 ) hay un único relato nuevo de de Camp y Carter. Se trata de Lágrimas Negras, en la que el forajido Conan se encuentra con el peligro en la enésima ciudad misteriosa y perdida. A pesar de su escasa originalidad, mantiene el interés.

En 1968, de Camp y Carter escribieron su primera novela dedicada al personaje (además de publicar también el Conan el Vengador de Nyberg). Se trata de Conan de las Islas, un libro protagonizado por un Conan de sesenta y tantos años, con barba y mechones grises, que lleva unos veinte en el trono de Aquilonia. Por desgracia, la que debería ser la última gran aventura épica del Cimmerio se queda en una historia del montón, en la que viaja al equivalente Hiborio del continente americano. La mayor parte de las situaciones son poco originales, y las que intentan serlo, en ocasiones rozan el ridículo. Por otra parte, los autores insisten de nuevo en dar un énfasis nada adecuado al aspecto divino del mundo Hiborio, presentando a Conan como un elegido de los dioses.

En la antología Conan el Cimmerio (1969) aparecen otros cuatro nuevos relatos. El primero de ellos, La Maldición del Monolito, ya había aparecido un año antes en una revista. Conan es un capitán del ejército Turanio en esta efectiva historia basada en unos elementos terroríficos que podría haber ideado el propio R.E. Howard.

El siguiente, La Guarida del Gusano de Hielo tiene un planteamiento interesante, pero el desarrollo no está a la altura. También es llamativo por su poco habitual ambientación, en las frías y salvajes tierras del norte. Por otra parte, el personaje femenino que aparece es totalmente irreal y estereotipado.

El Castillo del Horror es otro relato de relleno, que recuerda bastante a La Cosa de la Cripta pero en un escenario más cálido. Conan se comporta más como espectador que como protagonista, y el elemento sobrenatural no es gran cosa.

El último de estos relatos, Un Hocico en la Oscuridad, tiene su origen en un borrador inacabado de R.E. Howard, que describe la primera mitad de la historia. Conan es un soldado de fortuna que se ve envuelto en las intrigas y brujerías de un reino Kushita. La historia recuerda demasiado a El Valle de las Mujeres Perdidas (que tampoco sería el mejor modelo a copiar), y tiene un final torpe y precipitado.

En 1971 aparece un nuevo libro firmado por de Camp y Carter: Conan el Bucanero. Se trata de una entretenida novela que se aleja de lo que hasta ahora se había visto en otras historias de Conan de esta longitud. Esta vez Conan no es un rey que deja su trono para vivir aventuras, sino que es un corsario al servicio de la corona de Zingara, que se ve envuelto en una trama de hechicería e intrigas. Es curioso que, a pesar de la vocación de relleno con que se presenta esta novela en su propia introducción, sea la más lograda de las cuatro no escritas por Howard que hay en esta serie. En la historia reaparecen algunos personajes de otras anteriores (Juma), y se presentan algunos con los que Conan se encontrará posteriormente (Zarono el Negro, Sigurd). El malvado en esta ocasión es otro personaje recurrente: el brujo Thoth–Amon, mejor descrito y con más carisma que los hechiceros de Conan el Vengador o Conan de las Islas.

El último de los volúmenes, Conan de Aquilonia (1977), sería publicado por Ace Books (que también volvió a editar los demás títulos), debido a la bancarrota de Lancer. Además, coincidiendo con el naciente interés de Hollywood por llevar el personaje a la pantalla, y entre problemas y discusiones legales, en esa época se funda Conan Properties Inc (CPI), una corporación para controlar los derechos del Cimmerio.

El libro es una anotología que contiene cuatro relatos escritos por de Camp y Carter, aparecidos anteriormente en revistas, y protagonizados por un cincuentón Rey Conan y su hijo adolescente Conn. En realidad, las cuatro historias forman una sola línea argumental que narra el final del enfrentamiento entre Conan y Thoth–Amon.

La Bruja de las Brumas (1972) es el relato menos flojo de los cuatro, llevando a Conan a la misteriosa Hiperboria para rescatar a su hijo. Sirve de introducción a la trama general, pero puede leerse de manera independiente (cosa que no pasa con los otros).

En la siguiente historia, La Esfinge Negra de Nebthu (1973), Conan lleva sus tropas a Estigia por indicación de un druida, y la trama insiste en el tema de Conan como elegido de los dioses. El personaje del Cimmerio se sigue desdibujando a medida que avanza la trama general, que sigue en La Luna Roja de Zembabwei (1974) con la persecución del brujo Estigio por tierras cada vez más lejanas.

La historia finaliza en Sombras en la Calavera (1975), con un Conan pasivo y mal definido que tiene un decepcionante duelo final con Thoth–Amon, como adalid de Mitra y campeón de Occidente. La historia tiene varios elementos que recuerdan a los relatos de Kull, quizá como forma de relacionar esta floja trama con el material creado por R.E. Howard.

Así, con estos doce volúmenes que ordenan los relatos de Howard, más los pastiches escritos por Sprague de Camp, Lin Carter y Björn Nyberg, queda establecido el canon básico del personaje. En conjunto, los relatos añadidos por de Camp y compañía son más flojos que las historias de Howard. Curiosamente, por regla general los relatos que mejor funcionan son los que son totalmente originales: los que se basan en textos abandonados por Howard son demasiado irregulares. Por otra parte, parece lógico: si Howard abandonó esos proyectos sería por algo, y que los retome un escritor de inferior calidad raramente los va a arreglar. En cuanto a las novelas (a excepción de la entretenida Conan el Bucanero), ninguna es gran cosa.

Precisamente es en las novelas, y en la caracterización que se hace de Conan como Rey de Aquilonia, donde peor trazado está el personaje del Cimmerio. Es en estas novelas en las que más se insiste en los elementos divinos del mundo Hiborio, y en las que se presenta a Conan como una especie de paladín del bien (apoyado por unos intervencionistas dioses) en su lucha contra el mal. Esto hace necesaria la creación de un campeón del mal, que tomaría forma en el hechicero Thoth–Amon. Este personaje fue creado por Howard, pero siempre permaneció en un segundo plano, como uno de los magos más poderosos del mundo, y sin enfrentarse directamente a Conan. De Camp hace de esta rivalidad algo más directo, pero nunca está muy bien explicada. Así, es en Conan el Bucanero donde el Cimmerio acaba por primera vez con un plan importante del brujo, pero en ese libro Thoth–Amon explica que Conan se le ha enfrentado en ocasiones anteriores. Por su parte, tampoco está nada clara la razón de que Conan considere al brujo Estigio como un rival especialmente personal.

En general, el Conan de de Camp y Carter es un personaje menos realista que el de Howard. Sus proezas de todo tipo (desde las físicas a las amatorias) son más exageradas, y el bárbaro cada vez se parece más a un superhéroe que a un ser humano más o menos extraordinario. Y no sólo eso, sino que sus conocimientos son cada vez mayores, abarcando materias tan inesperadas como la biología de criaturas monstruosas o el funcionamiento interno de la brujería (que, en muchas ocasiones, no le importa utilizar en exceso).

Bantam y Ace. Sprague de Camp (1978–1980)


El ansia de los lectores por Conan (entonces además en su mejor etapa como personaje de comic), así como el deseo de las editoriales por complacerlos, no se habían visto colmados por los doce volúmenes ya publicados. En consecuencia, en 1978 Bantam Books publicó una antología de siete historias, escritas cinco por de Camp y Carter y las otras dos por de Camp y Nyberg, con el título de Conan the Swordsman. Se trata de una selección que sigue un modelo similar a los Lancers, con sus introducciones a cada relato para ubicarlos cronológicamente con precisión. El libro se cierra con un interesante glosario de nombres propios aparecidos en los relatos escritos hasta ahora, que incluye su origen real. En la introducción de la antología, de Camp comenta el hecho de que algunos autores están planeando escribir novelas sobre el Cimmerio.

El primer relato, Legions of the Dead, nos presenta a un jovencísimo Conan que se ha unido a una banda de Aesires que vagan por la frontera con Hiperboria. La historia está bien narrada y contiene algunos elementos inusuales que la hacen interesante.

En The People of the Summit Nyberg y de Camp nos cuentan una historia previsible y poco original de lugares misterioros y malditos, con Conan como soldado al servicio de Turán.

Shadows in the Dark se presenta como una secuela directa de El Coloso Negro, y nos cuenta una misión de rescate emprendida por el general Conan (acompañado de un ladrón y un mago, convertidos así en un grupo estereotípico andante). La motivación de Conan resulta poco creíble en él (nada menos que el matrimonio), aunque quizá se deba a su juventud, pero el relato llama la atención por la novedad que supone que el elemento sobrenatural quede en segundo plano.

De manera similar, The Star of Khorala (el segundo firmado por Nyberg y de Camp) también es una continuación de un relato de Howard, en concreto de Los Devoradores de Hombres de Zamboula. A pesar de cambiar de manera algo arbitraria las características de la joya que da nombre al relato y que Howard había establecido, es un relato entretenido y con una discutible sorpresa final para los aficionados más minuciosos.

Conan es un pirata en The Gem in the Tower, un tan rutinario como correcto relato que abusa de la fórmula de unir una isla misteriosa, unas ruinas y un monstruo.

El siguiente relato, The Ivory Goddess, es una nueva secuela (de Los Sirvientes de Bit–Yakin en este caso). Por desgracia, se parece demasiado a su antecesor para resultar interesante y aportar algo nuevo.

La antología se cierra con Moon of Blood, un relato más de relleno en el que Conan está en la frontera de Aquilonia con las tierras de los Pictos. La historia es correcta, pero recicla demasiados elementos de otras tramas fronterizas similares que ya han aparecido en la vida de Conan.

En general, Conan the Swordsman es una correcta antología, con relatos variados e interesantes, aunque algunos no sean muy originales.

El siguiente libro que publicarían de Camp y Carter es la novela Conan el Libertador (1979). El objetivo de la novela es narrar la historia que lleva a Conan de general caído en desgracia a rey de Aquilonia. Por desgracia, el relato de este importante evento en la vida del Cimmerio se convierte en una tediosa descripción de movimientos de tropas alternados con alguna pequeña escaramuza: puede que esto sea realista, pero no es nada emocionante. La conclusión es muy apresurada y deja una sensación anticlimática, y muchos elementos de la trama recuerdan a momentos similares de La Hora del Dragón. La figura del legítimo rey de Aquilonia se degrada de forma exagerada, convertido en un malvado de opereta, como si se quisiera que no haya la menor duda sobre la justificación de la rebelión de Conan y sus aliados. Además, el elemento sobrenatural está representado por un insípido hechicero y unos sátiros de los bosques que parecen bastante fuera de lugar en el mundo Hiborio.

Conan y el Dios Araña (1980) está firmada por Sprague de Camp en solitario. Esta novela conduce a un joven Conan a las misteriosas tierras de Zamora, donde se encuentra con un siniestro culto. La motivación del protagonista (que incluso acepta un trabajo como herrero) no está muy clara a lo largo de la historia, pero al menos se trata de una novela amena y entretenida. Eso sí, el retrato del bárbaro (usando artificios mágicos, planteándose dejar su vida aventurera por una mujer…) no se parece demasiado al Conan original.

De Camp y Carter también se ocuparían de la novelización de la película Conan el Bárbaro (1982). Al tratarse de una historia alternativa, basada en un guión que emplea partes de diversos relatos (La Cosa de la Cripta, La Reina de la Costa Negra, Nacerá una Bruja…), no puede considerarse parte “oficial” de la saga de Conan.

Bantam y Ace. Offutt, Wagner y Anderson (1978–1981)


Andrew J. Offutt es un prolífico autor, que también ha escrito pastiches basándose en Cormac Mac Art, otro personaje de Howard, y es el autor de Conan: la Espada de Skelos (1979). El principal problema de esta novela es su excesiva dependencia de las dos que le preceden narrativamente, también de Offutt: Conan and the Sorceror y Conan the Mercenary (curiosamente, escrita posteriormente), que prácticamente forman una trilogía. Así, aunque puede leerse de manera independiente, la primera mitad del libro parece dedicarse a atar cabos y concluir tramas de sus predecesoras, pasando al primer plano la trama de la propia novela sólo en la segunda mitad. Aún así, la novela es moderadamente entretenida a pesar de estas dependencias. Como curiosidad, en esta novela aumenta bastante la exhibición de carne (femenina, por supuesto) y el uso de un lenguaje más “vulgar” (normalmente se trata de personajes masculinos denigrando a los femeninos…). En la parte negativa, habría que mencionar alguna situación intolerablemente machista, despreciable en cualquier caso, pero más aún teniendo en cuenta la fecha de escritura de la novela.

El Conan de Offutt, por otra parte, es un personaje excesivamente socarrón, e incluso sutil, con poca de la furia bárbara instintiva que le caracteriza a tan temprana edad (la novela deja claro que aún no tiene los dieciocho años). Comparado con el personaje de los relatos de Howard que lo flanquean cronológicamente (La Torre del Elefante y El Dios del Cuenco) parece una persona distinta: charlatán y diplomático, capaz de estar páginas y páginas intercambiando puyas e indirectas con la mujer a la que intenta seducir.

Otras: Conan and the Sorceror (1978 ), Conan the Mercenary (1981)

Karl Edward Wagner probablemente sea más conocido por Kane, su propio personaje de espada y brujería. En 1977 había editado en tres tomos todo el Conan de Howard en las versiones originales, mostrándose bastante crítico con las modificaciones hechas por de Camp. También escribió una novela protagonizada por Bran Mak Morn, el jefe picto creado por Howard.

Wagner demuestra su conocimiento del personaje (fruto de su labor como editor además de la faceta de simple aficionado) en Conan y el Camino de los Reyes (1979). Conan es un joven (aunque ya no tan inexperto) mercenario en Zingara, que se ve envuelto en una revolución en la capital del reino. El estilo de la escritura recuerda al propio Howard y la caracterización del protagonista es fiel a la descripción original. Conan se enfrenta a un aspecto de la civilización que no conocía: el de unas ideas revolucionarias e idealistas que a veces parecen demasiado modernas para una sociedad antigua (aunque sea tan relativamente avanzada como es Zingara).

Curiosamente, el libro también insinúa una reflexión (leve: el aspecto puramente aventurero y de evasión del género sigue siendo el dominante) sobre el poder y su capacidad corruptora. De hecho, el Camino de los Reyes del título no se refiere a la principal ruta comercial del mundo Hiborio (que tiene ese nombre), sino a la senda que se sigue para hacerse con una corona. El punto de vista sobre las idealistas motivaciones que originan y mueven la trama revolucionaria, como no podía ser de otra forma, no es precisamente optimista.

El más conocido de estos nuevos autores del ciclo es sin duda Poul Anderson, ganador de los premios Hugo y Nebula en varias ocasiones, y autor de La Espada Rota o Tres Corazones y Tres Leones (entre muchas más). Para su novela dedicada al Cimmerio, Conan el Rebelde (1980), Anderson decide ambientar su historia justo tras el inicio de la elipsis que hay en medio del relato de Howard La Reina de la Costa Negra. A pesar de esta interesante ubicación, la novela no acaba de estar a la altura, entre otras cosas porque no se aprovecha de ella.

El planteamiento comparte demasiados elementos con las interpretaciones de orientación más religiosa de de Camp para ser fiel al personaje original. Por otra parte, se abusa de la predestinación como un recurso pobre con el que unir personajes y motivaciones (también se hace un uso similar de la magia para resolver algunas situaciones de manera poco satisfactoria). Además, el protagonismo de Conan no aparece realmente hasta pasado el primer cuarto del libro (y Bêlit prácticamente desaparece de la historia).

A su favor hay que reconocerle un correcto retrato de los personajes (incluído el protagonista, aunque está más cerca del Conan de de Camp que del de Howard), una cuidada ambientación en Estigia y algunas logradas escenas de acción. El inicio resulta un poco lento (quizá a ello colabore la ausencia del Cimmerio), pero poco a poco la trama se va animando, aunque el final reincide en dar a Conan un inapropiado papel de paladín de la causa del bien. En general, se trata de una novela correcta, con aciertos y errores, que no destaca ni negativa ni positivamente.

Tor y Robert Jordan (1982–1984)


En 1982 empieza su producción la editorial que probablemente más títulos y autores ha añadido a la serie de Conan: Tor Books. La política de Tor es similar a la que se adopta con cualquier otra literatura–franquicia: autores poco conocidos (es decir, económicos) y producción masiva. No sería ajeno a este fenómeno el éxito del personaje tanto en cine (Conan el Bárbaro se estrena en 1982) como en comic, que hace muy apetecible el publicar “nuevas aventuras” del Cimmerio.

Lógicamente, Tor impone una serie de reglas respecto al material a publicar, que incluyen (además de la habitual longitud fija de las novelas) “suavizar” el personaje, ya que pretenden orientarlo a un público juvenil. Esto no se refiere sólo a los típicos violencia y sexo (que al fin y al cabo en Howard tampoco podía ser nunca excesivamente gráfico, debido a la época en que escribe), sino más al carácter de Conan, más moderado y menos amoral en estos pastiches que en las historias originales.

El primer autor encargado de escribir nuevas novelas sería Robert Jordan, aún lejos de la popularidad que alcanzaría con su serie de La Rueda del Tiempo. Al parecer fue su mujer (editora en Tor) la que le convenció para escribir la primera novela, y se sintió tan cómodo con el personaje que acabaría produciendo un total de siete libros.

En Conan el Invencible (1982) nos encontramos con el Conan joven que trabaja como ladrón en Shadizar. Las complicaciones de un robo le llevan a verse involucrado en una intriga en la que están implicadas diversas facciones, y a unirse a los bandidos del misterioso Halcón Rojo. En esta novela se introducen dos personajes recurrentes que volverán a aparecer en otros libros de Jordan: Karela y Hordo. Karela es una guerrera exhuberante y pelirroja (probablemente inspirada por la Red Sonja de los comics), que tiene una extraña relación de amor/odio con Conan. Por desgracia, esta relación no se verá resuelta en ninguno de los otros libros en que la hará aparecer.

Como mercenario en una turbulenta Nemedia aparece Conan en Conan el Defensor (1982). La trama recuerda en ciertos aspectos a Conan y el Camino de los Reyes, y la implicación en ella de Conan es bastante casual (defecto habitual de las historias de Jordan).

Conan el Invicto (1983) es una de sus novelas más flojas, con una trama relacionada con una maligna secta y un final confuso. Conan se muestra muy experimentado para su supuesta juventud, aunque esto también es bastante usual en casi todos los autores de pastiches.

Conan el Triunfador (1983) es una continuación directa de Conan el Defensor, en la que Conan encabeza su pequeña compañía de mercenarios. Una vez más, el abuso de las casualidades y las coincidencias para hacer avanzar la trama es excesivo.

De nuevo como joven ladrón en Shadizar, en Conan the Magnificent (1984) el Cimmerio se ve impulsado por la rivalidad con una ladrona y acaba en una partida de caza que busca nada menos que un dragón. Aunque la historia es entretenida y más original que otras de Jordan, esta trama de dragones que escupen fuego y espadas mágicas no parece demasiado apropiada para el mundo Hiborio.

Hordo y Conan trabajan juntos como contrabandistas en Conan el Victorioso (1984), algo que ya se había mencionado en Conan el Defensor, y las circunstancias les llevan a la exótica Vendhya. El planteamiento tiene elementos originales y da la sensación de que el propio Jordan se da cuenta de que se está repitiendo mucho últimamente, pero el final es algo decepcionante.

Jordan también se ocupó de la novelización Conan el Destructor (1984), en la que hace lo que puede partiendo de la floja historia de la película. El uso de la magia es muy abundante (y en sus otras novelas ya era alto), presentando a un mago que lanza bolas de fuego con una facilidad pasmosa. Es de agradecer el esfuerzo que hace Jordan para integrar esta historia en la cronología canónica de Conan, aunque algunos de sus recursos son bastante burdos (como la “poción de olvido” usada al final del libro).

En general el Conan de Robert Jordan está relativamente próximo al personaje original, y no puede negarse que las tramas de sus novelas son entretenidas y que se leen de forma fácil y rápida. También son las que dan una mayor importancia al componente erótico: abundan gratuitamente las mujeres con escasez de ropa y no es raro que muchos capítulos acaben con un “fundido en negro” en que algún personaje femenino cae rendido en los brazos de Conan. Esto llega a hacerse exagerado en títulos como Conan el Invicto, en el que parece que no hay un solo personaje femenino que no acabe en la cama del Cimmerio. Por otra parte, Jordan parece tener cierta fijación con los “pechos redondeados”, y este par de palabras (con algunas variaciones) se repite constantemente a lo largo del texto: incluso en momentos de tensión aprovecha para describirnos como tiemblan los pechos (redondeados, claro) de la chica de turno. Este uso de la mujer–objeto contrasta con su creación de algunos personajes femeninos fuertes, si bien un poco estereotipados. La repetición de elementos no se limita sólo a las curvas femeninas: Jordan hace buenas descripciones de los ambientes más bajos de las ciudades Hiborias y de las brujerías que practican los enemigos de Conan, pero las repite de forma prácticamente intercambiable en casi todos los libros. Lo mismo puede decirse de sus tramas que, con escasas variaciones, se componen prácticamente de los mismos elementos básicos.

John Maddox Roberts (1985–1995)

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Tras abandonar Robert Jordan el personaje, Tor empieza a contratar a otros autores (no limitándose a uno) para seguir añadiendo títulos a la serie. De esta manera, alternando autores, Tor puede publicar hasta 3 ó 4 títulos de Conan cada año. El primero de los autores es John Maddox Roberts, que posteriormente ha alcanzado un éxito moderado con alguna de sus series de ficción histórica.

En Conan el Campeón (1987) nos encontramos con un Conan adulto que se convierte en el paladín de una reina bárbara de un pequeño clan del frío Norte. El escenario poco habitual y una trama basada en conflictos entre reyezuelos tribales, con elementos de saga vikinga, la convierten en una novela interesante. Pierde algo de fuelle en su parte central, que lleva al Cimmerio a otra dimensión (algo que no parece propio de una historia de Conan) y parece ser puro relleno (bien construido, eso sí) para llegar al número de palabras requerido por el editor.

El Cimmerio se une a Achilea, una errante reina bárbara, en Conan and the Amazon (1995). En esta novela el autor hace un buen uso de una de las tramas típicas de Howard, con su ciudad perdida en medio del desierto y su extraña civilización. Sin embargo, vuelve a dar la sensación de que la historia hubiera funcionado mejor en un formato más breve y quitando un poco de “paja”, pues le cuesta un poco arrancar. Además, hay un cierto desaprovechamiento de diversas subtramas y el final resulta algo anticlimático: quizá Maddox Roberts ya acusa el cansancio de su dedicación al personaje (esta sería su última novela de Conan).

De sus otras novelas, habría que señalar que Conan the Bold es una historia alternativa de la adolescencia o juventud de Conan, no conciliable con la cronología oficial.

El Conan de Maddox Roberts es un personaje muy próximo al que creó R.E. Howard en su caracterización. También son destacables sus narraciones de las secuencias de acción (probablemente debido a que el autor es aficionado a la esgrima), con una intensidad y detallismo que no se encuentran en otros autores (desde luego, no en Jordan ni en Carpenter, por ejemplo). En general, Maddox Roberts es uno de los autores de pastiches mejor considerados entre los aficionados al Conan original, además de ser uno de los que más títulos ha escrito.

Otras: Conan the Valorous (1985), Conan the Marauder (1988 ), Conan the Bold (1989), Conan the Rogue (1991), Conan and the Treasure of Python (1993), Conan and the Manhunters (1994)

Steve Perry (1986–1990)

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Steve Perry es un autor de ciencia ficción que ha escrito títulos para franquicias tan diversas como Star Wars, Alien o Net Force (basada en una idea de Tom Clancy), además de su propia serie de ciencia ficción Matador.

Conan el Intrépido (1986) nos muestra a un Conan joven, en su etapa de ladrón vagabundo, que se ve envuelto por casualidad en los planes de un maléfico mago en busca del dominio del mundo, mientras tiene que evitar que una hechicera le sacrifique para dar vida a su amante artificial. La historia y el estilo dan la impresión de que Perry ha leído más a Robert Jordan que a Howard.

Tras su primer libro, los demás forman una serie protagonizada por un Conan casi adolescente (en teoría) que huye de la esclavitud y se dirige a su primer contacto con la civilización. En Conan the Indomitable (1989) el protagonista se enfrenta a las intrigas de un reino subterráneo disputado por dos brujos y las distintas criaturas que les sirven (cíclopes, gusanos gigantes, murciélagos…). Si su novela anterior era floja como imitación de Jordan, aquí ya da rienda suelta a su estilo y sus defectos se magnifican. Este reino subterráneo donde todas las criaturas (incluidos los gusanos, los murciélagos y las plantas carnívoras) piensan, hablan y se comportan como seres humanos no tiene cabida en el mundo creado por Howard.

