Crítica - En Portada - Actualizado 28/06/2007 11:28:54
Santiago Eximeno nos define «La luna dormida» en la contraportada del libro como un viaje onírico, de dioses y mitos olvidados, donde la pasión y el sexo nos revelan su lado más oscuro. Yo añadiría además que es una muestra de lo macabra que puede llegar a ser la vida cuando te topas de bruces con los misterios que envuelven la superchería ancestral.
La historia comienza con el viaje de una idílica pareja a Senegal, unos cuantos regalos para la familia y amigos, una extraña tienda en Dakar y la filmación de un video que, posteriormente, llevará a mal traer al verdadero protagonista del libro. Nuestro personaje principal, un mozo de almacén con aspiraciones frustradas a convertirse en escritor (un personaje anexionado a las historias de Stephen King) necesita unas vacaciones. La rutina, los horarios, el estrés en el almacén y la vida placentera que llevan Ricky y Merche (la idílica pareja mencionada anteriormente), le llevan a desconectar del mundanal ruido y tomarse unas vacaciones en las Islas de Gran Canaria. Pero nuestro protagonista no se va del todo convencido: Merche esta a punto de someterse a un proceso de fertilización arriesgado y Ricky parece que se encuentra algo intranquilo.
Las vacaciones que en un principio se presentan placenteras, aumentan sus expectativas cuando Jorge —el compañero de bártulos del prota— y nuestro sufrido viajante conocen a Teresa y a Nerea, dos divorciadas con ganas de marcha que son receptivas a los encantos de nuestros
latins lovers. A partir de aquí la trama despega con una sucesión de macabros y lascivos imprevistos que llevarán al protagonista a iniciar un viaje por la parte más abyecta de su mente, preguntándose si esa excursión que sus amigos comenzaron en Senegal no ha sido el detonante de las desventuras que le esperan en las Islas Canarias.
Enric Herce es el magistral (y maquiavélico) maestro de ceremonias que hilvana esta siniestra aventura a través de un mundo onírico plagado de excesos sexuales y retorcidas intrigas. Lo que comienza siendo unas vacaciones agradables, se convierten en la más incongruente pesadilla. La historia rezuma sensualidad y buenas descripciones, pero el principal ingrediente del texto es todo el ambiente étnico (procedente de la mitología africana) que lo envuelve. Luminarias, historias ilusorias entre el Sol y la Luna, objetos sagrados, imágenes evanescentes procedentes de la superchería tribal… todo tiene su significado y su explicación lógica. La novela es un continuo
in crescendo que desemboca en un final terrorífico (como, obviamente, debe ocurrir en toda novela de terror que se precie). Enric demanda a gritos que alguna editorial se fije en él; aunque ojo, creo que ya le han echado el guante, cosa que como lector me alegra. Su estilo fluido, dinámico e impregnado de matices cuidadosamente refinados, convierten la lectura de «La luna dormida» en un auténtico placer para los sentidos, sobre todo cuando se desea estrujar la glándula del miedo.
Y lo mejor de todo es que no hace falta pagar un céntimo para leer la novela (pocas veces se encuentra en el mercado algo bueno, bonito y barato), simplemente tienen que entrar en Ediciones Efímeras, descargarla e iniciar su apasionante lectura. Si al final se encuentran como yo con un regusto agradable (o amargo, todo depende del prisma con que se mire) en el paladar y quieren conservar la novela en sus estanterías, por un módico precio (5,33 € + gastos de envío) la tienen a su disposición en Lulú. ¿Qué más se puede pedir?
David Mateo Escudero
lasombradegrumm.blogspot.com