En Conan the Free Lance (1990) el Cimmerio se une a un pueblo que vive en las copas de los árboles para recuperar un talismán que les han arrebatado. El habitual despliegue de especies no humanas incluye hombres-pez y hombres-lagarto, que conviven incluso con los seres humanos. Las situaciones no son tan absurdas (ni tan repetitivas) como en el libro anterior, pero la calidad no es mucho mayor, además de confirmar que Perry no tiene muy claro en que tipo de mundo está ambientada su novela.

Conan the Formidable (1990) repite de nuevo los mismos esquemas de los libros anteriores, y Conan se pasa buena parte del libro o prisionero o embrujado, por lo que resulta poco activo como protagonista. En este caso, el Cimmerio se encuentra con unos gigantes que quieren experimentar con él, unos hombrecillos verdes carnívoros, y un mago que tiene un pequeño circo ambulante de “fenómenos”. No es de las peores novelas de su autor, pero el desenlace es bastante decepcionante.

Perry demuestra en sus libros que no le interesa en absoluto ni el personaje de Conan ni su mundo. El joven Conan que nos describe se comporta como un adulto experimentado, que ya parece conocer a la perfección la civilización y sus costumbres, por no hablar de lo poco que le afecta lo sobrenatural. Además, es un Conan muy afortunado, ya que normalmente las distintas facciones rivales se neutralizan entre sí antes de que el Cimmerio se tenga que enfrentar a ellas (Aunque por otra parte, también es un Conan bastante torpe, que tropieza y pierde su espada con una frecuencia exagerada).

En cuanto al mundo por el que se mueve, plagado de razas y criaturas extrañas, que parecen sacadas de un manual de Dragones y Mazmorras, podría ser cualquier mundo fantástico estándar, pero en ningún caso se parece al mundo Hiborio creado por R.E. Howard. Perry no parece tener mucha experiencia con el género fantástico, y confunde la “espada y brujería” con la “alta fantasía”.

El estilo de Perry es ligero y desenfadado, lleno de indirectas, dobles sentidos e insinuaciones de tipo sexual, que en ocasiones hacen parecer que se está leyendo una comedia basada en la guerra de sexos (con diálogos que, como con Offutt, no parecen propios de un Conan recién salido de su aldea Cimmeria). Y no deja de ser curioso que muchas de las compañeras de lecho de Conan (o de otros personajes) no sean totalmente humanas (aunque sean humanoides y bellísimas, claro está): brujas, mujeres–lagarto, zombies, mujeres–gato, gigantas… Aunque también es cierto que en las novelas de Perry casi hay más personajes no humanos que humanos, así que parece casi inevitable.

Por otra parte, lo inapropiado de algunas situaciones (un mago convertido en niebla que se queja de la corriente de aire, un cíclope y un gusano parlantes que parecen imitar diálogos de Casablanca…) hacen pensar que se le está dando al texto un tono paródico, pero hasta en esto se queda también a medias (se supone que porque Tor lo que quería vender era una novela “seria”, no una comedia de Terry Pratchett).

Aún asumiendo que las novelas de Perry no son aceptables como historias de Conan, ni siquiera resultan medianamente entretenidas (aunque, por suerte, son de lectura rápida). Lo normal es que Perry nos cuente una historia muy simple, alargada mediante el recurso de mostrar las mismas situaciones y escenas afrontadas por cada una de las facciones implicadas en la trama (en ocasiones, cinco o seis). En ocasiones, esta alternancia de escenas se hace con una rapidez exagerada (Perry es capaz de despachar una escena con una sola frase) que dificulta el seguimiento de la trama. En general, a los antagonistas se dedica más espacio que a los protagonistas y desaparece toda posible intriga y misterio (además de hacerse un poco monótono). Steve Perry representa lo peor que puede hacer un autor de pastiches: emplear simplemente los nombres de lugares y personajes impuestos por la franquicia para contar una historia totalmente genérica y repetitiva que no atiende a las particularidades del escenario donde se supone ambientada.

Otras: Conan the Defiant (1987)

Leonard Carpenter (1986–1996)

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Aparte de alguna historia corta, los once títulos protagonizados por Conan constituyen la única producción literaria de Leonard Carpenter, y le convierten en el más prolífico de los autores de pastiches sobre el Cimmerio.

En Conan el Renegado (1986), el protagonista alquila su espada uniéndose a una banda de mercenarios. La historia cuenta las andanzas de este grupo de soldados, al servicio de su amo o como independientes, en una correcta historia de fantasía militar con toques mágicos que recuerda (salvando las distancias) a títulos de Howard como La Ciudadela Escarlata o El Coloso Negro.

Conan el Profanador (1986) nos lleva a una ciudad-estado de Shem en la que se está construyendo una enorme tumba para el gobernante (por influencia de sus vecinos Estigios). Conan se ve forzado a unirse a una banda de ladrones de tumbas y el libro va desgranando las situaciones con que se encuentran en este entorno. Por supuesto, la momificación de los muertos tiene su parte de importancia en la trama.

En Conan the Warlord (1988 ) el bárbaro es un joven ladrón en Nemedia, contratado para hacerse pasar por el doble de un aristócrata (al estilo de El Prisionero de Zenda). La vida de este noble peligra por la existencia de campesinos rebeldes y un misterioso culto siniestro a las serpientes. A pesar de sus defectos (incluyendo el discutible planteamiento), el libro parece seguir una verdadera trama principal y no ser simplemente un conjunto de escenas relacionadas.

En Conan the Hero (1989), Conan es un soldado del poderoso ejército del imperio de Turán, en plena campaña en la jungla. Esta historia de una guerra en un territorio difícil, en la que aparece el contrabando del loto (cuyos alucinógenos efectos experimenta Conan directamente), parece claramente influida por la guerra de Vietnam (se publica en la época del éxito de películas como Platoon, La Chaqueta Metálica y otras). El principal problema vuelve a ser la falta de una línea argumental clara, que mezcla escenas de la guerra con una subtrama de conspiraciones y empleo de la figura de Conan como héroe propagandístico.

Conan y la Hermandad Roja (1993) está situado directamente después del relato de Howard Sombras de Hierro a la Luz de la Luna. Conan se dedica a su carrera como pirata, mientras en Turán el emperador busca nuevas mejoras para su ya poderosa armada. Inevitablemente, los intereses de ambos acabarán encontrándose en esta correcta novela de piratas.

Conan. El Azote de la Costa Sangrienta (1994) es una secuela directa del anterior título de Carpenter. El elemento sobrenatural es algo más importante, y aparecen elementos típicos como son los tesoros y las ciudades perdidas. Conan es un jefe pirata cada vez con más aspiraciones, pero el interesante planteamiento se vuelve aburrido por la habitual inconsistencia de la trama. El climax (aunque típico) está un poco por encima de la media para lo normal en el autor.

Conan the Gladiator (1995) comienza con un Conan que (por razones poco claras) se une como forzudo a un circo ambulante. La situación mejora cuando pasa a dedicarse a luchar en otro tipo de circo, pero tampoco mucho. Quizá en este libro sea donde más descuidada esté la ambientación, aunque por contra aparecen algunos personajes bastante interesantes. Este cuidado por el retrato de los personajes no se extiende a Conan, que en esta novela está irreconocible: se mueve por razones absurdas y poco creíbles, se desmaya en una operación quirúrgica e incluso tiene una crisis existencial relacionada con la abundante violencia en su vida. Además, la trama es débil y casi inexistente.

A pesar de algunos pequeños defectos de ambientación, en general Carpenter hace un buen trabajo en lo que respecta a la descripción del mundo Hiborio. Los elementos sobrenaturales no son excesivos y resultan bastante coherentes con el mundo creado por Robert E. Howard. Sus personajes, por otra parte, son bastante planos y poco memorables. Eso incluye al protagonista, que podría ser sustituido perfectamente por cualquier otro personaje sin grandes esfuerzos. Como mucho, cuando Conan es joven, le dota de cierta actitud inmadura que tampoco parece muy apropiada.

Carpenter, aunque repita escenas y situaciones, no sigue una fórmula predeterminada en sus historias. Sin embargo, tampoco parece que sepa desarrollarlas demasiado bien: quizá es el autor que más hubiera necesitado una fórmula en la que apoyarse. Por regla general, en sus libros va presentando diversas situaciones más o menos relacionadas con la trama principal y da la sensación de que cuando se aproxima al número de páginas pedidas por el editor se da cuenta de que tiene que ir acabando. En consecuencia, sus finales suelen resultar tremendamente flojos y anticlimáticos. Su estilo también resulta un poco frío, y ni siquiera levanta algo de apasionamiento en las escenas de acción.

Leonard Carpenter podría haber sido un buen autor para los pastiches de Conan, pues plantea ideas y situaciones originales (sin resultar demasiado ridículas ni exageradas, como sucede con Steve Perry). Además, suele enlazar sus novelas con elementos procedentes de las historias de Howard y de Camp, dando sensación de continuidad. También es uno de los pocos autores que emplea uno de los recursos que empleaba el propio Howard habitualmente, el de utilizar a Conan como protagonista de historias de distintos estilos o ambientaciones: piratas, folletín, guerra, momias… Por desgracia, sus libros son algo que no debería ser nunca una historia de Conan: son aburridos.

Otras: Conan the Great (1989), Conan the Outcast (1991), Conan the Savage (1992), Conan, Lord of the Black River (1996)

Roland Green (1988–1997)

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Roland Green está especializado en ciencia ficción militar, aunque también ha escrito dentro del género fantástico (como algunas novelas de la serie Dragonlance).

Conan the Valiant (1988 ) introduce a Conan, joven capitán de mercenarios, en la rivalidad entre dos hechiceros por unas gemas mágicas. Se trata de una historia rutinaria, con una narración un tanto confusa, personajes desaprovechados, y subtramas poco interesantes. La trama principal tampoco es capaz de mantener el interés del lector hasta el insípido final.

En Conan the Relentless (1992) el Cimmerio es un aventurero vagabundo, que se reencuentra con Raihna, personaje femenino de la novela anterior. Ambos se ven envueltos en una tópica intriga en un reino con el ambicioso usurpador de turno. La ambientación está bastante descuidada, y el final resulta anticlimático y excesivamente alargado.

Conan and the Gods of the Mountain (1993) se presenta nada menos que como una continuación de Clavos Rojos. Valeria y Conan huyen por la jungla de su aventura en la misteriosa ciudad de dicho relato y se encuentran finalmente con la rivalidad entre dos tribus. La historia repite los mismos elementos de la novela anterior: rivalidad entre facciones, personajes que cambian de bando, un insípido grupo de hechiceros, un brujo del lado de los buenos, confusas batallas... La ambientación está más cuidada y el final está algo mejor construido, a pesar de la poca participación de los supuestos protagonistas.

Conan at the Demon’s Gate (1994) está ambientada después de la relación entre Conan y Bêlit, lo que sirve al autor para darle algo más de profundidad al personaje del Cimmerio. La novela también llama la atención por emplear un recurso novedoso en unas historias que raramente se salen de la narración totalmente lineal. El prólogo, el epílogo y un interludio están ambientados en el futuro de la trama principal (durante el reinado del hijo de Conan), enmarcando la historia. Por desgracia, el uso de un elemento mágico absolutamente exagerado y fuera de lugar en el mundo Hiborio (un portal que transporta a los protagonistas de una región a otra) hace bajar enteros a la que podría ser la mejor novela de Green.

Por el contrario, Conan and the Mists of Doom (1995) debe ser uno de los peores trabajos del autor. El protagonismo de Conan es totalmente casual, sin que intervenga prácticamente ni en el desarrollo de la trama ni en su conclusión. Debe suponerse que es una novela de Conan únicamente porque su nombre aparece en el título.

En Conan and the Death Lord of Thanza (1997), el Cimmerio se une al ejército (en parte para escapar de sus perseguidores) y se enfrenta con una banda de fuera de ley que buscan un objeto mágico que da poder sobre la muerte. La novela es una vez más una serie de escenas bastante inconexas, con lo que al final del libro no queda muy claro qué es lo que el autor quería contar. Además, cuenta con una de las escenas más ridículamente improbables que se hayan escrito sobre Conan, al mostrarnos al Cimmerio capitaneando una compañía de esqueletos guerreros (que, además, hasta tienen sentido del humor) con los que se ha aliado.

Roland Green puede considerarse en cierto modo como un mal imitador de Robert Jordan, con sus defectos magnificados (y ninguna de sus virtudes). Sus novelas son repetitivas y formulaicas, empeoradas además por una narración confusa (especialmente grave en las escenas de acción) que las hace demasiado pesadas de leer. Sus personajes son planos y totalmente faltos de cualidades que los hagan memorables, con lo que resulta especialmente triste su recuperación de una novela a otra, cuando el lector probablemente no recuerde nada de ellos. Hasta comparte (y exagera) con Jordan la atención excesiva a la anatomía femenina en los momentos más inadecuados.

Los elementos mágicos y sobrenaturales son excesivos, dominando la trama. De hecho, en muchos casos casi se puede considerar que la historia gira alrededor del enfrentamiento entre los hechiceros malvados (con su poderosa criatura sobrenatural aliada) contra los excesivamente frecuentes magos más o menos “buenos”. En este conflicto, Conan apenas participa de su resolución, actuando simplemente como testigo o, en el peor de los casos, viéndose afectado de refilón por estos actos. Por otra parte, a eso hay que unirle la mala caracterización del protagonista (lo que comparte con el resto de personajes del reparto).

Como con Steve Perry, da la sensación de que Green se está limitando a contar con desgana una historia genérica en el entorno impuesto por la franquicia para la que está escribiendo, pero que podía haber ambientado perfectamente en cualquier otra. Al menos, Green muestra un respeto mayor por la ambientación, aunque su estilo confuso y descuidado hace que sus libros no sean ni tan siquiera válidos como lectura ligera.

Otras: Conan the Guardian (1991)

Sean A. Moore (1994–1996)

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La temprana muerte de Sean A. Moore en un accidente de tráfico limita su obra a tres novelas de Conan y a la novelización de la película Kull el Conquistador.

Conan the Hunter (1994) está protagonizado por un Conan joven e inexperto, enfrentado a una típica mezcla de conspiraciones y brujería. Tomadas de manera individual, las distintas situaciones que describe la novela resultan interesantes y bien escritas. Sin embargo, la estructura de la novela resulta demasiado confusa, con giros en la trama que resultan anticlimáticos y le restan coherencia.

La misma carencia de una estructura clara la sufre Conan and The Grim Grey God (1996). En esta novela, Conan es un experimentado capitán pirata que se toma un “descanso” en su trabajo para buscar una misteriosa ciudad perdida. Esta trama se entremezcla con las historias de otros personajes interesados en la misma ciudad, mientras el protagonista pasa por diversas situaciones sin mucha relación aparente con su objetivo principal (que, en muchos momentos, parece perderse de vista). El brujo Thoth – Amon hace una poco lograda aparición, y el apocalíptico final resulta totalmente plano y falto de fuerza.

Moore hace un trabajo claramente irregular. Su caracterización de los personajes y la ambientación son bastante correctas, y se nota que el autor conoce el material original. Sus escenas, tanto las de acción como las de horror, están narradas de forma competente (si bien no espectacular). Estas virtudes podrían situarle entre los autores más interesantes de los pastiches. Sin embargo, la trama principal se pierde entre esta maraña de situaciones y subtramas, dando una cierta sensación de improvisación a la hora de haber sido escrito el texto y, lo que es peor, haciendo que el lector no consiga implicarse fácilmente en la historia.

Otras: Conan and the Shaman’s Curse (1996)

John C. Hocking (1995)

Hasta el momento, lo único que ha publicado John C. Hocking ha sido su novela sobre Conan. Se sabe que tiene otro título escrito (Conan and the Living Plague), pero que no llegó a publicarse por problemas de diversa índole.

Conan and the Emerald Lotus (1995) comparte muchos de los defectos habituales de otros autores, aunque no en grado demasiado alto. Así, el protagonista es un Conan demasiado genérico, aunque respetuoso con el personaje. Igualmente respetuosa resulta la ambientación y se nota el respeto y conocimiento del material de Howard. La magia y las criaturas sobrenaturales están demasiado presentes en la historia, que cuenta con el rutinario enfrentamiento entre un mago bueno (aliado de Conan) y otro malvado (alrededor de la adictiva droga que aparece en el título). En todo caso, el libro está bien escrito, con personajes correctamente descritos, y desarrollado con un buen ritmo (a pesar de partes que parecen ser relleno) y un clímax bastante adecuado. En consecuencia, la buena reputación que tiene este libro entre los aficionados al personaje se explica sobre todo porque su calidad le hace destacar (aunque tampoco demasiado) entre el conjunto de los pastiches con los que comparte época en el mercado: un Carpenter bastante flojo, un aburrido Leonard Green y el irregular Sean A. Moore.

Harry Turtledove (2003)

Varios años después de la última publicación de un pastiche de Conan (con excepciones, los 90 fueron años bastante vulgares para los nuevos libros del personaje), es un autor de un cierto prestigio, Harry Turtledove, el que se enfrenta de nuevo al personaje. Turtledove es historiador y ha escrito abundantes títulos de historia alternativa.

El saqueo por parte de las hordas Cimmerias del fuerte de Venarium, en el que participa un joven Conan de menos de quince años, es uno de esos momentos icónicos que Howard menciona respecto al pasado del Cimmerio, pero que no llegó a desarrollar.

Conan of Venarium (2003) rompe con la mayoría de los tópicos de otros pastiches y su autor la presenta más como una novela histórica, protagonizada por un Conan niño–adolescente. La historia es correcta, si bien algo falta de pasión (el propio saqueo de Venarium carece de intensidad) y melodramáticamente previsible. Nos muestra la situación y los horrores de la invasión Aquilonia y la resistencia de los Cimmerios tanto desde el punto de vista de los invadidos como de los invasores. En la novela no abundan los elementos sobrenaturales, que por otra parte resultan tremendamente forzados. En todo caso, el principal problema de la novela es el personaje principal: un Conan demasiado similar a cualquier niño y que deja ver pocas de sus características futuras (y para cuya situación familiar el autor se inspira en el propio Howard). Turtledove ignora detalles y elementos del personaje que habían sido establecidos por Howard en sus relatos (lo que es bastante imperdonable), así como en sus cartas y en las historias de otros autores (esto resulta más disculpable, pero demuestra muy poco interés por documentarse). En general, esto es lo que hace que esta novela tenga la mala reputación que tiene entre los aficionados.

Así pues, Conan of Venarium resultaría pasable como historia de un niño de una tribu bárbara de una región invadida por un imperio civilizado (por ejemplo, celtas y romanos…), pero es claramente decepcionante como novela que narre los orígenes de Conan.

La Era de Conan

Tras el fracaso del último pastiche publicado, los dueños de los derechos del personaje cambian de estrategia. Bajo el título común de La Era de Conan, se planifican y publican cuatro trilogías, protagonizadas esta vez por personajes nuevos, con la salvedad de que son habitantes de la Era Hiboria durante la época en la que Conan es Rey de Aquilonia. Lo que no ha cambiado es el tipo de autores escogidos, sacados nuevamente de las filas de los escritores de encargo y de franquicia.

Legends of Kern (Blood of Wolves, Cimmerian Rage, Songs of Victory) de Loren L. Coleman trata de un guerrero Cimmerio expulsado de su clan.

Anok, Heretic of Stygia (Scion of the Serpent, Heretic of Set, Venom of Luxur) de J. Steven York está protagonizada por un bribón callejero Estigio en busca de venganza.

La Aquilonia Trilogy (The God in the Moon, The Eye of Charon, The Silent Enemy) de Richard A. Knaak cuenta las aventuras de un noble Aquilonio que deja su acomodada vida para unirse al ejército de su país.

La Marauders Trilogy (Ghost of the Wall, Winds of the Wild Sea, Dawn of the Ice Bear) de Jeff Mariotte se centra en un joven y vengativo guerrero Picto.

Como era de esperar, las críticas y la acogida han sido irregulares, como sucede con los pastiches protagonizados por el propio Conan: hay libros mejores y libros peores, pero ninguno es especialmente destacable. Las mejores críticas parecen haber sido para las trilogías de Aquilonia y la de Legends of Kern.

En todo caso, lo que sí parece una mejora es la propia estrategia de cambiar de protagonista en estos nuevos pastiches: es preferible buscar nuevos personajes y dejar descansar a Conan (aunque parece imposible que alcancen el carisma de este). Quizá un planteamiento más atractivo hubiera sido explorar las historias de diversos personajes secundarios creados por Howard, y que podrían resultar inicialmente más interesantes que estos desconocidos.


Conan: Las Leyendas (II)
(26/11/2007 09:05:46 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)

Conclusiones

Pueden distinguirse claramente tres etapas dentro de la producción de los pastiches dedicados a Conan. La primera, la de los Lancers, sería la más interesante, por presentar material (sobre todo las historias cortas) más cercano a la concepción inicial de Howard, y por la presentación de una biografía de Conan. El punto negativo estaría representado por las innecesarias alteraciones de los textos originales que los acompañaba. La segunda etapa sería la formada por las primeras novelas escritas por otros autores, y es más irregular, aunque el nivel de los autores la hace a priori más interesante. La tercera, la de los Tors y sucesores, es donde se produce totalmente la mercantilización y bastardización del personaje (aunque haya novelas más o menos apreciables), que cae en las manos de algunos escritores realmente malos (al menos para este trabajo).

Uno de los principales problemas que presentan las novelas una vez se convierte en franquicia, es el estricto conjunto de reglas que imponen (limitando la creatividad de los escritores). Así, por ejemplo, cualquier nueva novela debe ocupar su puesto en los huecos establecidos en la cronología, y no es posible dar puntos de vista alternativos a cosas ya escritas. En consecuencia, un nuevo autor no puede escribir su propia versión del ascenso a la corona de Conan (y, al parecer, Karl Edward Wagner tenía una prometedora sinopsis de una novela sobre esto que se hubiera titulado Day of the Lion) o del tiempo que pasó con Bêlit. Quizá lo peor, desde el punto de vista del aficionado a R.E. Howard es que se da la misma validez canónica a las creaciones de cualquier autor, poniéndolo al nivel del creador del personaje. Así, se pierde de vista quien es ese creador y donde está el origen de Conan, algo ya de por sí problemático en un personaje del que mucha gente piensa que ha nacido en los comics. Además, en la mayor parte de los casos los autores de pastiches buscan el “más difícil todavía”, con lo que los elementos de la obra de Howard resultan casi inofensivos por comparación. En los pastiches los brujos siempre son los más poderosos, los monstruos los más sobrenaturales e inhumanos, y el destino del mundo siempre descansa en los hombros del Cimmerio. En general, algo bastante alejado del tono establecido originalmente por el creador de Conan.

Otro problema con la excesiva abundancia de aventuras protagonizadas por Conan es que llega un momento en que es imposible considerar que todo eso lo vivió una misma persona. Aunque se trate de un personaje ficticio, la credibilidad se resiente: cada vez es más difícil encontrar huecos en la mencionada cronología y parece que Conan nunca tuvo una temporada tranquila en su vida, en la que no viviera aventuras (muchas de ellas de proporciones casi apocalípticas). Además, desde un punto de vista menos serio, con el patrón impuesto para titular las novelas (“Conan el esto”, “Conan lo otro”…), se acaban las ocupaciones o adjetivos con que poner nombre a los libros (cuyos títulos, por otra parte, pocas veces tienen relación con el contenido)…

Así, llega un momento en el que hay que pensar que, si Conan hubiera sido un personaje real, casi todo lo que se ha escrito sobre él (aparte de Howard, naturalmente, y quizá algunas cosas de los Lancers) no son más que leyendas. Estas historias, normalmente exageradas, se atribuyen a ese Conan supuestamente real, pero no dejan de ser historias de segunda o tercera mano, inventadas o protagonizadas realmente por otros personajes que se parecen al Cimmerio. Pueden ser entretenidas, naturalmente, pero no puede perderse de vista que no son el verdadero Conan.

Apéndice 1 – Serie Gnome Press

Conan the Conqueror (1950): The Hour of the Dragon
The Sword of Conan (1952): The People of the Black Circle, The Slithering Shadow, The Pool of the Black One, Red Nails
King Conan (1953): Jewels of Gwahlur, Beyond the Black River, The Treasure of Tranicos, The Phoenix on the Sword, The Scarlet Citadel
The Coming of Conan (1953): The Hyborian Age, The Shadow Kingdom (Kull), The Mirrors of Tuzun Thune (Kull), The King and the Oak (Kull), The Tower of the Elephant, The God in the Bowl, Rogues in the House, The Frost Giant's Daughter, Queen of the Black Coast
Conan the Barbarian (1954): Black Colossus, Shadows in the Moonlight, A Witch Shall be Born, Shadows in Zamboula, The Devil in Iron
Tales of Conan (1955): The Blood – Stained God, Hawks Over Shem, The Road of the Eagles, The Flame Knife
The Return of Conan (1957)

Apéndice 2 – Serie Lancer/Ace

El orden por el que aparecen aquí los distintos títulos es el que se corresponde con la cronología del personaje, aunque debe notarse que no fueron publicados por ese mismo orden.

Conan (1968 ): The Hyborian Age (part 1), The Thing in the Crypt, The Tower of the Elephant, The Hall of the Dead, The God in the Bowl, Rogues in the House, The Hand of Nergal, The City of Skulls
Conan of Cimmeria (1969): The Curse of the Monolith, The Bloodstained God, The Frost Giant's Daughter, The Lair of the Ice Worm, Queen of the Black Coast, The Vale of Lost Women, The Castle of Terror, The Snout in the Dark
Conan the Freebooter (1968 ): Hawks Over Shem, Black Colossus, Shadows in the Moonlight, The Road of the Eagles, A Witch Shall Be Born
Conan the Wanderer (1968 ): Black Tears, Shadows in Zamboula, The Devil in Iron, The Flame Knife
Conan the Adventurer (1966): The People of the Black Circle, The Slithering Shadow, Drums of Tombalku, The Pool of the Black One
Conan the Buccaneer (1971)
Conan the Warrior (1967): Red Nails, Jewels of Gwahlur, Beyond the Black River
Conan the Usurper (1967): The Treasure of Tranicos, Wolves Beyond the Border, The Phoenix on the Sword, The Scarlet Citadel
Conan the Conqueror (1967)
Conan the Avenger (1968 ): The Return of Conan, The Hyborian Age (part 2)
Conan of Aquilonia (1977): The Witch of the Mists, Black Sphinx of Nebthu, Red Moon of Zembabwei, Shadows in the Skull
Conan of the Isles (1968 )

Estos títulos fueron publicados en castellano en España por Bruguera en 1973 (excepto lógicamente Conan de Aquilonia), por Forum en 1983 (de Conan a Conan el Aventurero) y 1984 (de Conan el Bucanero a Conan de las Islas), y por Martínez Roca entre 1995 (de Conan a Conan el Bucanero), 1996 (de Conan el Guerrero a Conan de Aquilonia) y 1997 (Conan de las Islas).

Apéndice 3 – Los Pastiches en España

Los siguientes títulos fueron publicados por Martínez Roca:

Conan el Invencible – Robert Jordan (1995)
Conan el Defensor – Robert Jordan (1995)
Conan el Invicto – Robert Jordan (1996)
Conan y el Camino de los Reyes – Karl Edward Wagner (1996)
Conan: la Espada de Skelos – Andrew Offutt (1996)
Conan el Libertador – Sprague de Camp (1997) (atribuido erróneamente a Karl Edward Wagner)
Conan el Rebelde – Poul Anderson (1997)
Conan y el Dios Araña – Sprague de Camp (1997)
Conan el Triunfador – Robert Jordan (1997)
Conan el Destructor – Robert Jordan (1997)
Conan el Intrépido – Steve Perry (1998 )
Conan el Victorioso – Robert Jordan (1998 )

Por su parte, La Factoría de Ideas publicó estos títulos (además de El Tesoro de Tranicos, de Howard):

Conan el Renegado – Leonard Carpenter (2000)
Conan el Profanador – Leonar Carpenter (2001)
Conan el Campeón – John Maddox Roberts (2001)
Conan y la Hermandad Roja – Leonard Carpenter (2001)
Conan, el Azote de la Costa Sangrienta – Leonard Carpenter (2003)

Apéndice 4 – Cronología Completa

La siguiente lista recoge por orden cronológico las novelas y relatos (en cursiva) dedicados a Conan, tanto los escritos por R.E. Howard como por otros autores. Cualquier intento de dar orden a las historias de Conan estará siempre sujeto a discusión (especialmente en lo que respecta a los relatos originales de Howard), pero se incluye esta lista (debida a William Galen Gray) por ser la más completa existente. Entre corchetes se indica al lado de algunos títulos la edad aproximada que se le atribuye a Conan en ese momento (dato cuya credibilidad también debe tomarse con la prudencia necesaria en estos casos).

Conan of Venarium [15]
Legions of the Dead [16]
The Thing in the Crypt
Conan the Defiant
Conan the Hunter
Conan the Indomitable
Conan the Free Lance
Conan the Formidable
The Tower of the Elephant
Conan and the Sorcerer
Conan the Mercenary
Conan: The Sword of Skelos
Conan the Outcast
Conan the Destroyer
Conan the Magnificent
Conan the Invincible [17]
The Hall of the Dead
Conan the Fearless [18]
The God in the Bowl
Conan the Warlord
Rogues in the House
Conan the Victorious [19]
Conan the Unconquered [20]
The Hand of Nergal
The City of Skulls [21]
Conan the Hero
The People of the Summit
The Curse of the Monolith
Conan the Valiant
Conan and the Spider God [22]
The Blood – Stained God
Conan the Valorous
The Frost Giant's Daughter
The Lair of the Ice Worm [23]
Conan the Relentless
Conan the Savage
Conan the Defender
Conan the Triumphant
Conan the Guardian
Queen of the Black Coast (cap. 1) [24]
Conan the Rebel [25]
Queen of the Black Coast (cap. 2–5) [27]
Conan at the Demon's Gate
The Vale of Lost Women
The Castle of Terror
The Snout in the Dark
Conan the Gladiator
Conan and the Emerald Lotus
Hawks Over Shem [28]
Black Colossus
Shadows in the Dark [29]
Conan: The Road of Kings
Conan the Renegade
Iron Shadows in the Moon [31]
Conan of the Red Brotherhood
Conan: Scourge of the Bloody Coast
Conan the Champion
The Road of the Eagles [32]
A Witch Shall Be Born
Black Tears [33]
Conan and the Manhunters
The Man–Eaters of Zamboula
Conan the Raider
The Star of Khorala
Conan and the Death Lord of Thanza
Conan and the Amazon
The Devil in Iron [34]
The Flame Knife [35]
Conan and the Shaman's Curse
The People of the Black Circle
Conan the Marauder
Conan and the Mists of Doom
Xuthal of the Dusk [36]
Drums of Tombalku
The Gem in the Tower [37]
Conan and the Grim Grey God
The Pool of the Black One [38]
Conan the Buccaneer
Red Nails [39]
Conan and the Gods of the Mountain
The Servants of Bit–Yakin
The Ivory Goddess [40]
Conan and the Treasure of Python
Conan: Lord of the Black River
Conan the Rogue
Beyond the Black River
Moon of Blood
The Black Stranger
Wolves Beyond the Border
Conan the Liberator [41]
The Phoenix on the Sword
The Scarlet Citadel [42]
The Hour of the Dragon [44]
Conan the Avenger [46]
Conan the Great
The Witch of the Mists [56]
Black Sphinx of Nebthu [58]
Red Moon of Zembabwei
Shadows in the Skull [59]
Conan of the Isles [60]


Hay que Reirse de los Ingleses
(03/10/2007 09:03:01 - 2 comentarios. 10 puntos. Nuevo comentario.)

Bueno, pues después de este llamativo titular, debo confesar que no voy a hacer ninguna proclama más o menos patriótica y/o xenófoba. Tampoco voy a reclamar el territorio gibraltareño, ni a realizar reivindicaciones de tipo deportivo. Simplemente me voy a limitar a comentar unas cuantas comedias procedentes del Reino Unido. No se trata de una revisión exhaustiva, sino de una simple selección basada sobre todo en gustos personales (y los gustos en comedia, quizá más que en otros géneros, suelen ser MUY personales).

(Por cierto, voy a intentar poner ejemplos sacados de youtube, subtitulados o doblados al castellano cuando sea posible)

Los Caballeros que Dicen Nnni

En el principio fueron los Monty Python. Su influencia y la creación de un estilo de humor propio (pythonesco es una palabra que debería estar en el diccionario) son innegables. Que el surrealismo de sus historias no es para todo el mundo, también: los Python son uno de esos casos en los que se suele decir que o se les ama o no se los aguanta.


Estos cinco cómicos empezaron con su programa de sketches Monty Python Flying Circus (1969 – 1973), que dejó para la historia de la comedia una buena serie de gags inolvidables:

Cada Esperma es Sagrado

El espíritu de los Monty Python aparece en una forma menos anárquica y desquiciada en Un Pez Llamado Wanda (1988 ), protagonizada por John Cleese y Michael Palin, una divertidísima comedia para todos los públicos. Su promocionada continuación (sólo por reunir al equipo: la historia no tiene nada que ver) Criaturas Feroces (1997) no estuvo a la altura. Cleese ha seguido haciendo comedia regularmente, y también es muy conocida su serie Hotel Fawlty (1975), que confieso no haber visto.

Por su parte, Terry Gilliam ha desarrollado una interesante carrera como director, aunque no de comedias (Brazil, Doce Monos, El Secreto de los Hermanos Grimm).

La Víbora Negra

Rowan Atkinson es conocido sobre todo por su personaje de Mr. Bean, al que dio vida en diversos episodios televisivos entre 1990 y 1995, y en dos películas (en 1997 y 2007). El humor de Bean es puramente físico y, de hecho, la serie televisiva casi puede considerarse muda.




Sin embargo, antes de ser Bean, Atkinson había hecho una gran serie cómica: La Víbora Negra (1982 – 1989). En cada una de las cuatro temporadas de esta serie, Atkinson da vida a un miembro de la familia Blackadder en distintas épocas de la historia británica: la edad media, la época isabelina, la etapa de la regencia, y la primera guerra mundial. La serie parodia todos los tópicos correspondientes, y además cuenta con un reparto de lujo. En distintos episodios vemos a actores hoy tan conocidos como Robbie Coltrane (Hagrid en Harry Potter), Jim Broadbent, Miriam Margoyles, Stephen Fry, Miranda Richardson o Hugh Laurie (sí, el famoso Dr. House)

[url=http://www.youtube.com/watch?v=0e6mfXqrpEg">Blackadder y el Príncipe Regente

La Comedia Romántica de Richard Curtis

Richard Curtis es un guionista que ha trabajado con Rowan Atkinson en Mr. Bean y en La Víbora Negra. En los últimos años se ha especializado en la comedia romántica (género que no me apasiona cuando lo hacen en Hollywood, pero que reconozco que a este inglés se le da bastante bien).

Todo empezó con Cuatro Bodas y un Funeral (1994), una comedia que marcó una época. Entre otras cosas, y para bien o para mal, convirtió a Hugh Grant en una estrella: un actor limitado pero que está en su salsa en estos papeles de inglés despistado. El éxito se intentó repetir con Notting Hill (1999), que era bastante más floja, aunque los resultados en taquilla estaban asegurados al contar con la presencia de Julia Roberts. De hecho, aún es posible encontrar turistas en el barrio londinense buscando la famosa casa de la película.

Más flojas me parecen tanto El Diario de Bridget Jones (2001) como su secuela Bridget Jones: Sobreviviré (2004). Quizá se trate de que son historias más previsibles (como también sucedía con Notting Hill), o quizá sea que realmente están más orientadas al público femenino.

El título de “comedia romántica definitiva” (y así se publicitaba) es para Love Actually (2003), el estreno de Curtis como director. Se trata de una comedia romántica coral, con diversas historias más o menos entrelazadas. Tiene momentos muy edulcorados (además, también es película navideña), pero se ven matizados por la amargura que destilan otras tramas. La naturaleza de la película hace que no sea difícil encontrar alguna historia con la que verse identificado, y el reparto de la película es absolutamente impresionante: Hugh Grant, Colin Firth, Emma Thompson, Liam Neeson, Keira Knightley, Bill Nighy, Alan Rickman y muchos, muchos más.

[url=http://www.youtube.com/watch?v=h3o1si3FICg">Hugh Grant Desmelenado
[url=http://www.youtube.com/watch?v=XuhdWVe00wE">La Dificultad de las Compras de Navidad
[url=http://www.youtube.com/watch?v=EWjl80WFBzY">La Canción Navideña

Sacha Baron Cohen

En las antípodas de las comedias del apartado anterior estaría Sacha Baron Cohen, procedente del mundo televisivo, donde ha interpretado diversos personajes paródicos. Dos de ellos ya han sido adaptados al cine (y un tercero lo está siendo). El humor de Sacha Baron Cohen es un humor poco sutil, con mucha acidez y bastante (mucha) sal gorda. Desde luego, muy lejos de la sutileza que se asocia típicamente al humor británico, y a años luz de lo políticamente correcto.

Ali G Anda Suelto (2002), doblada aquí por Gomaespuma, gira alrededor de un joven inglés al que le gustaría ser el arquetípico rapero del Bronx. Después de verla, no puedo evitar revolcarme de la risa cada vez que se me cruza uno de esos coches que van escuchando hip–hop a todo volumen: Respecto

Más popular ha sido Borat (2006) una película con aspecto de documental y cámara oculta que trata del viaje de un reportero de un primitivo Kazajistán a los Estados Unidos. El machismo y racismo de un Borat obsesionado por Pamela Anderson sirve para criticar muchos aspectos de la sociedad estadounidense.

[url=http://www.youtube.com/watch?v=l4tXll1CmrQ">Ali G Anda Suelto (fragmentos)
[url=http://www.youtube.com/watch?v=q6e1-kovrSg">Borat aprendiendo a hacer humor al estilo americano

Simon Pegg y Nick Frost

Esta pareja de actores cómicos, unidos al director y guionista Edgar Wright, se dieron a conocer con la serie televisiva Spaced (1999 – 2001). La serie cuenta las peripecias de una pareja de solteros que se ven forzados a compartir piso: él es dibujante de comics y ella aspirante a escritora. Aparentemente una comedia costumbrista como cualquier otra, lo que la sitúa por encima de otras muchas es la gran cantidad de referencias cinéfilas y de la cultura popular (de Star Wars a John Woo) que hay en la serie. De hecho, la serie en DVD incluye una pista de subtítulos detallándolas todas.

[url=http://www.youtube.com/watch?v=shHh4Ju7kXA">Paintball en Spaced

Esas mismas constantes se dan en Shaun of the Dead / Zombies Party (2004), mezcla de comedia más o menos romántica y película de zombies. El día que Shaun decide arreglar las cosas con su novia es precisamente el día en que los zombies invaden el mundo. Hot Fuzz / Arma Fatal (2007) hace más o menos lo mismo, pero con el género policiaco (desde las películas de acción americanas a los misterios de estilo inglés). El protagonista es un super – policía al que mandan a un pueblecito de la campiña inglesa. Sin embargo, no se trata de parodias tontas al estilo de las Scary Movie y …como puedas. Se trata de películas que podrían pertenecer perfectamente a sus respectivos géneros, pero tomadas en forma de comedia. Por cierto, que en Arma Fatal aparecen en un par de cameos unos irreconocibles Peter Jackson y Cate Blanchett.

[url=http://www.youtube.com/watch?v=R9mmDR3zUvU">Shaun of the Dead (fragmentos)
[url=http://www.youtube.com/watch?v=i7J_vYN5ZkY">Trailer de Hot Fuzz

[img]http://i12.photobucket.com/albums/a219/MithrandirTA/Humor/hotfuzz.jpg\' align=\'left\' width=\'128\' class=\'Imagen\' border=\'0\'>


Ambos actores hacen más o menos siempre el mismo papel: Pegg es el tipo más o menos normal y Frost es su contrapunto más cómico y “tonto” que le saca de quicio. El conflicto entre ambos personajes forma buena parte de la comicidad de su actuación. Si algún día me encargo de hacer el casting de una película del Mundodisco, ya tengo elegidos a los actores que se ocuparán de los papeles de Rincewind y Dosflores.

El Trabajo Hay que Tomárselo a Risa

Dos series bastante recientes han puesto el punto de mira en el lugar de trabajo. La primera de ellas es The Office (2001 – 2003), protagonizada por un estupendo Ricky Gervais en el papel de un jefe totalmente inaguantable. La serie tiene formato de documental, como si un equipo de televisión fuera al lugar de trabajo a examinar las relaciones y vivencias de los trabajadores, y mezcla la comedia con las miserias del mundo laboral.

[url= http://www.youtube.com/watch?v=hlLSgwyiFBY">Cuando el Jefe tiene una Guitarra

Por su parte, The IT Crowd (2006 – 2007) se centra en los encargados de soporte técnico – informático de una empresa. Es una serie de formato más tradicional que The Office, y quizá llegué más al público que conozca ese tipo de trabajo (mientras que en The Office se encontraban situaciones adecuadas para cualquier tipo de oficina).

[url=http://www.youtube.com/watch?v=cgkLmt99yl4">10 Minutos de The IT Crowd

Como curiosidad, The Office tiene su propia versión en la televisión estadounidense, y parece que The IT Crowd va a seguir el mismo camino.


Los Inmortales: Sólo Puede Quedar Uno
(10/04/2007 19:49:49 - 1 comentarios. Nuevo comentario.)

1986 fue un año muy bueno. Madonna publicó su True Blue. La Unión Soviética lanzó la estación espacial Mir. Y España entró en la Comunidad Europea. Además, también fue el año del estreno de Los Inmortales.

Los Inmortales


No puede negarse que esta es una película con un inicio impactante. Dos hombres se encuentran en los aparcamientos del Madison Square Garden. Uno de ellos saca una espada española de su abrigo, a lo que el otro responde extrayendo una katana de debajo de su gabardina. Ambos empiezan a combatir como expertos espadachines. Finalmente, uno de ellos decapita al otro, y una especie de descarga de energía invade el aparcamiento. Sin duda, esto no ha sido una simple disputa por drogas.

El responsable de Los Inmortales es el director australiano Russell Mulcahy, procedente del mundo de los vídeo–clips (debutó con Video Killed the Radio Star, el primer vídeo musical que se emitió en la MTV). Este fue su segundo largometraje, y probablemente no llegué a superar el éxito que consiguió con él, ya que los títulos más destacados de su carrera son películas como La Sombra o Resurrección, y últimamente se dedica a la televisión (aunque tiene por estrenar la tercera parte de la serie Resident Evil). El responsable de la historia es el guionista Gregory Widen, que no ha hecho mucho más a lo largo de su carrera. Quizá lo más destacable haya sido la creación de otra serie de género fantástico, la iniciada con la película Ángeles y Demonios (que también dirigió), y describe un enfrentamiento entre el cielo y el infierno.

El protagonista de la película es el actor Christopher Lambert, en el papel del Escocés Connor MacLeod. Al igual que Mulcahy, no ha hecho nada más destacable, y en su historial figuran fracasos como Beowulf o Druidas, además de la ya mencionada Resurrección. Le acompaña en el reparto nada menos que Sean Connery, como su mentor Juan Sánchez Villa–Lobos Ramírez. El malo de la película, el Kurgan, está interpretado por Clancy Brown, a quien hemos podido ver en Cadena Perpetua o Perdidos, pero que se ha dedicado sobre todo a doblar personajes para series y películas de animación. La chica (Brenda Wyatt) está interpretada por otra actriz televisiva: Roxanne Hart.

La película nos cuenta la historia de Connor MacLeod, que en la Nueva York moderna se hace llamar Russell Nash y se dedica a las antigüedades, a lo largo de una doble trama. Por una parte, vemos como es investigado por la policía en la actualidad mientras se prepara para su enfrentamiento final con el Kurgan. Por otra parte, una serie de flashbacks nos hablan de sus orígenes en las Tierras Altas (los Highlands) de Escocia durante el siglo XVI.

Así, y gracias a Ramírez, averiguamos que Connor es un Inmortal, el último de una serie de personas en desarrollar esa “habilidad” al recibir una herida mortal (ocasionada por el Kurgan). No se nos explica mucho más (el propio Ramírez no parece tener las respuestas). Sólo sabemos que llegará un momento que estos Inmortales se verán empujados a enfrentarse unos con otros en duelo singular a espada, hasta que uno decapite al otro (pues esa es la única forma por la que puede morir un Inmortal). Finalmente, y como dice la mítica frase de la película, tras todos estos combates, Sólo puede quedar uno, un Inmortal que se llevará lo que se conoce como “El Premio”.

Mientras tanto, en la Nueva York actual se acerca el momento del final de ese Juego que tienen que practicar los Inmortales, y el Kurgan, el Inmortal más fuerte de todos, se prepara para enfrentarse a MacLeod. Por su parte, la identidad de MacLeod peligra por la investigación de Branda Wyatt, una forense que investiga los asesinatos por decapitación. Como no podía ser de otra forma, acaban enamorándose, aunque MacLeod se muestra reticente al recordar la pérdida de su primera esposa, muerta de vieja mientras él se mantenía joven.

Russell Mulcahy rueda las dos partes de la película de forma bastante distinta. La parte escocesa está filmada de una forma más tradicional, aprovechando los hermosos paisajes de las Tierras Altas para mostrar amplias y épicas panorámicas. Por otro lado, la parte actual está contemplada de una forma que podríamos llamar más esteticista, recordando (salvando las distancias) al Ridley Scott de películas como Blade Runner o Black Rain. El director hace uso de elementos como humo y agua para filtrar la luz (en ocasiones procedente de chispas y similares) y dar determinada textura, rueda muchas escenas a contraluz y emplea encuadres y posiciones de cámara poco habituales (abundan los planos picados y contrapicados).

Gran parte del éxito de la película se vio impulsado por el de su banda sonora. Michael Kamen hace un buen trabajo en la parte orquestal, pero lo que se recuerda del apartado musical son sin duda las canciones de Queen. Se trata de unos temas que reflejan a la perfección lo que se está mostrando en pantalla (como el inolvidable Who Wants to Live Forever), y que no están como simple relleno. Nada menos que 6 temas de los 9 del disco A Kind of Magic suenan durante la película (incluyendo los carteles iniciales y los de crédito), además de Hammer to Fall y una versión nunca publicada de New York, New York.

Los duelos a espada de la película fueron dirigidos por Bob Anderson, una leyenda dentro de su oficio (trabajó con Errol Flynn), que ha trabajado como especialista o experto en esgrima en las sagas de Star Wars y El Señor de los Anillos, o en La Princesa Prometida, así como en la reciente superproducción española Alatriste. Anderson también trabajaría en la serie de televisión de Los Inmortales.

El duelo final entre Connor MacLeod y el Kurgan, entre el Bien y el Mal, acaba de la manera esperada, y es MacLeod quien se queda con El Premio. Con las últimas palabras que le oímos en la película, el Escocés nos revela que ahora es mortal (y puede tener hijos) y que tiene un poder telepático que le permite entrar en las mentes de la gente, por lo que puede influir en las acciones de los poderosos para crear un mundo mejor.

Está claro que Los Inmortales nunca fue un éxito ni de crítica ni de público, aunque alcanzó cierta posición como película de culto a través del mercado doméstico. Aún así, algo debe haber para que esta fantasía urbana siga de una cierta actualidad 20 años después. ¿Las claves de ese éxito? Es difícil decirlo, pero quizá la principal sea la traslación de algo tan primitivo y medieval como los duelos a espada a un entorno y una estética contemporáneos (banda sonora incluída), con una historia con acción y romanticismo a partes iguales, y unas buenas interpretaciones de un Lambert (que nunca ha sido un gran actor) al que el papel le queda perfecto y un Sean Connery que viviría un renacimiento de su carrera tras esta película. En el fondo, Los Inmortales no es una gran película ni una obra maestra, ni parece que nunca lo pretendiera. Lo que sí que resulta la película es un digno entretenimiento capaz de crear una mitología propia más o menos original.

Los Inmortales II: El Desafío


En 1991 se estrena esta secuela, dirigida de nuevo por Russell Mulcahy. Al parecer no faltaron los problemas durante su producción: Lambert estuvo a punto de abandonar el proyecto, y Mulcahy padeció múltiples interferencias por parte de los productores. El director quedó tan descontento con el resultado final que se salió del cine a los 15 minutos en el estreno. No sería el único descontento: ni los mayores fans de la serie tienen algo bueno que decir de esta secuela.

A lo que en la primera película era misterio, en esta secuela se le quiere dar una explicación. Por si fuera poco, es una justificación más bien endeble y poco coherente con lo visto en Los Inmortales. Según la película, los Inmortales son alienígenas del planeta Zeist, exiliados por su tiránico gobernante Katana, a los que El Premio les permitirá volver a su planeta natal. La magia de la primera película se ha transformado aquí en una incongruente y débil explicación que quiere llevar a la película hacia la ciencia ficción.

El reparto vuelve a estar encabezado por Christopher Lambert y por Sean Connery, cuyo regreso en esta secuela es otra incongruencia más, acompañada del uso de su personaje para interpretar unos burdos gags cómicos del estilo de Los Visitantes. El malo, Katana, es interpretado por un habitual en este tipo de papeles: Michael Ironside (Desafío Total). El interés romántico (en este caso, bastante débil) de MacLeod es la atractiva Virgina Madsen (Dune, Candyman), en el papel de una eco–guerrillera llamada Louise Marcus.

La historia está ambientada en el año 2024. La Tierra está cubierta en oscuridad por un escudo protector creado por científicos (con la ayuda y apoyo de MacLeod) para protegerla de la destrucción de la capa de ozono. La trama gira precisamente alrededor de una intriga económico–ecológica relacionada con el escudo, ya que Louise pide ayuda a un envejecido Connor para luchar contra la compañía que lo controla. Por otra parte, Katana decide (no se sabe muy bien el motivo…) atacar a MacLeod, primero por medio de unos esbirros y luego directamente. MacLeod acaba con los esbirros, rejuvenece y recupera la inmortalidad, Ramírez vuelve, y la historia ya abandona cualquier intento de coherencia con la primera película.

El estilo cinematográfico de la película es similar al de la primera, aunque algo más moderado, y todo parece más oscuro, ya que se nos quiere mostrar un mundo futuro más decadente. Por otra parte, los únicos flashbacks de la película se usan para mostrarnos el origen alienígena de los personajes. La banda sonora es un trabajo orquestal de Stewart Copeland (miembro de The Police), y no llama la atención en absoluto. Por otra parte, los duelos son escasos e insípidos, a lo que también ayuda bastante la falta de implicación emocional con los personajes.

Como curiosidad, hay que comentar que Russell Mulcahy hizo un montaje alternativo, conocido como The Renegade Version. Esta versión cambia totalmente el origen de los Inmortales, convirtiéndolos en personas de un pasado lejano, expulsadas al futuro por unos sacerdotes para que no se ganara El Premio en su época. Al menos, es mejor que lo de los alienígenas exiliados…

En general, puede decirse que Los Inmortales II: El Desafío debe estar considerada como una de las peores secuelas de todos los tiempos. El brusco cambio de género hace que casi no parezca una película de Los Inmortales. Por si fuera poco, el guión es francamente flojo e incoherente: el absurdo regreso de Ramírez y la desconocida motivación de Katana (personaje que, por otra parte, parece una versión más bajita del Kurgan) son sólo los ejemplos más claros de incongruencia.

Los Inmortales: la Serie de Televisión


De 1992 a 1998 se emitió la serie de televisión Los Inmortales, con un total de 119 episodios. Una vez más, se introducen cambios en la cronología interna de la saga de los Inmortales. Ahora, la muerte del Kurgan a manos de Connor MacLeod (que tampoco es el último en “despertar” a la inmortalidad) es simplemente un duelo más del Juego, y Connor no ha ganado El Premio. Dejando aparte estos cambios, el formato televisivo permite desarrollar una mitología interna propia, con diferencias respecto a las películas, pero con una cierta coherencia interna.

El protagonista de la serie era Duncan MacLeod, un pariente de Connor interpretado por Adrian Paul que, en realidad, podría haber sido perfectamente el propio Connor (y yo no descartaría que en principio la serie estuviera planteada con Adrian Paul haciendo de Connor…), dado todo lo que tienen en común. Además del lazo familiar, ambos trabajan como anticuarios y luchan con una katana.

Aunque la serie tenía episodios del estilo de El Inmortal del capítulo de hoy es…, también tenía una serie de personajes y situaciones recurrentes, como Methos (el inmortal más viejo de todos), Amanda (una ladrona que tendría su propia serie, Highlander: The Raven, que duró una temporada), y los Observadores (un grupo de humanos que vigila a los Inmortales).

En general, la serie era un producto decente, presentando otra realidad alternativa más a la primera película, pero con más coherencia que las secuelas cinematográficas. Para ello se hizo lo que en el mundo del comic se conoce como retconning (o continuidad retroactiva), es decir, el cambio de hechos supuestamente establecidos en la historia del mundo de ficción. A partir de la serie también se publicaron varias novelas ambientadas en el mundo de los Inmortales.

Habría que mencionar también que ha habido una versión animada de Los Inmortales (1994– 1995; 40 episodios), ambientada en un futuro lejano y protagonizada por Quentin MacLeod (y con la presencia de Ramírez). Y en 2007 está previsto el estreno de un largometraje de animación japonesa (Highlander: The Search for Vengeance) protagonizado por Colin MacLeod. Hay que tener en cuenta que el hecho de que todos los derivados estén protagonizados por miembros del clan MacLeod es una limitación impuesta por el título original de la saga: Highlander (es decir, habitante de las Tierras Altas). De ahí que todos los protagonistas de alguna variante de Los Inmortales sean escoceses del clan MacLeod.

Los Inmortales III: El Hechicero

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Probablemente inspirado por el moderado éxito de la versión televisiva a principios de los 90, 1994 ve el estreno de esta tercera parte de la serie. Esta película ignora totalmente lo ocurrido en la segunda parte de la serie, y no sólo porque esté ambientada en 1994, sino porque directamente contradice elementos mostrados en dicha secuela. La política oficial parece ser ignorar totalmente Los Inmortales II: El Desafío, pues la serie de televisión también desdeña lo sucedido en ella. Lo cierto es que es poco probable que alguien se queje al respecto.

Está es la primera película de las dos que ha dirigido el director Andrew Morahan, dedicado también al mundo del vídeo – clip (suya es la “trilogía” formada por los tres vídeos de Guns N’ Roses: Don’t Cry, November Rain y Estranged). Su estilo es bastante similar al de Mulcahy en las películas anteriores, también bastante esteticista, aunque añade un uso puntual de la cámara lenta que el australiano no empleaba.

Al habitual Lambert se une en el reparto el japonés Mako (Conan el Bárbaro), como Nakano, antiguo maestro japonés de Ramírez y también maestro de MacLeod. La chica de la película es Deborah Kara Unger (Silent Hill), como la arqueóloga Alex Johnson. El Inmortal malvado esta vez es Mario Van Peebles (El Sargento de Hierro), en el papel de Kane (otra copia más del Kurgan de la primera película).

La historia de la película (así como sus personajes) viene a ser más o menos la misma de la primera. En el pasado, Nakano encerró a Kane (y otros dos Inmortales) en su cueva para evitar que siguiera haciendo el mal. En la actualidad, un equipo de arqueólogos abre dicha cueva y Kane queda libre, con lo que va a buscar a MacLeod para cortarle la cabeza. MacLeod vuelve a Nueva York y vuelve a ser investigado por la policía a causa de un cuerpo que aparece decapitado. La Dra. Johnson es la mujer cuyas investigaciones le llevan a MacLeod, y este no puede evitar enamorarse de ella (además de que es idéntica a la mujer a la que amó durante la Revolución Francesa…). Kane, con la ayuda de su poder para crear ilusiones, forma algo de caos y destrucción en la ciudad, hasta forzar finalmente a MacLeod a enfrentarse a él en una fundición (final que recuerda mucho a Terminator 2 (1991)). Es decir, el mismo esqueleto narrativo que en Los Inmortales.

La banda sonora es un insípido trabajo de un compositor televisivo llamado Peter Robinson, acompañado por algunas canciones de Loreena McKennitt, que dan el perfecto toque celta a las escenas de MacLeod en Escocia. Los duelos a espada no están a la altura de los de la primera película, pero son correctos, dando una leve presencia al uso de las artes marciales (toda la película tiene un cierto “toque japonés”).

Esta tercera película es una de esas típicas secuelas flojas que, en realidad, no aportan nada. Pero al menos parece formar parte de la misma serie de películas y no resulta ofensiva, que es más de lo que se puede decir de Los Inmortales II: El Desafío. En realidad, esta película lo que sí que aporta es algo menos de coherencia interna a la saga como tal. Si Kane estaba vivo, MacLeod no podía haber ganado El Premio (como nos dice al final de la primera película), y sólo lo gana al derrotarle en ésta. Esta historia hubiera funcionado mejor situada cronológicamente antes de la primera película, como una aventura más de MacLeod antes de su enfrentamiento final con el Kurgan. Pero claro, en 1994 aún no se había popularizado el concepto de “precuela”.

Los Inmortales: Juego Final

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Esta nueva película (ya sin un número en el título) se presenta en 2000 como una continuación de la serie de televisión de Los Inmortales. Así, se ignora totalmente lo establecido en las tres películas anteriores y se toma como canon lo sucedido en la serie de televisión. Teniendo en cuenta que es un intento de revitalizar la franquicia con Adrian Paul como protagonista (ya que a Christopher Lambert ya se le nota mucho el paso del tiempo), es comprensible que se adopte esta decisión. Sin embargo, para el espectador casual que no conoce la serie, es una vez más una confusa secuela que parece no tener nada que ver con las películas a las que se supone que continúa.

La película nos cuenta que en 1990 (en las versiones en DVD esto se cambiaría a 1992 para que fuera realmente coherente con la serie de TV) Connor MacLeod desaparece, internándose en un santuario, cansado de ver morir a sus seres queridos. En la actualidad, un Inmortal renegado llamado Jacob Kell (acompañado de otros como él), que no sigue las normas del Juego, ataca el santuario y Connor desaparece de nuevo. Su pariente y aprendiz, Duncan MacLeod empieza a investigar lo sucedido.

Como elemento más o menos original, hay que reconocerle a la película el hecho de que el Inmortal malvado de turno no es una nueva copia del Kurgan. Jacob Kell, interpretado por Bruce Payne (Dragones y Mazmorras), es un personaje más frío, impulsado por sus retorcidos planes de venganza hacia Connor, basados en acabar con todas las personas que le importan. Por otra parte, la película hace uso de personajes y elementos de la serie televisiva, que resultan un poco débiles como subtramas en la película, como son Methos, Dawson y los Observadores.

El verdadero protagonista de la película es Duncan MacLeod, al que Connor / Lambert le pasa el testigo de la saga en más de un sentido. Los habituales flashbacks nos muestran por una parte la relación entre Connor y Duncan como maestro y aprendiz, y por otra se centran en la subtrama romántica protagonizada por Duncan y una Inmortal llamada Kate, interpretada por Lisa Barbuscia (El Diario de Bridget Jones). La relación entre ambos es bastante tensa, con elementos que parecen sacados de una novela de Anne Rice, y no ayuda mucho el hecho de que Kate esté en el grupo de Kell.

Es la única película de su director, Douglas Aarniokoski, más habituado a trabajar como ayudante de dirección. Su trabajo es correcto y coherente con la estilización de las otras películas, aunque parece tener cierta influencia del cine de acción oriental en las secuencias de lucha. Esto también se ve reflejado en los duelos, con mayor presencia de las artes marciales, debido sobre todo a la experiencia de Adrian Paul en este campo. A veces esto queda bastante fuera de luegar, como el combate sin armas que tiene Duncan con el personaje de Donnie Yen (Hero, Blade II), que también trabaja como coreógrafo.

Los Inmortales: Juego Final no puede considerarse dentro del mismo universo que las películas protagonizadas por Connor MacLeod (que, por otra parte, parecen transcurrir cada una en su propia continuidad). Es como un episodio más de la serie televisiva; de hecho, a pesar de los medios y las localizaciones, tiene un aire a producto para televisión o vídeo–club bastante evidente (el presupuesto es el mismo que el de Los Inmortales, hecha 15 años antes). Hasta la banda sonora (bastante apropiada, eso sí) es obra de Stephen Graziano, un compositor procedente de la televisión. Así, lo mejor es considerarla como un capítulo de doble duración de la serie televisiva. De todas maneras, al tratarse de un producto a mitad de camino entre el cine y la televisión, se queda corto en ambos ámbitos: para los que conozcan la serie los elementos de la trama televisiva aparecen de forma muy básica, y para los que no la conozcan son un añadido totalmente prescindible y que, como mucho, aporta desconcierto.

Los Inmortales: El Origen

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El año 2006 ha visto el regreso de los Inmortales en dos medios distintos. Por una parte tenemos la publicación de un comic, protagonizado por Connor MacLeod y ambientado tras la primera película (y siguiendo la continuidad establecida por la serie de TV). Por otro lado, esta la producción de Highlander: The Source, cuyo estreno estaba previsto incialmente para 2006 (y que se anunciaba como la primera película de una trilogía), pero que ahora mismo no está muy claro cuando llegará a los cines (si llega…). La película ha sido publicada directamente en DVD en Rusia, mientras que los productores afirman que ese no es el montaje definitivo, y que este se estrenará a finales de 2007.

El director es Brett Leonard (El Cortador de Cesped, Virtuosity), cuyos antecedentes hacen que no sorprenda el look de videojuego que tiene buena parte de la película. Los acelerones (especialmente irritantes y ridículos durante los combates) y el montaje a saltos, acompañan a otros recursos de cine de terror. La fotografía hace que los días sean pálidos y las noches anaranjadas. En general, hay que reconocer que el director le ha dado un nuevo estilo propio a la serie: otra cosa es que ese estilo funcione.

La historia es la de un grupo de Inmortales en un caótico futuro cercano, entre los que está Duncan MacLeod (y una antigua esposa mortal, que no se sabe muy bien que pinta con ellos), que buscan el mítico Origen, el lugar de donde se dice que proceden los Inmortales. Este Origen reaparecerá en tiempos difíciles y, además, se ve acompañado por una repentina e imprevista alineación planetaria que afecta a planetas de nuestro sistema solar e incluso de fuera de él… A MacLeod y compañía se opone otro Inmortal, conocido como el Guardián. De nuevo volvemos a tener un malo histriónico como el Kurgan, pero probablemente se trate de la peor de todas las copias. Su aspecto a mitad camino de los asesinos de Los Inmortales II y de una criatura salida de Silent Hill, más una actuación que parece inspirada a partes iguales por Ace Ventura y Taz (sí, el Diablo de Tasmania de la Warner) lo convierten en el Inmortal más insoportable de toda la saga.

El guión es bastante flojo, con frases lamentables, y la historia está mal contada y llena de cabos sueltos. El reparto, lleno de caras desconocidas (si exceptuamos a Methos y Joe Dawson, procedentes de la serie de televisión), tampoco parece muy capaz de hacer grandes interpretaciones. Por si fuera poco, la presentación de personajes se realiza con un cartel en pantalla que nos dice nombre, ocupación y si es mortal o Inmortal. En los efectos especiales el ordenador canta que da gusto (sobre todo en los fondos virtuales) y, por si fuera poco, en la banda sonora hay dos atroces versiones de los temas de Queen Princes of the Universe y Who Wants to Live Forever (que el Guardián también canturrea en una escena) perpetradas por un tal John Sloman (no tengo el gusto, pero parece que fue un vocalista de los Uriah Heep).

Mención especial merecen los combates, arruinados por el montaje y convertidos en exhibición de artes marciales por parte de Adrian Paul, que lucha prácticamente con cualquier cosa en vez de usar su espada. Y el duelo final es, directamente, horroroso, gracias (a partes iguales) al montaje y al aspecto de cartoon que le da el director.

Por supuesto, todo esto es basándonos en lo que ha podido verse en el DVD Ruso, pero no parece probable que el montaje definitivo vaya a ser muy distinto y vaya a arreglar el desastre que es esta película. Desde luego, si se quería revitalizar la saga y hacer una nueva trilogía, no parece que los pesados 90 minutos de esta película vayan a arrastrar a la gente a los cines. Es pronto para decirlo, pero esta película puede ser para Duncan MacLeod lo que Los Inmortales II fue para Connor: quizá incluso debería titularse Los Inmortales II: La Nueva Generación.

En conclusión, este es el triste destino de estos seres Inmortales, condenados a ir (tras la primera) de mala película en mala película. Y el caso es que parece que se parte de una buena idea de base (algo tan simple y eficaz como tener a unos tipos que se persiguen a espadazos por toda la historia), pero en general no se consigue con ello hacer buenas historias, rodar buenas películas.


Mad Max
(04/04/2007 12:23:15 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)

Uno de tantos personajes cinematográficos que se hicieron famosos durante los años 80 vino de Australia y se llamaba Max Rockatansky, más conocido como Mad Max.

Salvajes de la Autopista


La primera película dedicada al personaje, titulada simplemente Mad Max se estrenó en 1979. Su director fue el australiano George Miller, que además de el resto de títulos de la serie cuenta en su curriculum con títulos tan diversos como Las Brujas de Eastwick, El Aceite de la Vida, Babe, el Cerdito en la Ciudad o Happy Feet. El protagonista absoluto es Mel Gibson, al que esta serie convertiría en estrella mundial (tras la tercera parte rodaría Arma Letal, abriéndole el camino de Hollywood). Sin embargo, cuando se estrenó la película era un absoluto desconocido y, al parecer, ni tan siquiera aparece en los trailers estadounidenses de las dos primeras películas (centrados en las escenas de vehículos).

La película está rodada con un presupuesto bastante limitado (muchos de los coches empleados se repintaban continuamente para que pudieran pasar por vehículos distintos). En contraste, el éxito en taquilla fue tan grande que durante mucho tiempo (hasta el estreno de El Proyecto de la Bruja de Blair en 1999) la película tuvo el record de mayor rentabilidad, en función de la proporción ingresos – presupuesto.

Probablemente lo que más llame la atención al espectador moderno que se enfrenta a esta película es su estética, que no tiene mucho que ver con lo que se puede esperar de la estética Mad Max popularizada más adelante. Si no fuera porque se nos indica al inicio que la película transcurre en un futuro cercano, la historia podría pasar por un policiaco contemporáneo. De hecho, la película casi está más próxima a títulos como Harry el Sucio (1971) que a lo que se espera de una historia de ciencia ficción post – apocalíptica.

La historia es la de un policía de carretera, en un mundo desértico en que delincuentes y bandas de motoristas dominan las autopistas. Este policía, Max, está cansado de su trabajo y quiere dejarlo para pasar más tiempo con su mujer y su pequeño hijo. En su camino se cruzan unos violentos motoristas que atacan a sus amigos y a su familia, forzándole a adoptar los métodos que quería evitar, los métodos de los propios criminales a los que persigue. No es una historia especialmente original, y sí es bastante representativa de una época en que el cine negro muestra a policías que se ven forzados a comportarse de manera no muy distinta a los delincuentes (como el ya mencionado Harry Callahan). Este tema se ve reforzado en las conversaciones entre Max y su jefe, acerca de la necesidad o no de héroes en la decadente sociedad en que viven.

La película fue llamativa en su momento por la violencia que mostraba, aunque realmente muchas veces esa violencia es más insinuada y revelada en sus consecuencias que mostrada directamente (la mano mutilada y quemada de Ganso, los planos casi subliminales de ojos desencajados antes de un choque, el plano posterior al atropello del niño...).

Pero sin duda lo más representativo de la película son las persecuciones de coches (y motos), rodadas logrando una impresionante sensación de velocidad (más meritoria aún teniendo en cuenta las limitaciones impuestas por la época y el presupuesto). Destaca sobre todo la persecución inicial del Jinete Nocturno, que sirve de presentación de la mayor parte de los secundarios y del propio Max. El personaje de Max es presentado de forma gradual, mostrándole en parte y en planos cortos, hasta que su presencia es imprescindible para cazar al criminal.

Y en realidad, eso es lo que es la película: la presentación de un personaje, la presentación del ”Loco” Max. Un buen policía, un hombre de familia, acosado por la violencia interior y exteriormente, que se ve forzado a convertirse en un proscrito.

El Guerrero de la Carretera




El éxito de la primera parte hace que en 1981 se estrene la secuela: Mad Max 2. Repite el mismo equipo, pero esta vez el presupuesto es mayor; de hecho, se trata de la película Australiana más cara que se había producido hasta entonces.

En esta película sí que nos encontramos con la estética post – apocalíptica que popularizaría la saga. Todo transcurre en el desierto, todo parece construido con restos (desde las ciudades a las ropas y, por supuesto, los vehículos) y todo tiene un toque de primitivo salvajismo. En cierto modo, todo tiene un aire exagerado, como de comic, especialmente entre los ”malos”, con su look entre el punk y la estética sadomasoquista.

Además, ahora una introducción nos sitúa claramente en este mundo futuro, hablándonos de crisis energética y explosiones nucleares (y, curiosamente, a través de imágenes de archivo en blanco y negro que dan un toque ambiguo al momento en que se produjo el apocalipsis que ha dejado el mundo como lo ha dejado).

Ahora Max es un vagabundo mercenario, necesitado de combustible para su vehículo. En su camino se cruza un piloto de autogiro que le guiará a una ciudad donde producen combustible. Pero Max no es el único interesado en la gasolina que tienen los habitantes de este pequeño establecimiento: también están una banda de salvajes criminales liderados por un siniestro hombre llamado Lord Humungus.

Max se parece en esta película a un ronin de una película de Kurosawa, o al Hombre sin Nombre de los westerns de Sergio Leone (De hecho, en la tercera parte, en la Cúpula del Trueno el personaje es presentado al público como ”el hombre sin nombre”). Se trata de un héroe reluctante, que no se preocupa de los demás de forma altruista, y que sólo por casualidad acaba convirtiéndose en el salvador del pueblo, sin abandonar su propio interés: como Toshiro Mifune en Yojimbo o Clint Eastwood en Por un Puñado de Dólares. Por otro lado, la narración en off potencia de alguna manera el aspecto casi mítico y legendario de Mad Max, al que el narrador ve como una figura salvadora y heroica.

La parte más espectacular y destacable de la película se produce hacia el final, con la persecución en la que Max conduce un camión perseguido por la banda de Humungus. El guión en esta película es más flojo que en la anterior (por confuso y peor desarrollado, ya que la historia en sí es algo más compleja), pero se compensa con el establecimiento de una estética y una ambientación post – apocalíptica que crearía escuela.

Más Allá de la Cúpula del Trueno

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La última parte de está trilogía se estrenaría en 1985: Mad Max: Más Allá de la Cúpula del Trueno. Se trata ya de una co – producción en la que interviene capital estadounidense, y está co – dirigida por el habitual George Miller y por George Ogilvie (empleado para tratar con el numeroso reparto, centrándose Miller en la acción).

La película continúa con la estética y concepto de la segunda parte, con un Mad Max errante en un mundo desértico y post – apocalíptico. Sin embargo, es evidente la mayor disponibilidad de medios: el presupuesto de la primera era de 350.000 $, el de la segunda aumenta a más de 3.000.000 $, y el de esta tercera llega casi a los 10.000.000 $.

El inicio de la película sin duda es la mejor parte, con las desventuras de Max en Negociudad y la legendaria pelea contra Golpeador dentro de la Cúpula del Trueno. Después, cuando se encuentra con un grupo de niños perdidos a mitad de camino entre Peter Pan y El Señor de las Moscas, que toman a Max por una figura mesiánica que viene a guiarlos a un paraíso, la historia decae bastante. Además, el cambio de tono resulta un poco chocante. Con la persecución final la película remonta un poco el vuelo, pero tampoco demasiado.

Si es cierto que la película estaba planteada inicialmente como una historia de niños perdidos, y que sólo posteriormente se les ocurrió que el adulto con que se encuentran fuera Mad Max, eso explicaría el principal defecto de la película, que no parece estar en la misma onda que las otras dos entregas. La violencia y salvajismo de las dos películas anteriores desaparecen totalmente, convirtiendo esta tercera en un entretenimiento familiar de sábado por la tarde, en el que Max se dedica a salvar niños y da la sensación de que no muere nadie (ni buenos ni malos). De hecho, ni siquiera hay demasiadas escenas de persecuciones y vehículos. Las exigencias del presupuesto la transforman en un producto eminentemente comercial, para todos los públicos, con canciones pop en la banda sonora y Tina Turner (que parece que no nació para actuar) en uno de los papeles principales.

En general, podría considerarse una correcta película de aventuras con niños, bastante típica de la época. Sin embargo, como película de Mad Max no da la talla, y parece que Max está allí un poco por casualidad. Sin embargo, precisamente su vocación comercial hace que probablemente sea la más popular de las tres.

Furia en la Carretera

Últimamente parece haber rumores sobre la producción de una cuarta película en la serie. George Miller ha dicho que tiene intenciones de dirigirla, pero en general todo son especulaciones y rumores. Mel Gibson no estaría implicado en la película (él mismo se ve mayor para el papel), y se ha rumoreado el nombre de Paul Walker (A Todo Gas) para sustituirlo, aunque parece que Miller prefiere a un desconocido para el papel.

En todo caso, y a pesar de intentos fallidos de volver a este tipo de género (Waterworld de Kevin Costner), no sería sorprendente dado el estado actual de la industria que nos encontremos de nuevo con Mad Max por las desérticas carreteras Australianas.


El Lobo Blanco y la Espada Negra: el Campeón Eterno de Michael Moorcock
(15/09/2006 19:51:32 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)


Michael Moorcock es un prolífico escritor británico nacido en 1939 que lleva dedicándose al fantástico y a la ciencia ficción (entre otros géneros) desde los años 60. También fue uno de los principales impulsores del movimiento literario conocido como New Wave, desde su puesto como editor de la revista New Worlds. Iconoclasta y polémico, además de por la literatura también ha mostrado interés en participar en otros campos de la creación como la música y el comic. En los últimos años parece dedicarse menos a la literatura de género y más a escribir literatura “seria” (mainstream, que dicen en inglés).

Sin duda alguna, su creación más conocida es la de El Campeón Eterno (especialmente a través de una de sus encarnaciones: Elric de Melniboné). Se trata de una figura mítica y trágica, que adopta distintas identidades en múltiples dimensiones o universos: lo que se conoce como el Multiverso. Muchas de sus novelas de género fantástico (si no todas) giran alrededor de este concepto.

En el Multiverso, Moorcock transforma el típico enfrentamiento entre el Bien y el Mal alrededor del que giran muchas otras obras fantásticas en una lucha entre Orden y Caos. Una tercera fuerza, el Equilibrio (también conocido como la Balanza Cósmica), hace todo lo posible para que no prevalezca ninguna de las otras dos, lo que sería catastrófico para el mundo. El Campeón Eterno es el paladín que emplea el Equilibrio para luchar contra las otras fuerzas dominantes, normalmente sin que él mismo sea consciente de su papel y su destino. También puede interpretarse que el Campeón Eterno lucha a favor del Orden, pero esto aparentemente sólo es así porque el desequilibrio suele estar provocado por las fuerzas del Caos (lógico, teniendo en cuenta su propia naturaleza). Todo esto suena muy épico, muy grandilocuente y muy filosófico, y en muchas ocasiones es cierto que lo es (incluso habrá quien lo llegue a considerar pretencioso). Pero Moorcock también le da en ocasiones a sus textos un sentido del humor irónico bastante refrescante que equilibra la profundidad del material (aunque, insisto, el denominador común es más trágico que cómico: no estamos hablando de Terry Pratchett)

Así, Moorcock presenta distintos personajes, encarnaciones del mismo Campeón Eterno, en distintos planos del Multiverso. Elric, Corum, Erekosë, Dorian Hawkmoon… son sólo algunas de las encarnaciones más famosas de esta figura heroica (o antiheroica). Se puede hablar de una gran Saga dedicada al Campeón Eterno, que estaría dividida en una serie de Ciclos dedicados a una encarnación concreta, como pueda ser Elric, por ejemplo. Para hacerse una idea de la extensión del material dedicado al Campeón Eterno, no hay más que echar un vistazo a la publicación hace unos años (en el mercado anglosajón) de una serie de ediciones teóricamente definitivas con el canon de todo lo que Moorcock había dedicado a esta figura. Esta edición se compone de unos 15 volúmenes de tipo omnibus (recopilaciones de varias novelas); es decir, que estaríamos hablando del orden de unas 50 novelas. Aún teniendo en cuenta que se trata de novelas no especialmente extensas, el total de páginas alcanza los varios miles. Y, por si eso fuera poco, realmente esta edición no contendría todo el material relacionado con el Campeón Eterno, faltando textos excluidos por el propio autor o escritos con posterioridad.

Por suerte para el lector, todos estos ciclos pueden ser leídos y disfrutados de forma totalmente independiente, aunque es de suponer que se obtendrá una mayor perspectiva global al leerlos todos en el orden apropiado. Lo mismo puede decirse (aunque en menor medida) de las novelas que componen cada ciclo individual: en la mayor parte de los casos son historias independientes protagonizadas por el mismo personaje, sin una continuidad realmente estricta. De todas maneras, para los interesados, el orden en que aparecen comentados los distintos ciclos más adelante se corresponde más o menos con el orden canónico de lectura (aunque entre los ciclos de Corum y Elric habría cierto solapamiento, y no está claro si debe empezarse por Von Bek o por Erekosë). Y, en todo caso, nunca estamos hablando de un orden cronológico estricto: el tiempo en el Multiverso es muy relativo y es posible encontrar el mismo hecho narrado o mencionado con una separación de páginas y páginas.

Las historias de Michael Moorcock nacen como reacción a una literatura fantástica tradicional (representada principalmente por Tolkien y Howard), que considera retrógada y repleta de clichés. Sin duda, en esto último influye inevitablemente la situación social del propio autor. Podemos considerar que Howard escribe desde la perspectiva de un trabajador de una época de depresión; y Tolkien como un académico más o menos acomodado de postguerra. Michael Moorcock, así, se muestra claramente como un autor hippie, influido por la contracultura de los años sesenta. Moorcock también critica el conservadurismo presente en las obras de algunos autores, como Lovecraft y Heinlein, o la alegoría religiosa en C.S. Lewis. No critica estas ideologías en sí (aunque es obvio que no las comparte), ni la calidad literaria de sus obras, sino la presencia de elementos ideológicos en estas. Eso sí, lo cierto es que también es posible encontrar reflejos (aunque quizá no tan claros) de la ideología de Moorcock en sus propias historias.

Para ser justos, hay que reconocer que muchos de los libros de Moorcock también caen en el tópico y en la fórmula, aunque se trate de tópicos y fórmulas originales y creados por él mismo. Muchas de sus tramas más flojas se reducen a poner al protagonista en un paisaje irreal tras otro o enfrentarlo a una u otra criatura extraña. Es cierto que las descripciones y conceptos de estos ambientes y seres irreales (y, normalmente, Caóticos) son imaginativos, sorprendentes y no repetitivos, pero la idea de fondo es siempre la misma. Además, y aunque sus protagonistas son siempre distintos, no dejan de tener muchos elementos en común por el hecho de ser encarnaciones del Campeón Eterno: desde luchar (con mayor o menor convicción) contra el Caos, hasta tener siempre un Compañero y una Amada (¿también encarnaciones de un concepto Eterno?). De todas formas, es precisamente en los personajes y en su psicología en lo que se centra su obra: sus historias son más orientadas a los personajes que a la trama.

En el mercado español han estado disponibles apenas la mitad de estas novelas (muchas en ediciones descatalogadas desde hace años), básicamente a través de las colecciones Futurópolis de la editorial Miraguano, y Fantasy y Gran Fantasy de Martínez Roca. Recientemente, Minotauro ha publicado los libros dedicados a Jerry Cornelius, y Edhasa está volviendo a editar el ciclo de Elric (esperemos que revisando las traducciones y eliminando algunas leves inconsistencias de las existentes). En esas novelas y relatos es en los que se basa este artículo. Por suerte, en ellas se encuentran las aventuras y desventuras de las principales y más celebradas encarnaciones del Campeón Eterno. El resto de material parece estar formado en su mayor parte por relatos cortos y novelas que no forman grandes ciclos relacionados, por lo que la “pérdida” no parece ser demasiado grave.

La Familia Von Bek


La familia formada por los descendientes de Ulrich Von Bek parece tener un papel un poco especial en la saga del Campeón Eterno, apareciendo sus miembros en ocasiones como protagonistas y en otras como acompañantes del propio Campeón.

Ulrich Von Bek es el protagonista de El Perro de la Guerra y el Dolor del Mundo (1981). Se trata de un desencantado y racional capitán de mercenarios en una Europa arrasada por la Guerra de los Treinta Años. Ulrich realiza un sorprendente pacto con el Diablo, para encontrar el mítico Grial, lo que le conduce a familiarizarse con un aspecto irracional del mundo que no conocía.

La historia tiene muchos elementos comunes con el resto de ciclos del Campeón Eterno: el Compañero, el amor trágico, la mención de nombres familiares para los que conocen otras obras de la saga… Sin embargo, en ningún momento se dice que Von Bek sea una encarnación del Campeón. En cierto modo esta novela, con su mezcla de historia y alegoría, podría considerarse un acercamiento a esa literatura “seria” que se mencionaba más arriba, capaz de atraer a un público que normalmente no se interesaría por el fantástico.

El ciclo se completa con otros dos libros, The City in the Autumn Stars (1986) y The Pleasure Garden of Felipe Sagittarius (1965), protagonizados por otros miembros de la familia Von Bek. Miembros de esta familia también aparecen en otras historias, muchas de las cuales han sido reescritas por Moorcock para pasar a ser protagonizadas por un Von Bek (como es el caso de la mencionada The Pleasure Garden of Felipe Sagittarius). Otro título, protagonizado por un Von Bek del siglo XIX, es The Brothel in Rosenstrasse (1982), pero al parecer Moorcock no lo incluye dentro de este ciclo.

Erekosë, el Campeón Eterno


John Daker, ciudadano londinense de nuestro mundo, es arrastrado a un universo en el que es el legendario héroe Erekosë. Daker es especial entre otras encarnaciones del Campeón Eterno por el hecho de que es capaz de recordar sus otras encarnaciones. En estas historias se produce el choque entre los recuerdos de John Daker, el hombre del siglo XX, y Erekosë, el guerrero. Además, sus sueños se ven poblados por recuerdos de otros Campeones, como Elric, Corum o Hawkmoon. La narración se realiza en primera persona, lo que nos permite conocer de primera mano estos sueños y dudas del protagonista.

El Campeón Eterno (1970) nos cuenta la historia de Erekosë en la guerra entre los humanos y los Eldren (una raza de seres semihumanos). Erekosë es invocado por los humanos, que necesitan a un héroe legendario como aliado y líder en su lucha. John Daker se plantea constantemente su papel en esta guerra, aunque también le domina el ansia de batalla debido a su personalidad heroica como Erekosë.

En Fénix de Obsidiana (1970) Erekosë se convierte en Urlik Skarsol, otra encarnación del Campeón Eterno en otra Tierra (más fantástica e irreal que la de la novela anterior). La historia es algo floja, pero la novela tiene el interés de que en ella se empiezan a mencionar muchos de los conceptos básicos de la cosmología del Multiverso: el Orden y el Caos, la Espada Negra… Aquí aparece también la Crónica de la Espada Negra empleada a modo de obra ficticia con la que encabezar capítulos o crear prólogos.

Finalmente, El Dragón en la Espada (1987) cierra el ciclo con un nuevo cambio de universo para el protagonista. Se trata de una novela tan extensa como las dos anteriores juntas, y por su estilo es bastante evidente que se escribió mucho después que las otras dos. A Erekosë se le une otro hombre de nuestro mundo: un miembro de la familia Von Bek que lucha contra los nazis. El Caos quiere apoderarse de este universo, y Erekosë debe impedirlo, para lo que deberá apoderarse de la Espada del Dragón. Aquí el tema de la lucha entre el Orden y el Caos, con el Equilibrio de por medio, se menciona ya en su máxima expresión. Además, aparecen muchos elementos que lo conectan con el resto de ciclos: se dice que los Eldren, los Vadhagh y los Melniboneses vienen a ser la misma raza, que Mabden es otro nombre para los humanos, aparece Sepiriz (un caballero vestido de negro y oro) como servidor del Equilibrio y guía ocasional del Campeón Eterno…

Las tres novelas que forman el ciclo son tres historias totalmente independientes, sin más hilo conductor que el que proporciona el protagonista, aunque sí que es cierto que se ve en él una evolución. Su lectura facilita interpretar de acuerdo al concepto de Campeón Eterno otros ciclos, en los que este tema no siempre es evidente, pero que puede encontrarse si el lector sabe como buscar con la ayuda de las referencias que aparecen aquí.

El hecho de estar narrado en primera persona, y por un narrador del “mundo real” también sirve de ayuda para que el lector se vaya familiarizando con conceptos del Multiverso que al principio resultan tan sorprendentes para él como para el propio John Daker. Probablemente por ese motivo sean recomendables como “puntos de entrada” al Multiverso tanto este ciclo como el de Von Bek (al menos para los lectores menos acostumbrados al fantástico). En ambos casos se trata de relatos en primera persona narrados por un protagonista que tiene más en común con el lector que otros personajes como Corum o Elric.

Dorian Hawkmoon




De acuerdo al propio Moorcock, escribió los libros que forman este ciclo en unos tres días (cada uno, claro). Esto se ha utilizado muchas veces en contra de unos libros que, sin estar entre lo mejor de su obra, al menos son una lectura entretenida. Y es que Moorcock ofrece material interesante hasta en sus trabajos más puramente alimenticios.

Las aventuras de Hawkmoon se desarrollan en la Tierra, en un futuro lejano posterior a una gran catástrofe (probablemente de tipo nuclear) y la posterior recuperación: el Milenio Trágico. En esta sociedad feudal se mezclan aspectos fantástico-medievales y futuristas: las espadas conviven con armas que lanzan chorros de fuego, los caballos y unicornios con las naves voladoras, y la ciencia y la tecnología se confunden con la magia.

El Imperio Oscuro de Granbretán (en el mundo de Hawkmoon la mayoría de los nombres de lugares son deformaciones de nombres con los que estamos familiarizados) está formado por decadentes ciudadanos, que se organizan en órdenes y se cubren el rostro con máscaras de animales. Granbretán, gracias a su superioridad militar y tecnológica planea conquistar toda Europa (y expandirse a otros continentes).

La presentación de los personajes y su mundo se realiza en La Joya en la Frente (1967): el Conde Brass, el propio Hawkmoon, su amada Yisselda, su acompañante Oladahn, su enemigo Meliadus. La sencilla historia gira alrededor de una gema implantada en la frente de Hawkmoon por el Imperio de Granbretán, en el contexto de la guerra imperialista de este. Como curiosidad, en estos libros la crónica ficticia que se emplea es La Alta Historia del Bastón Rúnico. Es interesante que, aunque el Imperio de Granbretán se presenta en muchos aspectos como el típico gran imperio maligno, el Conde Brass expresa al inicio de la historia cierto apoyo por el orden y estabilidad que aporta Granbretán a una caótica Europa. Así, puede pensarse que Granbretán representa al Orden (aunque tiene elementos que parecen acercarle más al Caos), y que en este caso el Campeón Eterno lucha en contra del Orden (y no en contra del Caos, como es más típico). De todas formas, en general en este punto Moorcock aún no parece haber desarrollado sus conceptos del Multiverso como más adelante en su carrera, y todas las interpretaciones de este tipo son necesariamente especulativas.

La historia continúa en El Amuleto del Dios Loco (1968 ), en la que se presenta un nuevo personaje importante: Huillam d’Averc. Aunque ya había aparecido en el anterior libro, en este cobra más relevancia el Guerrero de Negro y Oro, y la resistencia de Hawkmoon por aceptar su destino como servidor del Bastón Rúnico.

En La Espada del Amanecer (1968 ) se empieza a mostrar con más detalle la cultura y la civilización de Granbretán. Por su parte, las aventuras de Hawkmoon le llevan cada vez por territorios más fantásticos, irreales y legendarios.

El ciclo se cierra con El Bastón Rúnico (1969), en el que Hawkmoon debe decidir si acepta que su destino está unido al Bastón Rúnico (que representa al Equilibrio), a la vez que la guerra entre Granbretán y los escasos territorios que se resisten al Imperio llega a su fin.

En el caso de este ciclo, es recomendable (casi imprescindible) leerse todas sus partes y en el orden adecuado: forman una historia continua de manera más tradicional que en otros de los ciclos comentados. Por otra parte, las historias individuales resultan un poco flojas, pero mejoran algo si se consideran como partes de un todo. El uso del Guerrero de Negro y Oro y de artilugios mágicos como deus ex–machina para desarrollar la trama es excesivo, en unas historias en las que el papel de la predestinación ya desempeña un papel bastante importante de por sí. En cierto modo, esta puede considerarse una tetralogía del género bastante típica, si no fuera por elementos que la llevan a aproximarse a lo que se suele llamar science fantasy, y por su ambientación. De todas formas, Moorcock no es un creador de mundos al uso, y su Milenio Trágico se queda más como una serie de esbozos que como un mundo desarrollado al estilo de Tolkien y sus imitadores.

Corum Jhaelen Irsei

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El ciclo de Corum se divide en dos trilogías, que suelen conocerse como El Príncipe de la Túnica Escarlata (o Trilogía de las Espadas) y El Príncipe de la Mano de Plata. Esta es la única obra de Moorcock que tiene fundamentos procedentes de una mitología real, en este caso, la céltica (y más en concreto, la de Cornualles).

Corum Jhaelen Irsei (que quiere decir precisamente Corum, el Príncipe de la Túnica Escarlata) es un príncipe de los Vadhagh, una raza moribunda de la que él es uno de los últimos representantes. Los Vadhagh están siendo exterminados por los Mabden (los humanos), una raza en expansión y que parece contar con el apoyo del Caos. Los Vadhagh son un pueblo avanzado y civilizado, con muchos conocimientos que mentes más primitivas calificarían de brujería. En los distintos planos de este universo reinan los tres Señores de las Espadas, que es como se conoce aquí a los Señores del Caos. Corum cae víctima de esta guerra emprendida por los Mabden y pierde un ojo y una mano, que posteriormente serán reemplazados por unos miembros de características un tanto peculiares.

La introducción del personaje se realiza en El Caballero de las Espadas (1971), en la que se nos presenta a Corum y a su mundo, averiguamos como obtiene sus particulares ojo y mano, y presenciamos su enfrentamiento con uno de los Señores de las Espadas: Arioch, el Caballero de las Espadas. Curiosamente, Corum inicialmente no parece tener muchos problemas en aceptar su papel como paladín del Orden (su opinión irá evolucionando algo a lo largo de la trilogía).

En La Reina de las Espadas (1971), Corum debe viajar al plano de Xiombarg, la Reina de las Espadas, para buscar aliados contra la propia Señora del Caos. Ahora Corum va acompañado por Jhary–a–Conel, un misterioso sujeto que conoce muy bien la cosmología del Multiverso, por el que viaja como Compañero del Campeón Eterno. Al igual que Erekosë, Jhary parece recordar sus otras encarnaciones, aunque parece tener bastantes menos problemas al respecto. La guerra de exterminio de los Mabden (ahora liderados por el Príncipe Gaynor el Maldito, condenado a servir al Caos) se extiende a los Mabden que no están del lado del Caos, y la intervención de los Señores del Orden y de la propia Balanza Cósmica se muestra en esta historia.

La primera trilogía concluye con El Rey de las Espadas (1971), en la que la paz que parecía haber logrado Corum se rompe por culpa de una misteriosa enfermedad, y Arkyn (el Señor del Orden) le encomienda buscar la ciudad de Tanelorn para poner remedio a esta plaga sobrenatural. Este libro sigue la tónica del anterior, con diversos saltos de un plano a otro, pero dos de estos viajes dimensionales lo hacen más interesante. En uno de ellos, Corum es transportado al Cornualles de nuestro mundo (donde a los Vadhagh se les conoce como “Elfos”), y en otro de ellos debe entrar en la Torre Evanescente junto a Elric y Erekosë.

La trilogía del Príncipe de la Túnica Escarlata es un trabajo fantástico bastante tradicional, al menos dentro del estilo propio de Moorcock. En él la lucha épica entre el Caos y el Orden se produce con el trasfondo de una guerra entre mortales, aunque los protagonistas no participan en ella y resuelven los conflictos mediante el viaje a otros planos o dimensiones, cuyos eventos también afectan a su mundo.

La segunda trilogía de Corum se inicia con El Toro y la Lanza (1973). Ha pasado bastante tiempo de los hechos narrados en la anterior serie, y Corum está atormentado por la pérdida de sus seres queridos. Esto le lleva a responder a la invocación que hacen desde su futuro unos Mabden que le buscan como a un héroe legendario (de manera similar a lo sucedido con Erekosë). Corum y los Mabden deben enfrentarse a las tropas de los Fhoi Myore, siete gigantes moribundos que quieren conquistar el mundo. Curiosamente, en esta trilogía no se produce ningún enfrentamiento relacionado con la lucha entre Orden y Caos, y el Campeón Eterno se enfrenta a una amenaza no relacionada con este conflicto. Los elementos célticos están más presentes aún en esta trilogía, tanto en nombres como en personajes y elementos de la trama (como son los “tesoros” de los Mabden).

En El Roble y el Carnero (1973) Corum debe liberar al Gran Rey de los Mabden para que estos se unifiquen, y buscar los dos tesoros que dan título al libro para así acabar con el hechizo que pesa sobre él.

El enfrentamiento final entre los Mabden y los Fhoi Myore se narra en La Espada y el Corcel. En este libro se incluyen la mayor parte de las referencias a la mitología del Campeón Eterno que aparecen en esta trilogía. El herrero Goffanon forja una espada para Corum, de la que este desconfía (al recibirla tiene visiones de una espada negra) y que acaba siendo bautizada de manera apropiada. También hay referencias más sutiles relacionadas con Melniboné. Además, a lo largo de esta trilogía, Jhary–a–Conel hace varias referencias a sus aventuras con Hawkmoon, que remiten a las Crónicas del Castillo de Brass.

Esta segunda trilogía resulta más original que la primera dentro del material dedicado al Campeón Eterno. Su ambientación céltica (anterior a que este tipo de material se pusiera de moda) y el no estar involucrada en el conflicto entre el Orden y el Caos la hacen menos “rutinaria” que la primera trilogía.

Elric de Melniboné

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Elric es, sin lugar a dudas, el personaje más popular e influyente de los creados por Michael Moorcock. Su caracterización se basa en invertir los estereotipos de los héroes fantásticos a lo Conan y similares. No es un hombre musculoso y bronceado, sino un albino que necesita de elixires o de su espada demoníaca para no ser un ser débil y enfermizo. No es un bárbaro que conquista una corona, sino el refinado emperador de una civilización decadente que abandona su trono. No teme a la brujería, sino que es uno de los hechiceros más poderosos de su mundo. No le motiva el ansia de poder o riqueza, sino la búsqueda de la paz interior y de un propósito a su atormentada existencia. Así es Elric de Melniboné, también conocido como el Lobo Blanco, y llamado Asesino de Mujeres y Ladrón de Almas.

Mención aparte merece su espada Tormentosa (Portadora de Tormentas sería una traducción más fiel del original Stormbringer, pero el traductor al castellano ha optado por un nombre de una longitud menos excesiva): una espada demoníaca, de metal negro y cubierta de runas, que se alimenta de las almas de aquellos a los que mata, y cuya energía transmite a quien la empuña. Sin duda, tampoco es la espada mágica típica de un héroe. Tormentosa es un personaje casi tan importante como el propio Elric, y la relación de dependencia (por no decir adicción) entre ambos es uno de los elementos más importantes de las historias de Elric.

Elric es un personaje trágico, introspectivo, complejo y angustiado. Su alienación y su fatal destino son elementos imprescindibles a la hora de comprenderlo. Sus compatriotas Melniboneses son una civilización milenaria, un pueblo amoral y decadente, dedicado a la búsqueda del propio placer, de manera cruel y egoísta. Elric es distinto a ellos: tiene una conciencia y un sentido de la moral que lo apartan de sus compatriotas, además de interés y curiosidad por el mundo de fuera de Melniboné. Por otra parte, en los Reinos Jóvenes (que es como se conoce a los reinos no Melniboneses), Elric también es un extraño para todos y un ser necesariamente solitario: su raza Melnibonesa y su albinismo lo marcan entre los humanos de los Reinos Jóvenes, así como su trágica e infame leyenda.

La historia de la publicación de los relatos de Elric es un poco enrevesada. Elric apareció por primera vez en una serie de relatos o novelas cortas publicadas en la revista Science Fantasy, que fueron recopiladas en los libros The Stealer of Souls (1963) y Stormbringer (1963). Moorcock siguió escribiendo relatos de Elric, y en los años 70 se publicó todo este material en forma de seis libros, con la historia reordenada de manera cronológica y, en algunos casos, diversas revisiones. Los seis títulos son Elric of Melniboné, The Sailor on the Seas of Fate, The Weird of the White Wolf, The Vanishing Tower, The Bane of the Black Sword, y Stormbringer (este último al parecer con una versión más completa que el texto publicado anteriormente). Los relatos inicialmente incluidos en The Stealer of Souls se repartieron entre The Weird of the White Wolf y The Bane of the Black Sword. Más adelante, a esta serie se añadieron los títulos The Fortress of the Pearl (1989) y The Revenge of the Rose (1991), situados cronológicamente entre los demás. Más recientemente, Moorcock ha escrito otros tres libros dedicados a Elric: The Dreamthief's Daughter (2001), The Skrayling Tree (2003) y The White Wolf's Son (2005). Al parecer, esta trilogía (relacionada con el ciclo de la familia Von Bek) tiene características que la sitúan al margen de la cronología normal (y el propio Moorcock aconseja leerla después del resto), en ocasiones con justificaciones tan aparentemente poco razonables como convertir en viajes oníricos de Elric lo que se narra en estos libros.

Por cierto, con este ciclo se realiza el estudio siguiendo (aproximadamente) el orden de escritura, en vez del cronológico (en otros no aparece esta posibilidad, al coincidir ambos órdenes), por considerar que es preferible para analizar el personaje y su evolución. Sin embargo, para un lector que no conozca la historia de Elric, probablemente sea mejor seguir la trama de una forma lineal o, al menos, dejar Portadora de Tormentas para el final. El orden cronológico oficial sería el siguiente (entre paréntesis se incluyen los relatos individuales que componen ciertos títulos):

Elric de Melniboné
La Fortaleza de la Perla
Marinero de los Mares del Destino
El Misterio del Lobo Blanco (El Sueño de Aubec, La Ciudad de Ensueño, Mientras los Dioses Ríen, La Ciudadela Cantante)
La Torre Evanescente
La Venganza de la Rosa
La Maldición de la Espada Negra (El Ladrón de Almas, Reyes en la Oscuridad, Los Portadores del Fuego, Al Rescate de Tanelorn…)
Portadora de Tormentas

El primer relato dedicado al personaje de Elric es La Ciudad de Ensueño (1961). Nos cuenta el ataque planeado por Elric contra sus compatriotas de Imrryr, la capital (y única ciudad) de Melniboné. En él aparece su primo Yyrkoon como archi–rival y usurpador del trono (aprovechando que Elric le ha dejado como regente para viajar y conocer el mundo exterior), así como Cymoril, la amada de Elric. La problemática relación entre Elric y Tormentosa ya forma parte central de la trama. Puede decirse que la mayoría de los elementos básicos que conforman al personaje ya están en este primer relato.

Si el primer relato establecía el tono trágico de Elric, Mientras los Dioses Ríen (1962) continúa insistiendo en su aspecto introspectivo (a pesar de las abundantes escenas de acción). Elric se ve envuelto en la búsqueda de un misterioso libro; y en esta historia es en la que conoce a Moonglum de Elwher, un extraño hombrecillo procedente de un lejano país, que le acompañará a lo largo de muchas de sus aventuras. El conflicto entre el Orden y el Caos empieza a comentarse y establecerse aquí.

En El Ladrón de Almas (1962) asistimos al enfrentamiento entre Elric y el hechicero Theleb K’aarna, en el que ambos hacen uso de sus poderes de brujería. Al igual que sucedía en La Ciudad de Ensueño, los personajes ya se conocen de antes y tienen asuntos pendientes. En este caso, sin embargo, esa sensación de existencia de un pasado turbulento está mejor reflejada que en aquel relato.

En Reyes en la Oscuridad (1962) Elric conoce a Zarozinia (la otra gran mujer de su vida junto a Cymoril) y se ve arrastrado a una extraña corte real para buscar venganza, mientras se cumple una antigua profecía.

Los Portadores del Fuego (1962) (también conocida como The Caravan of Forgotten Dreams) es otra historia menor (como la anterior), que nos presenta a un Elric que intenta llevar una vida normal, que se ve obligado a abandonar para defender su ciudad de adopción. Estos dos últimos relatos pueden considerarse como historias de “espada y brujería” bastante típicas, a excepción de lo atípico de su protagonista.

La primera novela dedicada al personaje de Elric es Portadora de Tormentas (1965). En ella las fuerzas del Caos, lideradas por Jagreen Lern, Teócrata de Pan Tang, pretenden conquistar los Reinos Jóvenes. La oposición a sus esfuerzos está encabezada por Elric, a pesar de que él también es (al menos en principio) un servidor del Caos. Se trata de una gran historia de corte épico y apocalíptico (sin olvidar los elementos trágicos propios del personaje), situada en un mundo moribundo y desolado por el Caos. El papel de Elric en este conflicto le es revelado por un vidente llamado Sepiriz, que sirve al Destino y actúa como mentor suyo. Hay que señalar que, siendo estrictos, en realidad se trata de 4 novelas cortas, aunque comparten ambientación y siguen una secuencia cronológica directa. También existe una versión de la novela más corta, que elimina partes y unifica los capítulos para darle más coherencia (aunque en algunos casos a costa de más profundidad y detalle).

Esta novela y los cinco relatos anteriores (que fueron los publicados en la recopilación The Stealer of Souls) componen una “primera versión” de Elric. Los relatos nos presentan y sitúan al personaje, centrándose más en sus características psicológicas que en su papel predestinado: es sólo un personaje atípico de fantasía heroica. Por su parte, la novela nos lo lanza de lleno al conflicto entre el Caos y el Orden en su encarnación como Campeón Eterno (aunque sin entrar en demasiada profundidad en una cosmología del Multiverso que aún no está plenamente desarrollada), y pone el cierre al ciclo de Elric.

El relato Al Rescate de Tanelorn… (1962) está protagonizado por Rackhir, el Arquero Rojo, un personaje secundario que aparece en Portadora de Tormentas. Rackhir emprende un viaje por diversos planos para buscar la ayuda que necesita para defender Tanelorn de un ejército de mendigos organizado por uno de los Señores del Caos. La historia podría haber dado más de sí, pero todo está narrado de forma demasiado apresurada. Tanelorn es una ciudad semi–mítica, que aparece mencionada en relatos de otros ciclos, y en la que las almas atormentadas encuentran la paz. Elric sólo aparece como una mención que indica que este relato se desarrolla a la vez que el inicio de Portadora de Tormentas.

Otro relato no protagonizado por el albino es El Sueño de Aubec (1964) (también publicado como Master of Chaos). Se trata de una interesante historia ambientada fuera de los Reinos Jóvenes, antes de la era de Elric, en la que el héroe Aubec de Malador se dirige a conquistar el castillo de Kaneloon, habitado por la hechicera Myshella, la Dama Negra. Como curiosidad, la espada que empuña Elric (y es de suponer que sus antecesores) antes de hacerse con Tormentosa era la de Aubec de Malador. Debido a sus protagonistas, estos dos últimos relatos no aparecen como material de Elric en algunas versiones recientes del ciclo.

Volviendo a las historias protagonizadas por Elric, La Ciudadela Cantante (1967) es el relato que establece la rivalidad entre Elric y Theleb K’aarna, con la reina Yishana entre ambos. El núcleo de la historia es bueno, pero queda un poco diluido por el material que le rodea: pasan muchas cosas en muy poco texto. Esta es también una característica de Moorcock, que es capaz de despachar con un par de frases acciones a las que otros escritores dedicarían páginas y páginas. Por otra parte, aquí vemos una constante de esta tanda de relatos que acabarán originando la cronología completa del personaje: Moorcock se dedicará a rellenar algunos espacios que había insinuado anteriormente.

La novela La Torre Evanescente (1970) tiene su origen en el relato The Sleeping Sorceress, que Moorcock amplía y extiende para publicarlo (y se nota). En realidad, la novela puede considerarse compuesta por tres relatos cortos unidos de forma un poco artificial. La historia sigue girando alrededor del odio entre Elric y Theleb K’aarna. Elric conoce a Myshella, una hechicera al servicio del Orden, y empieza a saber más sobre el Multiverso y su condición de Campeón Eterno. La última parte de la novela narra desde otro punto de vista el encuentro de tres Campeones que también aparece en el ya comentado El Rey de las Espadas (publicado posteriormente).

Puede decirse que la primera novela “verdadera” dedicada al personaje es Elric de Melniboné (1972), que nos lleva al pasado de Elric, cuando aún se sentaba en el trono como Emperador de Melniboné. La novela narra los orígenes del personaje de Elric: su alienación y angustia, su rivalidad con su primo Yyrkoon, su trágico amor por Cymoril (la hermana de este último), su pacto con Arioch, y la búsqueda de las espadas rúnicas Tormentosa y Enlutada. En este libro se nota que existe una verdadera trama contínua y no una serie de historias más o menos relacionadas. Por ello, probablemente sea el que mejor funciona como novela (con el permiso de Portadora de Tormentas, que compensa su mayor debilidad estructural con lo épico de su contenido).

Marinero de los Mares del Destino (1976) cuenta algunas aventuras de Elric durante su exilio en los Reinos Jóvenes. Al igual que en La Torre Evanescente, el libro está compuesto por tres historias individuales enlazadas para darles cierta consistencia. La primera es la más floja, a pesar de la presencia de Corum, Erekosë y Hawkmoon como “estrellas invitadas” (introduciendo el concepto de Multiverso y Campeón Eterno por primera vez en la cronología) y de evocar unas imágenes espectaculares. Su mayor defecto es que es demasiado similar a otra historia anterior y que se resuelven ciertas inconsistencias con el resto del ciclo de forma discutible. La segunda, alrededor del personaje de Saxif D’Aan, mejora (aún siendo una historia menor), y la tercera es la mejor de todas. Esta historia cuenta el viaje a la ciudad de R’lin K’ren A’a, ciudad donde pueden estar los orígenes de Melniboné, y es la que más importancia tiene en relación con arco argumental de la lucha entre el Orden y el Caos a lo largo del ciclo.

Con este segundo bloque de novelas y relatos ya se puede hablar casi de una biografía completa del personaje. Al seguir cronológicamente a Elric hay relatos que ganan mucho en profundidad, por tratar con personajes más desarrollados y mejor conocidos (un caso evidente sería el de La Ciudad de Ensueño, bueno si se lee independientemente, pero demoledor si se lee habiendo leído Elric de Melniboné). Además de ir dando cuerpo al reparto del ciclo, al tener escrito el final de la historia, Moorcock también aprovecha para dar algunos indicios del futuro de la trama. En general, con todo el material comentado hasta ahora, quedan cerrados los que podrían considerarse los tres grandes arcos narrativos del ciclo de Elric: Elric y Yyrkoon, Elric y Theleb K’aarna, y Elric y Zarozinia.

Moorcock regresaría al personaje de Elric más de diez años después, con la novela La Fortaleza de la Perla (1989). La novela narra una búsqueda por tierras oníricas, en la que Elric es acopañado por una ladrona de sueños llamada O one. Elric es un personaje muy pasivo, casi más espectador que protagonista, y pocas de sus características personales son importantes para el relato. La historia podría haber sido protagonizada perfectamente por cualquier otro personaje sin demasiados problemas. El propio autor no parece estar muy satisfecho con los resultados de esta novela y su aportación general al ciclo de Elric.

Poco después, en La Venganza de la Rosa (1991), Moorcock nos ofrecería otra novela dedicada al albino. El personaje de Elric está mejor reflejado que en la anterior, pero la historia es más floja y tiene un inicio algo titubeante. Reaparece como personaje importante la figura del Príncipe Gaynor en unas aventuras que conducen a Elric lejos de los Reinos Jóvenes por misteriosos planos del Multiverso.

El principal problema de estas dos últimas novelas es su ubicación dentro de la cronología formada por los títulos anteriores, a la que en realidad no aportan demasiado. Eso sí, parecen aportar más al papel de Elric como encarnación del Campeón Eterno y su relación con el Multiverso. También puede parecer que se introducen algunas muy leves inconsistencias, que Moorcock no resuelve de forma muy satisfactoria. Además, el estilo de Moorcock es bastante distinto y refleja el paso de los años. Así, después de Elric de Melniboné, pasar a La Fortaleza de la Perla supone un cambio brusco de estilo, acompañado de un bajón de calidad, que puede desanimar al lector. Parece que es mejor leer todos los títulos escritos después de los años 70 como historias independientes, después de haber leído los relatos anteriores en orden cronológico.

En todo caso, es indiscutible que Elric se ha convertido en uno de los iconos de la fantasía moderna, imitado e influyente (es fácil encontrar rasgos de Elric en populares personajes actuales como Geralt de Rivia o Drizzt Do'Urden). Con Elric, el género fantástico se encuentra con figuras más trágicas y antiheroicas que aquellas que solían aventurarse por sus tierras.

Crónicas del Castillo de Brass

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Este último ciclo, que comienza y se desarrolla como un segundo grupo de historias protagonizado por Dorian Hawkmoon, tiene la particularidad de ser el ciclo que pone fin al todo que supone la gran saga del Campeón Eterno.

En El Conde Brass (1973) nos encontramos a Dorian Hawkmoon intentando llevar una vida más o menos normal. Sin embargo, parece que no todos los enemigos de Hawkmoon han desaparecido, y Dorian debe enfrentarse a ciertas acusaciones de traición en una historia que incluye paradojas temporales.

Las desventuras de Hawkmoon siguen en El Campeón de Garathorn (1973), que cuenta una doble historia. Por una parte tenemos a Hawkmoon luchando para recuperar lo que ha perdido, y por otra conocemos a Ilian de Garathorn, una encarnación femenina del Campeón Eterno. Esta presencia femenina dentro del mito es lo único destacable de la novela, junto con algunos indicios de lo que se aproxima.

Es en La Búsqueda de Tanelorn (1975) donde finalmente se alcanza el final de la saga: los dos capítulos anteriores del ciclo no han servido más que para preparar esta conclusión, propiciada por lo que se conoce como la Conjunción del Millón de Esferas. La peor parte del libro es aquella que repite una historia que aparecerá posteriormente en Marinero de los Mares del Destino, en este caso desde el punto de vista de Hawkmoon y alcanzando aquí su verdadera importancia. Al haberla leído antes en el ciclo de Elric, aquí pierde bastante fuerza (aunque esta sea la primera versión escrita). Aparecen muchos personajes de los diversos ciclos (incluídos Elric y Corum), y Erekosë tiene un papel bastante destacado. El final es la mejor parte de este ciclo, pues está lleno de espectacularidad y simbolismo. Cuando todo finaliza, se inicia un nuevo ciclo en el Multiverso (que durará lo que muchos considerarían una eternidad), y en el que el Campeón Eterno podrá descansar.

El cierre propiamente dicho es adecuado, si bien quizá no tenga la intensidad de algún otro final de ciclo individual (como Portadora de Tormentas). Por el contrario, flojea un poco más lo que es el desarrollo (considerando este ciclo en su conjunto) que nos conduce hasta este final, al estar formado por unas “simples” aventuras más de Dorian Hawkmoon. Nunca da la sensación de conducirnos por una progresión que lleve a un final de proporciones cósmicas hasta que se llega a la parte final del último volumen.

Así concluye la larga historia del Campeón Eterno

Otros Títulos

Como ya se ha mencionado, de acuerdo a las publicaciones canónicas hay unos cuantos libros más que formarían parte de la saga del Campeón Eterno. En concreto, se trataría de los títulos recopilados en:

Sailing to Utopia: recopilación de novelas más próximas a la ciencia ficción que al fantástico (The Ice Schooner, The Black Corridor, The Distant Suns, Flux) sin elementos ni protagonistas comunes.

A Nomad of the Time Streams: con las aventuras del Capitán Oswald Bastable, miembro del Gremio de Aventureros Temporales. Contiene las novelas The Warlord of the Air, The Land Leviathan, y The Steel Tsar. El género parece ser de nuevo la ciencia ficción, ahora con una cierta orientación pulp

The Dancers at the End of Time: protagonizado por Jherek Carnelian, uno de los últimos hombres de un futuro muy lejano, y Amelia Underwood, procedente de la Inglaterra victoriana. Las novelas contenidas son Alien Heat, The Hollow Lands y The End of All Songs, de tono satírico y humorístico.

The New Nature of the Catastrophe: relatos de varios autores (el propio Moorcock, Norman Spinrad, Brian Aldiss…) protagonizados por Jerry Cornelius. Curiosamente, las cuatro novelas (El Programa Final, Una Cura para el Cáncer, El Asesino Inglés, La Condición de Muzak) protagonizadas por este personaje no aparecen incluidas en la edición definitiva de la saga del Campeón Eterno.

Legends from the Edge of Time: historias cortas en el mundo de Jherek Carnelian (aunque con protagonistas distintos a los de The Dancers at the End of Time), en el mismo tono ligero. Su mayor interés parece ser que es que contiene una historia humorística protagonizada por Elric: Elric at the End of Time.

Earl Aubec: historias cortas variadas, que al parecer no encajaban en ninguna de las otras antologías (como los comentados El Sueño de Aubec o Al Rescate de Tanelorn…).

Colaboraciones y Antologías

Moorcock parece ser un escritor al que no le importa abrir su universo (perdón, Multiverso) a otros autores, aunque sin llegar al extremo de convertirlo en franquicia. Así, pueden encontrarse varias antologías de relatos dedicados a personajes creados por Moorcock, como Cuentos del Lobo Blanco (dedicada totalmente a Elric) y Peón del Caos (protagonizados por distintas encarnaciones del Campeón Eterno), además de la ya mencionada dedicada a Jerry Cornelius.

Moorcock también ha generado bastante material para el mundo del comic, y no sólo a través de las habituales adaptaciones de sus novelas. Por ejemplo, ha escrito los guiones de Elric: Making of a Sorcerer (con dibujos de Walter Simonson), Swords of Heaven, The Flowers of Hell (protagonizado por Erekosë y dibujado por Howard Chaykin) o Michael Moorcock’s Multiverse. También es el responsable de la historia de los números de Conan el Bárbaro en los que aparece Elric (por primera vez en un comic) junto al Cimmerio.

La influencia de Moorcock, sobre a todo a través de Elric (su personaje más famoso), también se puede encontrar en el mundo de la música. Hay referencias a Elric en diversas canciones de varios grupos musicales (normalmente relacionados con distintos estilos de metal), desde Deep Purple a Blind Guardian. Pero sin duda, la mayor influencia parece encontrarse en el grupo británico Hawkwind (grupo con el que el propio Moorcock ha colaborado directamente), que tiene un album conceptual titulado Chronicle of the Black Sword, que narra la historia de Elric.

Probablemente el único medio de la cultura popular que le falte conquistar al Campeón Eterno sea el cine (a pesar de la adaptación hecha en 1973 de The Final Programme, protagonizada por Jerry Cornelius). Sin embargo, desde hace unos años (coincidiendo con el éxito en pantalla de El Señor de los Anillos), Universal tiene en su cartera de proyectos la realización de una película (o posible trilogía, que eso nunca se sabe) dedicada a Elric. El proyecto va despacio y está todavía poco más que en una fase previa a la preproducción, lo que al menos es indicativo de que se está tomando en serio y no se pretende hacer caja rápidamente aprovechando el boom del fantástico. En principio, los responsables del proyecto no parecen los más adecuados (son los que han producido la “saga” de American Pie), pero el propio Michael Moorcock parece estar bastante implicado en el proyecto y, hasta el momento, se declara bastante satisfecho de sus ideas y del trabajo que están realizando.

Bibliografía Ordenada

En cursiva aparecen aquellos títulos que se corresponden con relatos o novelas cortas.

ElricLa Ciudad de Ensueño (1961)
ElricMientras los Dioses Ríen (1962)
ElricEl Ladrón de Almas (1962)
ElricReyes en la Oscuridad (1962)
ElricLos Portadores del Fuego (1962)
ElricAl Rescate de Tanelorn… (1962)
ElricEl Sueño de Aubec (1964)
Elric – Portadora de Tormentas (1965)
ElricLa Ciudadela Cantante (1967)
Hawkmoon – La Joya en la Frente (1967)
Hawkmoon – El Amuleto del Dios Loco (1968 )
Hawkmoon – La Espada del Amanecer (1968 )
Hawkmoon – El Bastón Rúnico (1969)
Erekosë – El Campeón Eterno (1970)
Erekosë – Fénix de Obsidiana (1970)
ElricLa Torre Evanescente (1970)
Corum – El Caballero de las Espadas (1971)
Corum – La Reina de las Espadas (1971)
Corum – El Rey de las Espadas (1971)
Elric – Elric de Melniboné (1972)
Hawkmoon – El Conde Brass (1973)
Hawkmoon – El Campeón de Garathorn (1973)
Corum – El Toro y la Lanza (1973)
Corum – El Roble y el Carnero (1973)
Corum – La Espada y el Corcel (1974)
Hawkmoon – La Búsqueda de Tanelorn (1975)
Elric – Marinero de los Mares del Destino (1976)
Von Bek – El Perro de la Guerra y el Dolor del Mundo (1981)
Erekosë – El Dragón en la Espada (1987)
Elric – La Fortaleza de la Perla (1989)
Elric – La Venganza de la Rosa (1991)
Antología – Cuentos del Lobo Blanco (1994)
Antología – Peón del Caos (1997)


Conan: Una Nota Personal
(19/04/2006 14:52:43 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)

Veinte Años con Conan: una Nota Personal

Mi primer contacto con el personaje de Conan fue a través del comic. Fue a principios de los 80, cuando el estreno de la película había revivido su popularidad, y siempre mediante comics prestados (nunca he sido muy aficionado a su compra). Aquellos números de La Espada Salvaje de Conan suponían un cambio respecto a los tebeos (entonces aún los llamábamos así) que estaba acostumbrado a leer: no tenían nada que ver ni con Mortadelo ni con los asépticos superhéroes. En aquellos tebeos había aventuras, violencia, sangre y chicas semidesnudas, en un estupendo blanco y negro que le daba a todo un toque más “serio”: todo lo que un pre–adolescente podía desear. No creo que fuera la primera historia que leí, pero sí sé cual es la que más recuerdo: una adaptación de La Maldición del Monolito. Quizá no sea la mejor de las historietas (otro término de la época) de todas las de Conan, pero es la que más me marcó. Ya he dicho que nunca he sido comprador habitual de comics, pero los que tengo de aquella época son casi todos de Conan. No es que fuera un seguidor del personaje, pero cuando me compraba algún comic normalmente era de los suyos (y preferiblemente La Espada Salvaje).

La película no la pude ver en el cine (era demasiado pequeño), aunque curiosamente mi primer comic de Conan fue la adaptación de Conan el Bárbaro. La película (y sus secuelas) supongo que las acabaría viendo en la tele o en vídeo, en algún momento de la década de los 80, y tampoco me marcaron demasiado. Sería años después, ya como cinéfilo empedernido, cuando la vería con otros ojos y empezaría a apreciarla más.

Por supuesto, sabía que el personaje tenía un origen literario, pero entonces era imposible conseguir los libros de Robert E. Howard. Entre finales de los 80 y principios de los 90, la editorial Martínez Roca, en su colección Fantasy, publicó una buena cantidad de títulos interesantes del género, incluídos algunos de Howard (Kull, Bran Mak Morn…), pero Conan seguía sin aparecer. Por fin, en 1995 empezarían a publicar una serie especial dedicada a Conan (incluso cambiaron el habitual color amarillo de la colección por el azul para distinguir estos títulos), en la que acabarían publicando los 12 libros de la edición de Sprague de Camp y Carter, y otros tantos pastiches de diversos autores. Por desgracia, esta serie supondría el canto del cisne de la colección, que desaparecería con ella.

Los libros los devoré, sin atender demasiado a quien era su autor, y si eran del propio Howard o no (tampoco conocía aún todas las vicisitudes por las que habían pasado los textos), y recuerdo que aguardaba la publicación de cada uno para poder comprarlo cuanto antes. Me encontraba con un personaje más complejo e interesante, e incluso en ocasiones bastante diferente, del que recordaba de los comics o de las películas, y un estilo literario bastante distinto del que se podía encontrar en otras novelas de fantasía. He de reconocer que algunas de las historias escritas por Sprague de Camp me gustan bastante y que los pastiches me entretenían (aunque en muchos ya se podía detectar una escritura rutinaria y poco inspirada, y creo que he re-leído pocos); pero luego, haciendo “recuento”, la mayor parte de las historias y escenas que mejor recuerdo son las del propio Howard.

El círculo se cierra ahora, a mediados de la primera década del siglo XXI, más de veinte años después de que viera una primera viñeta de Conan, cuando he podido leer el texto original de Howard, sin modificaciones ni ediciones. También (volviendo a los orígenes) he podido leer los excelentes nuevos comics de Conan que está publicando Dark Horse.

Casualmente, además este año 2006 se cumple el centenario del nacimiento de Robert E. Howard, y de ahí que haya decidido aprovechar para rendirle este humilde homenaje. Todo nació con un artículo sobre Conan en el cine, que decidí acompañar con uno dedicado a Conan como personaje literario (coincidiendo con la lectura de las antologías de Patrice Louinet). Finalmente, incluso me atreví a dedicar algún tiempo a Conan en el comic, en un artículo que es más investigación que opinión personal debido a mi mayor desconocimiento del medio.

En estos tiempos en que la literatura fantástica parece vivir a base de extensas trilogías o sagas, no hay que olvidar que uno de los pilares sobre los que nació el género fueron estos relatos cortos publicados en revistas baratas. Y lo importante es que Conan sigue siendo tan interesante y atractivo para el público como lo era en su momento, como cuando lo leí por primera vez (sin importar modificaciones ni reescrituras) hace una década, como cuando lo escribió Robert E. Howard hace más de 70 años.




Bibliografía

Además de los propios libros de Conan (con mención especial para las ediciones de Patrice Louinet), este trabajo hubiera sido imposible sin la consulta de multitud de recursos en Internet (sobre todo en lo relacionado con los comics). Entre los básicos, hay que mencionar:

en.wikipedia.org
www.rehupa.com
www.pulpanddagger.com
www.tebeosfera.com/Libris/REH/Sumario.htm

así como muchos más encontrados gracias a la inestimable ayuda de Google.

También hay que nombrar la consulta de los siguientes libros:

La Canción de las Espadas (Javier Martín Lalanda; Tiempo de Ediciones, 1983)
Conan: Guía de la Era Hiboria (Juan Carlos García Herranz–Eugenio Sánchez; Alberto Santos, 1996)
Conan: Un Estudio sobre el Mito (León Arsenal–José Miguel Pallarés–Eugenio Sánchez Arrate; Metrópolis Milenio, 1999)


Conan: Las Crónicas
(19/04/2006 14:51:22 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)



Conan: Las Aventuras
(15/03/2006 15:07:14 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)




Comics

Las andanzas de Conan en el mundo del comic (al menos las oficiales) empiezan en 1970, cuando Marvel (una de las dos mayores editoriales de comics de Estados Unidos) comienza la publicación del comic Conan the Barbarian (1970–1993; 275 números). La colección está a cargo de Roy Thomas como guionista, con Barry Windsor–Smith como dibujante. La serie se convierte muy pronto en un éxito, tanto comercial como crítico, y ayudaría a convertir a Marvel en el gigante multinacional que acabaría siendo.

El éxito del comic–book llevó a Marvel a plantearse publicar las aventuras del bárbaro en otros formatos. Así, en 1974 empezaría la publicación de The Savage Sword of Conan (1974–1995; 235 números), con formato de revista (magazine, en la terminología de la industria). Marvel ya había intentado una jugada similar en 1971, con los 10 números de Savage Tales, pero en aquella ocasión el proyecto no llegaría a cuajar. La revista es en blanco y negro, tiene un mayor número de páginas, y combina las historias de Conan con otros materiales, como artículos, historias adicionales, portafolios de artistas… Las llamativas portadas, obra de ilustradores como Boris Vallejo o Esteban Maroto, en las que abundaban los cuerpos semidesnudos (aunque luego no tuvieran nada que ver con el contenido), sin duda también influyeron en el éxito de la publicación. Inicialmente, su periodicidad era bimensual, pero pasaría a mensual a partir del número 20.

Teóricamente, “La Espada Salvaje de Conan” era un comic más adulto que “Conan el Bárbaro” (probablemente, al ser otro formato no se viera sujeto al estricto código de censura de los comics). La realidad es que tampoco había grandes diferencias: en “La Espada Salvaje” podía aparecer ocasionalmente un desnudo femenino y algo de lenguaje malsonante, pero pocos más “elementos adultos” había entre sus páginas. Esto por lo que se refiere a las historietas, porque la presencia de artículos y material similar sí que apuntaba a un público más maduro o adulto.

En “Conan el Bárbaro” se utilizaba la estructura habitual de otros comics Marvel. Es decir, se narraba una historia de forma más o menos cronológica y lineal, con una trama que debía seguirse de número a número. Por su parte, “La Espada Salvaje” mostraba al personaje de forma más aislada: la mayoría de las historias concluían en el mismo número, lo que hacía mucho más interesante el material para el lector no habitual, que podía coger un número al azar y leerlo sin preocuparse demasiado de otros números precedentes. El verdadero fenómeno de Conan como personaje de comic se produce sobre todo por “La Espada Salvaje de Conan”, una publicación con un éxito y una permanencia en el mercado realmente única en su formato, y capaz de sobrevivir a momentos de crisis en los que desaparecieron otras revistas de tipo similar.

Estos no fueron los únicos comics en los que apareció el personaje de Conan, pero sí los más importantes, por duración, éxito y calidad. Además de series limitadas y apariciones esporádicas, también habría que mencionar las series King Conan (1980–1989; 55 números), que trataba las aventuras de Conan como Rey de Aquilonia, y Conan Saga (1987–1995; 97 números), intento de reimprimir en orden cronológico historias publicadas anteriormente.

Mención especial debe hacerse para el personaje de Red Sonja, creado por Roy Thomas y Windsor–Smith en uno de los números de “Conan el Bárbaro”. Se trata de un personaje original, a pesar de tomar el nombre de una creación de Howard, creado directamente para el comic. El carisma del personaje (al que ayudaría el absurdo bikini de mallas con que la vestirían posteriormente) le permitiría tener tres series propias (de 7, 15, y 13 números), así como protagonizar alguna historia en “La Espada Salvaje”, y ser personaje invitado habitual en los comics del Cimmerio.

Autores

Hay tres nombres imprescindibles a la hora de hablar de Conan en el comic: el editor y guionista Roy Thomas, y los dibujantes Barry Windsor–Smith y John Buscema. Roy Thomas y Windor–Smith se encargaron del personaje desde el primer número de “Conan el Bárbaro”. La elección del dibujante (entonces relativamente poco conocido y, por lo tanto, barato) al parecer estuvo motivada por lo experimental del proyecto: en la Marvel no se había hecho nada similar y no se estaba seguro de los resultados.

A partir del número 24 de “Conan el Bárbaro”, empezó a ocuparse del dibujo John Buscema, un dibujante más experimentado (y que hubiera sido la primera elección para el personaje, motivos económicos aparte). Más adelante, especialmente cuando empezó a ser necesario producir más material (por la existencia de “La Espada Salvaje”), se unirían y probarían más dibujantes, entre los que destacarían algunos como Ernie Chan, Gil Kane, o Neal Adams.

A pesar de esto, son Windsor–Smith y Buscema los dos dibujantes que darían forma a la imagen del bárbaro, especialmente en el caso de Buscema. Sin menospreciar el trabajo de Windsor–Smith, sería la obra de Buscema (quizá porque también dibujó mucho más material) la que acabaría siendo más influyente e imitada por otros autores. El Conan de Windsor–Smith es un simple hombre musculoso, que podría ser el héroe de cualquier relato fantástico. Por su parte, el Conan de Buscema tiene un físico digno de un culturista (estilo también popularizado por muchos ilustradores), una verdadera montaña de músculos y nervios, más cerca del personaje descrito por Howard.

Al principio, se adaptaban sobre todo historias de Howard (en “La Espada Salvaje”; en “Conan el Bárbaro” también, pero por su estructura era más normal tener que introducir material nuevo). En “La Espada Salvaje” también se introdujeron historias de otros personajes del autor (como Kull y Solomon Kane), así como intentos de introducir otros personajes nuevos. También era bastante habitual la conversión de relatos de otros personajes, cambiando al protagonista por Conan, para así poder ponerle a la historia la coletilla de “basado en un relato de R.E. Howard”. Una vez se agotan las historias de Howard, se consiguen los derechos para adaptar otras historias de Conan, como las de Sprague de Camp u otros autores, con lo que el material literario de base sigue existiendo.

En los 80, Roy Thomas abandona el personaje y a Marvel, y comienza la peor etapa del personaje. Los editores y guionistas, con Michael Fleisher a la cabeza, se limitan a repetir fórmulas y tópicos, y a exagerar los elementos fantásticos y sobrenaturales, añadiendo cada vez monstruos y criaturas más exagerados (cuando Conan siempre ha sido un personaje relativamente realista). Las ventas se mantuvieron gracias a la llegada de nuevos lectores atraídos por el paso del personaje al cine (sobre todo con la primera película). Sirva como ejemplo de esta decadencia y falta de originalidad la historia El Informador (aparecida en el número 99 de “The Savage Sword of Conan”), que es una copia evidente del relato Nacerá una Bruja, que ya había sido adaptado en uno de los primeros números de la revista.

Por si fuera poco, es en esta etapa en la que Conan aparece en algunos “What If?” (comics que narran historias alternativas del estilo de “¿Qué pasaría si Spiderman se uniera a Los Cuatro Fantásticos?”) y en crossovers con otros personajes del Universo Marvel, algo a lo que Roy Thomas se había negado (había consentido en publicar un comic en el que Conan se veía trasladado a la Nueva York contemporánea, pero a condición de que no se cruzara con ningún otro personaje de la Marvel). Con Thomas ausente, se abre la veda y así se publican comics en los que Conan se cruza con personajes como Lobezno o Thor, y en los que Red Sonja se confunde con otras pelirrojas ilustres de la Marvel como Jean Grey o Mary Jane Watson.

A principios de los 90, Roy Thomas volvería a ocuparse del personaje, intentando retomar los orígenes “literarios” de los guiones para hacer que Conan saliera de su decadencia. Sin embargo, era demasiado tarde, fuera por los 10 años de baja calidad, o porque el mercado del comic había cambiado y Conan no había sabido adaptarse. Así, “Conan the Barbarian” fue cancelada (teniendo que resolverse la trama en “La Espada Salvaje”). Un par de años después también desaparecería “The Savage Sword of Conan”.(aunque se intentó relanzar una revista similar poco después, con la esperanza de atraer un nuevo público).

El Nuevo Conan

En 2003, Dark Horse (una empresa con cierta fama de “independiente”, a pesar de ser la tercera editora de Estados Unidos) se hace con la licencia del personaje y empieza a publicar una nueva serie. Además, también reedita recopilaciones de los comics de “Conan the Barbarian” (recoloreados por ordenador), bajo la cabecera de The Conan Chronicles.

La nueva serie de Conan está escrita por Kurt Busiek y dibujada por Cary Nord, cuyos dibujos a lápiz son coloreados directamente por ordenador (sin pasar por el proceso de entintado habitual del comic), lo que les da un interesante y original aspecto. El propósito de esta serie es contar todas las aventuras de Conan en orden cronológico, basándose únicamente en el material de Robert E. Howard y creando sus propias historias para rellenar los huecos (hablan de planificaciones tan a largo plazo como a 10 años, así que parece que apuestan en serio por el personaje). Las historias de la trama principal se han visto complementadas por historias “de relleno” realizadas por otros autores, que han tratado la infancia de Conan o momentos anecdóticos. Entre los autores que han participado o participarán se encuentran nombres tan aparentemente inesperados como Bruce Timm (creador de la serie de animación de Batman) o Mike Mignola (Hellboy).

Además de la serie regular, también se han publicado algunas miniseries, con lo que Conan vuelve a ocupar un lugar importante en las estanterías de las tiendas de comics. Y, si los planes de Dark Horse siguen adelante, el Cimmerio ha vuelto para quedarse.


Conan: La Saga
(10/02/2006 08:11:35 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)

Sabed, oh príncipe, que en los años que siguieron al hundimiento de Atlantis en las profundas aguas del océano, hasta el apogeo de los Hijos de Aryas, hubo una era inconcebible en la que los rutilantes y poderosos reinos se extendían por el mundo como mantos azules bajo las estrellas. Aquí llegó Conan el Cimmerio, de cabellos negros y mirada hosca, con la espada en la mano - ladrón, vagabundo, asesino implacable, con una melancolía abismal y una exultante alegría - para pisotear los enjoyados tronos de la Tierra con sus toscas sandalias




Bárbaro. Ladrón. Pirata. Bandido. Mercenario. Rey. Conan. Sin duda alguna, nos hallamos ante uno de los iconos más conocidos del género fantástico, en su vertiente de “espada y brujería”. Gran parte de su popularidad, como es habitual en la cultura de la imagen en que vivimos, se debe a su paso por las pantallas de cine.

Aunque el propósito de este texto es hablar de Conan como personaje cinematográfico, es imprescindible mencionar sus orígenes. Conan fue creado en los años 30 por R.E. Howard, como protagonista de los relatos pulp que publicaban revistas como Weird Tales. En su corta vida, Howard hizo a Conan protagonista de alrededor de una veintena de relatos (incluyendo la novela The Hour of the Dragon).

Sin embargo, la popularidad del personaje le llegaría en los años 70, cuando la Marvel decidió convertirlo en personaje de comic. Como protagonista de la serie regular Conan el Bárbaro y de La Espada Salvaje de Conan (más adulta y episódica, a similitud de las historias originales) el Cimmerio se haría más famoso gracias a Roy Thomas, Barry Windsor-Smith y a John Buscema, que a su propio creador. De hecho, mucha gente piensa que Conan es un personaje de comic, sin conocer su verdadero origen literario.

Conan el Bárbaro (1982)
Pero siempre, y por encima de todo, estaba la disciplina del acero

El proyecto de llevar a Conan al cine llevaba en marcha desde 1977. Aunque la identidad de su protagonista, Arnold Schwarzenegger, parecía indiscutible, no sucedió lo mismo con otros nombres asociados al proyecto. Así, un primer borrador del guión fue realizado por Roy Thomas (guionista de los comics), aunque posteriormente sería abandonado a favor de un texto escrito por Oliver Stone. Igualmente, aunque para dirigir la película se barajaron nombres como los de Ridley Scott y Alan Parker, finalmente el elegido sería John Milius, director que había colaborado como guionista en títulos como Apocalypse Now o Harry el Sucio. Milius reescribió el guión de Stone, eliminando multitud de elementos fantásticos y enfocando la historia hacia la acción y un mayor realismo. Su dirección es sobria y clásica, sin sofisticaciones, declarándose influido por directores como Ford y Kurosawa.

El trío protagonista estaba formado por actores no profesionales. Al culturista Schwarzenegger como Conan se le unieron una bailarina (Sandahl Bergman) como Valeria y un surfista (Gerry Lopez) como Subotai. De estos tres, el único que acabaría haciendo carrera en el mundo del cine, sería el austriaco, que saltó a la fama con esta película. La actuación de los tres es decente, teniendo en cuenta sus limitaciones e inexperiencia. A su favor hay que añadir el intenso entrenamiento físico al que se sometieron, que les permitió realizar casi todas sus escenas peligrosas sin recurrir al trabajo de dobles (sufriendo heridas y accidentes). Como curiosidad, Sandahl Bergman ganaría por este trabajo el Globo de Oro a la Mejor Actriz Debutante. Para el villano, Thulsa Doom, se eligió a un rostro (y una voz) más conocido: James Earl Jones, que ofrece sin duda la mejor actuación de toda la película.

Mención especial merece el diseño de producción, a cargo de Ron Cobb (que había trabajado en Alien y en Star Wars), y del que habría que destacar el impresionante templo de Thulsa Doom. El rodaje se realizó en España, después de abandonar Yugoslavia por miedo a su inestabilidad política (aunque durante el rodaje en España se produciría el golpe de estado del 23–F). Eso permite ver, además de varios paisajes conocidos, a rostros como el de Nadiuska (como la madre de Conan) y de Jorge Sanz (haciendo de Conan niño).

Los efectos especiales también son notables, llamando especialmente la atención la serpiente gigante mecánica y la metamorfosis de Thulsa Doom: no hay que olvidar que estamos hablando de efectos puramente físicos, anteriores a los efectos visuales realizados por ordenador.

La banda sonora de Basil Poledouris es el otro gran protagonista de la película. Probablemente sea el mejor trabajo del compositor, de corte épico con influencias wagnerianas y del Carmina Burana (temas que Milius quería usar, pero a los que renunció debido a que los empleó Excalibur), pero también con algunos hermosos temas más intimistas. Esta es una película con pocos diálogos, por lo que en muchas escenas es la música la que lleva la mayor parte del peso narrativo junto a la parte puramente visual. Por ejemplo, al inicio, tras las palabras del narrador y del padre de Conan, la película nos muestra un largo asalto en el que prácticamente sólo se oye la música.

A pesar de todo esto, las críticas a la película no fueron precisamente buenas. Además de pertenecer a un género considerado menor, su excesiva violencia fue muy criticada. Sin embargo, la respuesta del público fue positiva, y no tardaría en rodarse la continuación. Desde un principio los productores querían hacer más de una película, así como sus guionistas. Oliver Stone pensaba en una franquicia a lo James Bond, con unas 12 películas. John Milius era más modesto y se conformaba con hacer una trilogía, en la que la primera película trataría de la fuerza, la segunda de la responsabilidad, y la tercera de la tradición y la lealtad. En todo caso, el epílogo de la película deja bien clara la posibilidad de realizar las secuelas.

Como adaptación, la película es cuanto menos discutible, para disgusto de los aficionados más puristas y radicales. La historia se toma ciertas libertades con el personaje (como cambiar bastante sus orígenes) y, desde luego, no adapta ninguna historia conocida de Howard. Sin embargo, se muestran diversas situaciones sacadas de las historias originales de Conan, como la crucifixión de Conan, o la vuelta de Valeria para salvar a Conan (aunque era Belit en el Conan de Howard). Otros elementos, aunque no proceden de historias de Conan, sí que vienen de las obras de Howard, como el nombre de Thulsa Doom (brujo de las historias de Kull), o el encuentro con la bruja (que recuerda a uno protagonizado por el picto Bran Mak Morn). En general, y a pesar de todo, el carácter del personaje está respetado, y la Era Hiboria está correctamente representada.

John Milius hizo con Conan algo más que una simple película de acción y aventuras, algo más que la historia de la venganza de un joven hacia los que le convirtieron en un esclavo. Muy preocupado por dotar de simbolismo a la película, hay toda una historia que nos cuenta el viaje iniciático de Conan. Milius (al que muchas veces se ha acusado de mantener posturas políticas cercanas al fascismo) refleja en la película su particular ideología extremadamente individualista (él mismo se define como “anarquista zen”).

La película se inicia con una cita de Nietzsche: Lo que no te mata, te hace más fuerte, y le siguen unos títulos de crédito en los que se nos muestra la forja de una espada: la mística de la espada va a estar muy presente a lo largo de toda la historia. Cuando es un niño, su padre le habla a Conan del enigma del acero, un enigma que debe resolver si quiere estar preparado cuando llegue la hora de comparecer ante su dios Crom, un dios duro y que no escucha a los hombres. Su padre explica a Conan que en lo único en que puede confiar es en su propia espada.

Después de recibir estos individualistas consejos, Conan será esclavizado y sometido a un brutal proceso de selección natural y de supervivencia del más fuerte. Tras pasar años encadenado a la Rueda del Dolor y de ser el único superviviente en este simbólico artilugio, es adiestrado como gladiador y obligado a enfrentarse a muerte con otros luchadores tan salvajes como él. No es de extrañar así que las primeras palabras que escuchemos pronunciar a Conan sean su definición de lo mejor en la vida: Aplastar a tus enemigos, verlos huir ante ti, y oír los lamentos de sus mujeres

Tras liberarse de la esclavitud, Conan corta (literalmente) sus cadenas con una espada de la que se apodera en la tumba de lo que parece un rey de la antigüedad. De nuevo aparece la mística de la espada: sólo con una espada (y de un rey, lo que es premonitorio teniendo en cuenta el destino del bárbaro) Conan se libera totalmente de la esclavitud y empieza a vivir como un hombre libre.

En realidad, Conan aún no es realmente libre, pues está dominado por su ansia de vengarse de Thulsa Doom. En su búsqueda, Conan entra en contacto con la civilización (presentada como algo decadente) y con sus semejantes, incluyendo el conocer el amor con Valeria, una ladrona. Esta visión de la barbarie como algo superior a la civilización es uno de los temas sacados directamente de la obra de Howard. Thulsa Doom ahora se ha convertido en el líder de una peligrosa secta de adoradores de serpientes. Este tipo de organizaciones (sectas y, por extensión, religiones organizadas) tampoco salen muy bien paradas en la visión de Milius.

Finalmente, Conan es capturado por Thulsa Doom, que le revela la respuesta al enigma del acero: el acero no es lo más fuerte, la carne es más fuerte aún. El acero no es nada sin la mano que lo empuña: la espada sólo es una herramienta y depende del que la empuña el uso que se haga de ella. Si la espada representa la libertad, la mano es la responsabilidad.

Conan está a punto de morir a manos de los hombres de Thulsa Doom, simbolizando con su posterior renacer el cambio que se produce en él después de conocer la respuesta al enigma planteado en la infancia por su padre, la respuesta que le permitirá presentarse ante Crom. Pero Conan aún tiene que librarse de algunas ataduras más.

Primero destruye de un fuerte golpe la espada de su padre (la que vimos forjar al inicio), empuñada por uno de sus enemigos, reafirmando la liberación respecto al enigma planteado por su padre. Después, con esa misma espada rota, decapita a Thulsa Doom, su otro “padre”. El brujo le hace ver que sin él la vida para Conan no tendrá propósito: él le ha dado una motivación para vivir a través de su deseo de venganza. Conan duda un momento, pero el ansia de libertad le ayuda a liberarse de la hipnótica mirada del hechicero y acabar con él. Conan así también libera a los seguidores de Doom, aunque podemos ver que también rechaza la adoración de estos (representados por la princesa): no quiere más ataduras de ningún tipo.

Conan ya es total y realmente libre, ni búsquedas teológicas ni necesidad de venganza le atan ni le obligan a nada: su libertad ahora está matizada por la responsabilidad. Como anunciaba la cita de Nietzsche, Conan ha sobrevivido a todo tipo de vicisitudes y ha salido de todas ellas libre, más fuerte. Como la espada que vimos forjar, Conan ha sido templado por el fuego.

Conan el Destructor (1984)
Si quieres aprender a luchar, hazlo con un arma verdadera

Para esta secuela se contrató a un director veterano y con oficio: Richard Fleischer (Los Vikingos). Por supuesto, repitió Schwarzenegger en el papel protagonista, y el resto del reparto se completó con rostros procedentes de la televisión y, de nuevo, con no profesionales. Entre estos últimos se encontraban la ¿modelo? y ¿cantante? Grace Jones y la leyenda de la NBA Wilt Chamberlain. En general, el reparto lo hizo bastante peor que los también amateurs de la primera parte. Aunque no sean unos premios como para tomarse muy en serio, hay que señalar que la actriz Olivia d’Abo (que interpreta a la Princesa Jehnna) se llevó el premio Razzie a la Peor Actriz Debutante.

La historia se encargó inicialmente a Roy Thomas y Gerry Conway (que habían trabajado con Conan en su versión de comic). Sin embargo, quedaron tan descontentos con los cambios realizados y con los resultados, que acabaron publicando su propia versión en forma de novela gráfica (cambiando algunos elementos para alejarse de la película).

En el puesto de compositor de la banda sonora repitió Poledouris, realizando un trabajo de calidad algo inferior al de la primera película . La banda sonora tiene la continuidad lógica con su anterior trabajo, aunque a veces la reutilización de temas es excesiva (como sucede al emplear el tema de La Orgía cerca del climax final de esta película). Además, se trata de un trabajo más ligero y “aventurero”, y menos épico, en consonancia con la película. Por otra parte, la banda sonora está peor integrada en la película, con la música entrando y saliendo sin criterio aparente.

El apartado de decorados, vestuarios, maquillaje y efectos especiales tiene una orientación más fantástica en esta película, y precisamente por ello resulta menos creíble. A veces los escenarios son demasiado irreales, el uso del cartón piedra es más que evidente y los efectos especiales son de segunda fila. Por ejemplo, el castillo de Thoth-Amon resulta demasiado irreal, y es una pena porque en su interior se desarrolla una escena que parecería sacada de una historia de Howard. Sin embargo, algunas torpezas en su desarrollo (y la baja calidad del maquillaje), hacen que la lucha en la sala de los espejos se quede en un pálido intento de acercarse al Conan original. Lo único que destaca un poco (y porque el nivel no es muy alto) es el dios Dagoth, diseñado por Carlo Rambaldi (Dune).

Al contrario que en la primera parte, la película no tiene simbolismo ni “mensaje” alguno, sino que se ha optado por crear una simple aventura de espada y brujería. Por supuesto, esto no tiene nada de malo: lo malo es que es una aventura tremendamente aburrida y lineal. La sensación que se tiene es que el director y el equipo se limitaron a hacer su trabajo y cubrir el expediente. Sin duda, Fleischer no estaba en su mejor momento, y como película de aventuras protagonizada por bárbaros es mucho más recomendable la ya mencionada Los Vikingos.

La trama vuelve a recuperar algunos elementos de diversas historias, pero sólo en apariencia. Así, por ejemplo, aparece Thoth-Amon (uno de los principales enemigos de Conan en comics y relatos), pero sólo en nombre, ya que el resto del personaje no se parece en nada. En general, la historia parece sacada de un comic malo y previsible: Conan y un amigo ladrón son engañados por una malvada reina para acompañar a una inocente princesa a encontrar unas reliquias que (sin que ellos lo sepan, aunque sí el espectador) se usarán para resucitar a un maligno dios. Por el camino, se encuentran a algunos aliados, se enfrentan a varios enemigos y, al final, derrotan al dios malvado y ponen en el trono a la princesa. Además, el personaje de Conan está bastante desdibujado, y se nos muestra rezando a Crom (nada que ver con la “plegaria” de la primera película) y temeroso de la brujería.

Los combates son menos sangrientos y violentos que en la primera parte, y Conan se dedica más a hacer exhibiciones de fuerza y molinetes con la espada que a dar tajos con ella. Esta es una película para todos los públicos, y además de la reducción de la violencia, se introduce el supuesto alivio cómico en forma de compañero de Conan (que, por incoherencias de guión, sabe cosas que sólo el Subotai de la primera película podría conocer). En general, los intentos de humor son bastante lamentables y poco apropiados, resultando especialmente patéticos los momentos con Conan borracho.

Con estos resultados, y a pesar de que la película se vuelve a cerrar con la promesa de más películas con las aventuras del bárbaro, estas no llegarían. Y, para haber seguido por este camino, es mejor que no se hayan realizado.

El Guerrero Rojo (1985)
No necesito ayuda de ningún hombre

Esta es una película que, técnicamente hablando, no es de Conan, pero que resulta inevitable no tratar al hablar del personaje en el cine. La aparición de Schwarzenegger en un papel que (excepto porque se llama Kalidor) es Conan, y el mayor protagonismo del actor en los carteles y los títulos de crédito de la película dan la impresión de que los productores quieren hacernos creer que nos hallamos antre otro Conan. De hecho, parece que los distribuidores españoles optaron por titular la película en función de este personaje, traduciendo el título original Red Sonja como El Guerrero Rojo (ya que Kalidor viste de este color). Al parecer, contractualmente Schwarzenegger tenía que hacer una tercera película de Conan, pero el actor (cada vez más popular) no debía estar muy interesado tras el fiasco de la anterior película, así que llegó a un acuerdo con los productores para hacer esta.

La protagonista es Red Sonja, una versión femenina de Conan creada para los comics de la Marvel, y que no tiene nada que ver con los relatos de Howard, a excepción del nombre (sacado de un relato histórico de aventuras ambientado en el siglo XVI).

Para protagonizar la película se escogió a la modelo de origen sueco Brigitte Nielsen, que aunque físicamente puede dar el pego, no está a la altura como actriz. Inicialmente el papel fue ofrecido a Sandahl Bergman, pero esta lo rechazó para no encasillarse. Sin duda, hubiera sido curioso ver una película en la que Schwarzenegger hiciera de Conan y en la que Red Sonja hubiera sido una pelirroja que se parecía mucho a Valeria, su primer amor. Bergman sí aceptó el papel de la reina malvada que quiere ¿destruir el mundo? ¿dominarlo? (el guión no lo deja muy claro), y se dedica a sobreactuar y gesticular exageradamente durante todas sus apariciones. También hay que mencionar (negativamente) al insoportable niño/príncipe/karateka interpretado por Ernie Reyes Jr, y cuyo personaje además aporta a la película todos los defectos de la típica película con niño que madura a lo largo de la historia. Por si fuera poco, él y su esclavo son el alivio cómico sin gracia.

La dirección se encomendó de nuevo a Richard Fleischer, que en ocasiones hace un trabajo más arriesgado que en Conan el Destructor, como con algún plano cenital o el plano semi-subjetivo de un combate a espada con el que se nos presenta a Sonja. Sin embargo, el resultado general es igual de desganado que con la anterior película. La banda sonora se encargó a Ennio Morricone, que hace un trabajo digno (si bien no especialmente memorable), con una correcta partitura de película de aventuras.

En general, parece que los medios técnicos son mejores que en Conan el Destructor, a pesar del menor presupuesto. Los escenarios y los efectos especiales (con algunas excepciones) están más logrados, aún quedando lejos del nivel de Conan el Bárbaro. Los vestuarios, de inspiración oriental, quizá resulten aún demasiado exagerados y poco creíbles (e incluso se puede intuir en la túnica que lleva la hermana de Sonja un “homenaje” al absurdo bikini de mallas que llevaba Sonja en los comics). Los combates resultan un poco más logrados y sangrientos, y también más acrobáticos dadas las características del personaje de Sonja.

El prólogo de la historia da la sensación de ser una introducción totalmente genérica, con la intención de poder reutilizarse si se hicieran más películas del personaje. En el se nos explica que, cuando Sonja rechazó las insinuaciones de la reina Gedren, está acabó con su familia y su hogar. Sonja escuchó una voz que le dio fuerzas para continuar, e hizo el voto de entregarse sólo al hombre que la derrotara en combate (En los comics, se trata de una diosa que le obliga a cumplir esté voto si quiere mantener su fuerza y habilidad).

Tras esta introducción, entramos en la débil trama de la película: la reina Gedren se ha hecho con un maligno talismán y Sonja debe detenerla. Durante el camino, a Sonja se le unen Kalidor y otros personajes, combaten un poco, y finalmente (como era de esperar) salvan al mundo.

En general, la película repite la mayor parte de los defectos de Conan el Destructor, siendo ambas de una calidad similarmente baja. Lo que puede ganar en calidad ésta por algunos elementos más logrados, lo pierde al estar protagonizada por una imitación femenina de Conan, menos interesante y carismática. Además, cualquier intento de reivindicación feminista (por leve que pudiera ser) se queda en nada cuando es el personaje de Kalidor el que acaba solucionando la mayor parte de las situaciones, y teniendo en cuenta que finalmente Sonja se entrega a él sin cumplir con su voto.

El Legado de Conan

Los años 80 fueron especialmente buenos para el cine fantástico (al menos en cantidad, si no en calidad), con películas como Cristal Oscuro (1982), Legend (1985), Lady Halcón (1985) más las ya mencionadas… El éxito de las películas de Conan, propició el rodaje de montones de imitaciones, generalmente con escaso presupuesto, peores guiones, y con el objetivo de subirse rápidamente al carro del éxito de las películas de bárbaros. En su mayor parte, todas estas películas acababan en las estanterías de los video-clubs, con sus carátulas con héroes musculosos de exóticos nombres y compañeras escasas de ropa. Como títulos más destacables, podría nombrarse a la entretenida El Señor de las Bestias (1982) o a italianadas como la saga de Ator el Poderoso (1982) o Los Bárbaros (1987). También es curioso el fenómeno de Masters del Universo (1987), película basada en las figuras de Mattel, que a su vez crearon esa línea de juguetes para dar salida a las figuras que tenían preparadas para Conan el Bárbaro y que no sacaron al mercado al no considerar la película un producto adecuado para niños.

En general, se trata de películas extremadamente “casposas” y de escaso valor cinematográfico, que hoy en día sólo pueden verse con cierta mezcla de nostalgia e interés histórico/antropológico.

El Otro Conan

A principios de los 90, Conan fue convertido en personaje de dibujos animados orientados al público infantil, en dos series distintas: Conan the Adventurer (1992-1993; 64 episodios de 30 minutos) y su continuación Conan and the Young Warriors (1994; 13 episodios de 30 minutos). En la primera, Conan busca devolver a la vida a sus padres, luchando con el hechicero Wrath-Amon y sus hombres serpiente, y acompañado por varios amigos (y un fénix). En la segunda, Conan actúa como mentor de unos niños que tienen amuletos mágicos (y, al parecer, aparece bastante menos). Estas series muestran un Conan totalmente infantilizado, honesto y amable, muy lejos del verdadero personaje.

En 1997, siguiendo la estela del éxito de Xena, se realiza una serie de imagen real llamada también Conan the Adventurer. La serie sólo duraría una temporada de 22 episodios de una hora. Al parecer, de nuevo se nos muestra un Conan “suavizado” y bastante cambiado (tanto del personaje literario como del cinematográfico). El protagonista fue Ralf Moeller, más conocido por ser el amigo germano de Russell Crowe en Gladiator.

También habría que mencionar el largometraje Kull el Conquistador, que adapta a otro personaje de Howard (y que también había sido adaptado al comic). Al parecer, al principio la película iba a ser Conan el Conquistador, pero se cambió el guión al no poder contar con Schwarzenegger y pasar a ser protagonizada por Kevin Sorbo (Hércules). De hecho, la malvada hechicera de turno es Akivasha, encarnada por Tia Carrere(Mentiras Arriesgadas), nombre sacado de la novela de Conan The Hour of the Dragon. La película resulta bastante aburrida y poco recomendable, y en todo momento se tiene más la sensación de estar viendo un episodio de la serie Hércules (y no sólo por el protagonista, sino por los medios y la calidad) que de una película dedicada al personaje de Howard. Todo ello amenizado por una inapropiada banda sonora a base de guitarras eléctricas.

El Futuro de Conan

Hoy por hoy, el único proyecto claro respecto a Conan es el del largometraje animado Conan: Red Nails (Conan: Clavos Rojos). Se trata de una producción animada de salida directa en DVD, basada en el último relato escrito por R.E. Howard (y considerado uno de sus mejores). El reparto de voces es interesante, con Ron Perlman (Hellboy) como Conan y otros nombres conocidos como los de Clancy Brown (Los Inmortales) y Mark Hamill(Star Wars). Sólo hay que esperar que se mantengan los elementos más “adultos” de la historia (que incluye torturas e insinuaciones lésbicas) y el resultado sea digno de sus orígenes.

Menos claro está el futuro de los persistentes rumores que se oyen desde hace unos años respecto a una nueva película de Conan. Las primeras noticias apuntaban a que el proyecto estaría de nuevo a las órdenes de Milius, que ya tenía un guión, y que se pretendía que tratara los años de Conan como rey de Aquilonia (para así poder contar con un Schwarzenegger ya mayor) y de su hijo. También se mencionaba el interés de los hermanos Wachowski por producir e incluso se daban títulos del estilo de King Conan: Crown of Iron.

Después se empezó a hablar de que Milius ya no estaba al frente del proyecto, de que Schwarzenegger no estaba interesado, y de que se le iba a sustituir por un luchador de wrestling. También se ha hablado recientemente de Robert Rodriguez como director, aunque este parece muy ocupado con las secuelas de Sin City y un proyecto junto a Tarantino (por no hablar de sus problemas con el Gremio de Directores Americanos…). Por otra parte, por su tipo de cine no parece un director muy adecuado para este proyecto, aunque siempre puede sorprendernos.

En cualquier caso, dado el renovado interés por el género fantástico que ha proporcionado el éxito de títulos como la trilogía de El Señor de los Anillos, no es descartable que en poco tiempo veamos en el cine una nueva entrega de las aventuras de Conan. Lo que ya parece más difícil es que el proyecto esté a la altura de las circunstancias. Es muy improbable que el estudio permita hoy en día una película tan violenta y sangrienta, tan políticamente incorrecta, como debería ser una historia de Conan, como lo fue Conan el Bárbaro. Para ser rentable para los productores, la próxima película de Conan deberá ser para todos los públicos, y con el férreo sístema de calificaciones estadounidense eso marca muchas limitaciones. En el mejor de los casos, luego saldría la versión “unrated” en DVD, pero ya no sería lo mismo. Por otra parte, el peso de no contar con la carismática presencia de Schwarzenegger es otro punto en contra, y es que el personaje del bárbaro parece ser difícil de desligar del aspecto físico de “Arnie”.

Quizá lo mejor sería romper con el pasado como ha hecho recientemente Dark Horse con su nueva serie de comics de Conan, o como se está haciendo con otros personajes, y permitir que veamos un Conan Begins que nos ofrezca un nuevo enfoque (y puestos a pedir, más cercano a R.E. Howard) de las aventuras del Cimmerio.


Superhéroes Reloaded
(17/01/2006 12:01:24 - 0 comentarios. Nuevo comentario.)

Todo empezó de nuevo en el 2000, cuando ya quedaban un poco lejos las carreras cinematográficas de dos de los superhéroes más populares. Superman se había estrenado en 1978, y tras una segunda parte decente, había ido cayendo en calidad y popularidad hasta el estreno de Superman IV (1987). El relevo lo cogió entonces su compañero de DC, Batman, que estrenó su primera película en 1989 y siguió la misma tendencia decadente que el hombre de acero, hasta cerrar la franquicia en 1997 con Batman y Robin.

Parecía que el género superheroico estaba de capa caída y no podría recuperarse: si los dos grandes habían acabado cayendo, ¿qué podía esperarse de personajes menos conocidos para el gran público? El fracaso de Spawn (1997) no era muy esperanzador, pero Blade (1998 ), con su mezcla de acción y cine de vampiros abrió la puerta grande del cine para los personajes de Marvel.

Y entonces llegó Bryan Singer y estrenó X-Men (2000). Singer era un joven director, que había hecho dos películas con moderado éxito (Verano de Corrupción y la fabulosa Sospechosos Habituales), y era una elección inesperada para una película de superhéroes. A pesar de los problemas que le pusieron los productores (imponerle el compositor de la banda sonora, adelantarle la fecha de estreno...), la película acabó siendo un éxito tanto de crítica como de público. De inmediato, se planteó la secuela, que acabaría estrenándose en 2003, con más libertad creativa y presupuesto a disposición de Singer, y resultados aún mejores. La clave del éxito estaba en unos guiones compactos y centrados en los personajes, sin dejar que la acción por la acción dominase la película. Y además, contar con un reparto competente (mezclando algunas caras populares con totales desconocidos), lo que es especialmente importante en una película con tan abundantes personajes. Además, y a pesar de cambios en personajes y detalles, se mantenía el espíritu del comic original y la defensa de la diferencia contra la discriminación.

Por desgracia, las perspectivas para la saga no parecen demasiado buenas, y es una pena porque la de los X-Men es una franquicia que puede dar mucho juego, al no necesitar centrarse exclusivamente en un determinado personaje. A pesar de lo prometedor que resultaba el final de X2 de cara a la tercera parte, el proyecto no empezó con buen pie. De nuevo, discrepancias entre Fox y Bryan Singer acabaron haciendo que el director abandonara la producción y se produjera un baile de posibles directores para la tercera película de los X-Men. El escogido finalmente ha sido Brett Rattner (El Dragón Rojo), del que lo mejor que puede decir es que es un buen artesano, pero sin demasiada personalidad. Aún así, el primer trailer que ha podido verse apunta a cierta continuidad con las películas anteriores, y si se confirma que Rattner (por su amistad con Singer) pretende respetar los planteamientos de este, puede que el resultado no sea tan malo como se temía al principio de la producción.

Tras el éxito de los X-Men, la Marvel presentó al que probablemente sea su personaje más famoso: Spiderman (2002). Durante años se había estado hablando de un proyecto para llevar las aventuras de Peter Parker al cine (se mencionaba el nombre de James Cameron al frente), pero finalmente el proyecto acabó en las manos de Sam Raimi. Raimi es conocido sobre todo por la saga de Evil Dead (Posesión Infernal, Terroríficamente Muertos y El Ejército de las Tinieblas), y ya había hecho una película sobre un particular superhéroe: Darkman (1990). A pesar de contar con un reparto discutible en sus personajes principales, y un villano con un diseño no muy acertado, los resultados fueron espectaculares, especialmente en taquilla (aunque las críticas tampoco fueron desfavorables).

La secuela era inevitable y llegó en 2004. Al igual que sucedió con X2, la película tiene un desarrollo más libre, al no depender de la presentación de los personajes. Hoy por hoy, la de Spiderman parece la franquicia más rentable. Es un personaje muy conocido, sencillo de comprender, y que transmite unos valores que atraen a un amplio espectro del público, mezclando en sus historias aventuras, romance y humor. De momento, las historias de las dos películas han resultado un poco repetitivas en su esquema, y los actores secundarios (villanos incluidos) han estado mejor que la pareja protagonista. Veremos que depara la tercera parte, aún con Sam Raimi al frente.

Después de X-Men y Spiderman, en 2003 llegó el turno del gigante verde de la Marvel: el Increíble Hulk. Y, de nuevo, una elección sorprendente para la dirección: el prestigioso director taiwanés Ang Lee, reciente su éxito con Tigre y Dragón. Lee es un director que se ha especializado en dramas que tratan sobre la represión de las emociones. Y eso fue en lo que convirtió a Hulk, una historia sobre la ira y su represión. La película no funcionó especialmente bien, pues no era lo que la gente esperaba. Es una película larga, de ritmo lento, y con no demasiada acción. Probablemente la gente se esperaba 2 horas de golpes, explosiones y peleas. Ang Lee nos dio hora y media de drama personal y media hora de acción. En mi opinión, así consiguió hacer una película interesante de un personaje que no tenía mucho del que sacar. Tampoco hay que olvidar como razones del fracaso que el Hulk cinematográfico era bastante distinto del televisivo (y mucha gente sólo lo conocía por eso), y el montaje de la película a base de pantallas partidas en muchas escenas (para dar la sensación de estar leyendo un comic), que descolocó a muchos espectadores. Constantemente se oyen rumores de una posible secuela, pero no hay nada en firme y es poco probable que repita el mismo equipo.

Hulk fue probablemente el primer fracaso de la nueva oleada de adaptaciones de comics de superhéroes al cine, pero no sería el último. Para aprovecharse del filón abierto con los superhéroes, parecía que todos los estudios tenían en su cartera de proyectos una película de superhéroes.

Ese mismo año se había estrenado Daredevil, que pasó sin pena ni gloria por los cines. Tampoco era una película tan ambiciosa como Hulk, por lo que el fracaso fue menor. A cargo de un director sin mucha experiencia (Mark Steven Johnson), y al parecer con bastantes interferencias del estudio, los resultados pueden calificarse como de mediocres. La película no arranca mal, con la habitual presentación del personaje y sus orígenes, pero cuando empieza a contar la historia que se supone cuenta la película, todo se reduce a una escena de acción tras otra hasta que sale el cartel de fin. Y es una pena, porque es un personaje interesante, y Ben Affleck no estaba especialmente mal en el papel protagonista (o no tan mal como otras veces): una oportunidad perdida para hacer una película interesante.

Como curiosidad, existe un “Montaje del Director” de Daredevil, con 30 minutos más de metraje (aunque también desaparece alguna escena). Básicamente, la película pasa de PG-13 a R (sistemas de clasificación estadounidenses: básicamente, más violencia y algún taco) y se añaden algunas subtramas e interacción entre los personajes. Sigue teniendo los mismos problemas que el montaje estrenado en cines: tener más metraje o un montaje distinto puede limar algunas imperfecciones, pero no cambiar totalmente una película.

Fuera del universo Marvel, en el 2003 también se estrenó La Liga de los Hombres Extraordinarios. Se trata de una película bastante floja, que coge del estupendo comic original poco más que la idea central (crear un grupo de “superhéroes” victorianos juntando personajes literarios famosos). Pero tras esta brillante idea, en la película no quedan más que unas cuantas persecuciones y combates mientras se desarrolla (más o menos) una investigación para salvar el mundo.

Siguiendo con los fracasos, no podemos olvidar The Punisher y Catwoman, ambas del año 2004. The Punisher no deja de ser la típica película de acción alrededor de la venganza de alguien a quien han matado sus seres queridos: peleas, persecuciones, tiroteos, y un John Travolta bastante bajo de forma (en más de un sentido) como enemigo del Castigador. Aún así, parece que no funcionó mal del todo (sobre todo en el mercado del DVD) y se está planteando la posibilidad de hacer la secuela.

Por su parte, Catwoman es un vehículo para el lucimiento de Halle Berry, que es la protagonista absoluta. Enfrente tiene a Sharon Stone, con un plan malvado totalmente delirante: la pena es que no sea una comedia. Como anécdota, Halle Berry comentó después de ganar el Oscar que a lo mejor no hacía de Tormenta porque quería dedicarse a trabajos “más serios”. Tras los resultados de Gothika y Catwoman, en seguida quedó confirmada su participación en la tercera parte de los X-Men.

También habría que mencionar Hellboy (2004), que no es exactamente un superhéroe típico, dirigida por el mexicano Guillermo del Toro, y protagonizada por un Ron Pearlman que parece haber nacido para hacer ese papel. Se trata de una película de aventuras sobrenaturales que, si bien no es especialmente original, es francamente entretenida y tiene un diseño de producción calcado a los comics de Mike Mignola. También tenemos su correspondiente “Director’s Cut” con unos 10 minutos más de duración, que no cambia mucho en la película pero tampoco molesta. Teniendo en cuenta que este es un proyecto bastante personal de Guillermo del Toro (rodó Blade II para demostrar a los productores que podía rodar esta), no sería descartable que volviera a las aventuras de este demonio rojo cazador de monstruos.

Una derivación de las películas de superhéroes es lo que se conocen como “spin-offs”. Se trata de películas (o libros, o comics, o lo que sea) centradas en un personaje concreto (normalmente secundario) de otra película. Así, prácticamente desde el estreno de X-Men lleva hablándose de hacer los correspondientes spin-offs dedicados a Lobezno y a Magneto (mostrando a un Magneto joven, eso sí). Sin embargo, el primer spin-off que se ha estrenado ha sido Elektra (2005).

Inmediatamente tras el estreno de Daredevil se empezó a hablar de hacer una película dedicada a Elektra (personaje que también había alcanzado popularidad en el comic de forma similar), protagonizada por la televisiva Jennifer Garner (Alias). A pesar del relativo fracaso de Daredevil, y confiando en la creciente popularidad de su protagonista, el proyecto siguió adelante. Por desgracia, el resultado es aún mucho peor que Daredevil: la trama es previsible y los personajes poco interesantes, y Elektra se queda en una película cutre de ninjas.

Tras cinco años de completa hegemonía de la Marvel en las pantallas de cine, en 2005 la DC decide entrar en el combate: llega Batman Begins. La Warner decide revitalizar una de las franquicias que más tuvo en su momento, y decidé comenzar de nuevo desde cero (fenómeno que tampoco es extraño en el mundo de los comics). El encargo lo recibe Christopher Nolan (Memento), y las arcas de la productora se emplean a fondo en conseguir un reparto espectacular. El tratamiento de la historia, realista y alejado totalmente de Batmans anteriores, pone al hombre murciélago de nuevo bajo la luz de los focos. Y esto sólo ha sido un inicio, no cabe duda de que la saga continuará.

La Marvel contraataca el mismo 2005 con una película y unos personajes totalmente diferentes: Los Cuatro Fantásticos. La película de la familia más famosa del mundillo superheroico se queda en un distraido entretenimiento familiar, sin grandes alardes, pero que se deja ver.

Por supuesto, las adaptaciones de comics de superhéroes al cine no van a parar. A las secuelas previstas o previsibles (X-Men 3, Spiderman 3, Batman), hay que añadir nuevos personajes dispuestos a vestirse de uniforme y defender a los oprimidos. Después de Batman, otro personaje que “resucita” es Superman. Bryan Singer, después de crear a los X-Men para el cine, tiene el reto en Superman Returns de trabajar con un personaje más conocido y con una imagen cinematográfica ya existente. También se acerca Ghost Rider (con Nicholas Cage, del director de Daredevil), aunque ya ha sufrido algunos retrasos en su fecha de estreno y más lejos en el horizonte están Wonder Woman (de Joss Whedon), Iron Man, y quien sabe cuantos proyectos más. Más parado está el proyecto de Watchmen, una adaptación difícil y que ahora mismo no parece tener ningún estudio dispuesto a hacerla.

¿A qué se debe que en lo que llevamos de década hayan pasado más personajes del comic a las pantallas que prácticamente en el resto de la historia del cine?. Un elemento definitivo es el de los efectos especiales: sólo recientemente los avances tecnológicos han permitido mostrar en pantalla lo que se podía ver en las viñetas. No hay más que comparar los espectaculares efectos de Spiderman 2 con los de las películas para TV que se hicieron del mismo personaje a finales de los 70. Obviamente, no hay color.

Por supuesto, también está el poco riesgo que demuestran las productoras. Cuando a una de ellas le sale bien una jugada, todas las demás (y también ella misma) quieren repetirla y que les funcione. Y eso ha pasado con los superhéroes, al igual que ha pasado con otros géneros (épicas históricas, por ejemplo). Y la crisis de ideas que sufre el cine de Hollywood ha encontrado un nuevo filón con las adaptaciones de comics. No olvidemos tampoco que no sólo de superhéroes vive el comic, y películas tan distintas como Camino a la Perdición, Ghost World, Una Historia Violenta y Sin City también se basan en comics.

Además, habría que entrar en análisis más profundos, pero parece evidente (y así se lo oímos en Spiderman 2 a la Tía May) que esta sociedad está en un momento en el que necesita héroes, y en que triunfa el cine de escapismo puro y duro.

Curiosamente, además, el fenómeno de los superhéroes se ha escapado de las simples adaptaciones. Así, podemos encontrar películas con guiones originales que tratan el tema, como El Protegido (2000) o Los Increíbles (2004), aunque estos últimos deben mucho a los Cuatro Fantásticos. Y está en producción Las Asombrosas Aventuras de Kavalier y Klay, basada en la novela de Michael Chabon que narra la historia ficticia de unos creadores de comics en los años 30-40.

También habría que destacar que el éxito de las películas de superhéroes no se ha limitado a la taquilla, sino que ha dado varias películas de calidad más que notable (X-Men, Spiderman, Hulk, Hellboy, Batman Begins). Curiosamente, esto ha sucedido cuando en la silla del director se ha sentado un director con personalidad, con ideas propias y con algo que contar. Cuando el director ha sido un simple asalariado de la productora, los resultados han sido más bien flojos. Es decir, como sucede con cualquier película, adaptación o no de un comic de superhéroes.


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